Renta básica con nombre y apellidos. Un año de incertidumbres

Carmen, de Badajoz y en primer término, se ha tenido que ir a vivir con su marido y sus hijos a una habitación que le dejan en casa de sus padres. /
Carmen, de Badajoz y en primer término, se ha tenido que ir a vivir con su marido y sus hijos a una habitación que le dejan en casa de sus padres.

Varias familias que reciben esta prestación explican cómo se apañan para llegar a fin de mes

J. LÓPEZ-LAGOBadajoz

Julián Pancho, de 52 años, tenía un bar en Jaraíz de la Vera y ahora vive en Plasencia. Empezó la crisis, cayó el consumo, sus cuentas empezaron a descuadrarse y el banco se quedó con sus bienes. Otro caso es el de Carmen, de Badajoz, que tiene depresiones desde que ella, su marido y sus dos hijos de 12 y 13 años se fueron todos a vivir con los abuelos porque el dinero que entraba en casa no daba para más.

Juana es de Cáceres y trabaja limpiando una casa a siete euros la hora. Su marido está discapacitado y sus dos hijos, de 36 y 30 años, viven con ella. A Álvaro, 49 años, de Mérida, ya le han dicho en varias entrevistas de trabajo que es demasiado mayor. Se las ha visto y deseado para que sus dos hijos inicien el curso escolar con todo el material necesario.

Todos tienen en común que cobran la renta básica. También que la comida la consiguen gratis gracias a iniciativas sociales porque la cuantía de esta prestación no alcanza para demasiados gastos. Las cuatro familias, lógicamente, siguen con interés cómo evolucionan las disputas que mantienen los políticos extremeños sobre la reforma de esta ley denominada renta básica, convertida por primera vez en esta legislatura en derecho para casos de emergencia extrema y que prometió el PP en el verano de 2011 al llegar al gobierno, acatando así uno de los 12 mandamientos de IU. Esta nueva ley se presentó al final en marzo de 2013 bajo el eslogan Nadie caminara solo.

Como se sabe, la renta básica es una prestación económica que ya existía en todas las comunidades autónomas. Pero aquí es tan reciente que nadie se pone de acuerdo sobre cómo ponerla en práctica, pese a que tienen un precedente muy similar con las Ayudas para la Integración en Situaciones de Emergencia Social (AISES).

Actualmente con la renta básica hay críticas porque no se resuelven a tiempo los expedientes. Por otro lado porque los fondos son insuficientes o la cuantía para cada unidad familiarentre 400 y 692 euros al mes se queda corta. También hay discusión porque para solicitarla, o ahora para renovarla, se pide tanta documentación que mientras se resuelve cada expediente se dejaría al descubierto a miles de familias.

Los que demandan este dinero son asistidos por trabajadores sociales porque andan perdidos entre tanta burocracia, y tanto Julián como Carmen, Juana o Álvaro viven estos días con la incertidumbre de si seguirán recibiendo esta ayuda mensual. Cada peticionario tiene una historia detrás y ninguno de los entrevistados piensa que su panorama vaya a mejorar ni a corto ni a medio plazo.

«Pedí la renta básica el 1 de agosto de 2013, pero no la empecé a cobrar hasta mayo de este año después de presentar papeles y papeles, incluso el impuesto de rodaje del coche. Al final, como somos cuatro en casa, me han concedido 585 euros al mes, pero en octubre se me acaba porque ya han pasado seis meses y la trabajadora social no sabe decirme si la renovarán o la paralizarán hasta principios del próximo año porque los políticos están pensando en cambiar la ley», explica Julián Pancho. Tanto la guardería de la niña pequeña como los libros del mayor (8 años) lo pagan entre los profesores de los menores, explica aliviado.

Lo de conseguir el material escolar gracias a donaciones de terceros también ocurre en la familia de Carmen Gómez. En el hogar de esta pacense de 31 años el dinero dejó de entrar en casa y empezaron a cobrar la renta básica el pasado mes de junio siete meses después de que la solicitara. A su marido, electricista de 40 años, le afectó un expediente de regulación de empleo en su empresa, que más tarde cerró definitivamente. Ella ha trabajado de limpiadora y de dependienta en una tienda de chinos, pero también se quedó sin empleo. Ahora el matrimonio y sus dos hijos viven en una habitación que han apañado en casa de sus padres. Cobran 479 euros al mes gracias a la renta básica.

Es solo una cuestión de combinar matemáticas con austeridad, pero algunos le llaman «hacer magia» con el dinero. Como Álvaro Delicado, emeritense de 49 años que compareció el pasado mes de marzo con políticos del PSOE para explicar con su propio testimonio la excesiva burocracia a la que le sometían como solicitante de la renta básica.

Finalmente se la concedieron pues reúne los requisitos y al ser una ley tiene el derecho a esta prestación. Empezó por tanto a cobrar la ayuda en mayo, «pero como son seis meses nada más, este mes de septiembre es mi último mes y tengo que renovar todos los papeles. Con el cambio de la ley que dicen que van a hacer no sabemos si se renueva automáticamente o se paralizará la ayuda y habrá que empezar de nuevo (resopla). Vamos, que en octubre no sé si volveré a cobrar y lo peor es que nadie sabe cómo está este tema».

En su caso percibe 238 euros al mes de subsidio por desempleo que se restan de los 585 euros de la renta básica que le corresponde al ser cuatro los miembros en la casa, más 50 euros más por tener hipoteca, que en su caso le obliga a desembolsar 220 euros mensuales. Al final, resume, entran limpios en su casa 400,45 euros al mes. A estos números este extremeño debe restar los recibos habituales «de luz son 80 euros, cada tres meses llega la contribución, y los zapatos y los pantalones se van rompiendo porque tienen más de seis o siete años».

En cuanto a Juana Caballero, la renta básica se queda en 80 euros al mes debido a que la discapacidad de su marido del 24%, asegura le otorga 428 euros de ingresos. Esto suman 508 euros al mes, «pero mi marido apenas puede mover las piernas y yo (tiene 60 años) ya no puedo meterlo en la bañera, así que necesitamos hacer un plato de ducha. Nos han dicho que la obra sale por unos 300 euros que no tenemos». Por suerte, dice, no pagan nada por la vivienda social en la que llevan desde 1988, solo 25 euros al mes de comunidad, una cota en la que entra el agua. «La luz son unos 60 euros, pero en invierno me llegan facturas de más de 200 euros que tenemos que aplazar en cuatro pagos. Supongo que será del brasero eléctrico porque no tengo ni lavavajillas ni vitrocerámica».

El banco se quedó con el bar del placentino Julián Pancho y de su anterior vivienda en Jaraíz. Ahora paga 52 euros al mes de alquiler por una vivienda social en Plasencia, un precio que alivia en cierta medida la necesidad básica de contar con un techo para su familia, que se compone de una esposa y dos niños de dos y ocho años de edad.

Pocas expectativas laborales

Pero lo que peor lleva, igual que Álvaro, son las escasas expectativas de encontrar trabajo, como le ocurre a Francisco José, el hijo de la cacereña Juana, que siempre había trabajado en la construcción y ahora tiene 39 años, los tres últimos sin aportar nada en casa desde que se le agotó el subsidio por desempleo.

«El problema explica su madre es que todo lo que sale, como cursos o algunas ofertas son para menores de 30 años o para mayores de 45, así que a él nunca le toca nada. La última vez que lo cogieron fue del Ayuntamiento para hacer un curso de mantenimiento de seis meses, pero luego no lo llamaron para trabajar. Al menos mi hija acaba de empezar a cubrir una baja en una peluquería del barrio para señoras mayores. Como te puedes imaginar el sueldo no es muy alto».

Álvaro, de 49 años y electrónico de formación, solo ha trabajado nueve meses con dos contratos diferentes en los últimos cinco años. Ha hecho infinidad de cursos, «pero cuando llego a las entrevistas siempre me dicen que con la edad que tengo soy mayor para trabajar. Unas veces me lo dan a entender y uno me lo ha llegado a decir directamente a la cara. ¿A partir de qué edad el gobierno se hace cargo de mi hipoteca, mi recibo de la luz y los gastos de los hijos?», se pregunta este emeritense cuya opinión es que el sector privado en Extremadura ya no crea trabajo y por eso se debería crear empleo público, a ver si así baja el paro, se revitaliza el consumo y dejan de cerrar empresas.

El marido de Carmen, que tiene 40 años y ha sido electricista toda su vida, acaba de hacer un curso de alta tensión. «Ahora está con las prácticas y como la empresa es de nueva creación espero que puedan hacerle un contrato pronto (...) mis hijos tienen 12 y 13 años, y lo que espero que no ocurra es que pronto se tengan que poner a buscar trabajo y deban dejar sus estudios. Que por lo menos se puedan sacar el graduado escolar», pide esta mujer del barrio del Gurugú de Badajoz que periódicamente acude a recoger alimentos a la parroquia que hay cerca de su casa en Badajoz.

De momento, Álvaro se apoya en su familia, Julián se apaña con lo que le dan en Cáritas y Cruz Roja y Juana acude a un centro social del barrio cacereño de Aldea Moret. «Cada uno o dos meses dice ésta última me dan una caja con seis litros de leche, dos botellas de aceite, macarrones, lentejas, garbanzos... Reconozco que de momento no nos ha faltado de comer, pero gracias a la solidaridad de la gente».