Colas, severas medidas de control y más tranquilidad de la esperada

Una larga fila de coches accede a El Toril poco después de las nueve de la mañana, ayer. :: brígido/
Una larga fila de coches accede a El Toril poco después de las nueve de la mañana, ayer. :: brígido

Decenas de asambleístas empezaron a llegar a El Toril antes de las ocho y media de la mañana

C. J. VINAGRE MÉRIDA.

La asamblea de ayer solo fue ordinaria en el nombre legal. Fue extraordinaria porque se presentó como la más participativa de la historia de la entidad. Tanto que hubo que habilitar aparcamientos especiales en parcelas de la enorme finca de El Toril que son dominio, normalmente, de ovejas, cabras y vacas. Aparcacoches, guardias civiles, guardias de seguridad y una veintena de camareros para el aperitivo posterior a la asamblea fueron también protagonistas de una jornada prácticamente sin incidentes a pesar de que el clima previo de enfrentamiento invitaba a pensar lo contrario.

«Llevo 18 años viniendo a asambleas de la caja y no he visto nunca nada igual». La frase, de una socia que supera los 60 años, iba dirigida a su hija, también socia y que se estrenó ayer como asistente en una cita especialmente relevante para el futuro de la cooperativa de crédito. Madre e hija fueron dos de las decenas de socios que acudieron desde primera hora de la mañana a El Toril y que justo después de producirse las votaciones, aunque quedaban aún puntos del orden del día que afrontar, empezaron a abandonar de forma escalonada el recinto. Unos socios que, en muchos casos, dedicaron los minutos previos al inicio de la asamblea a preparar los votos que emitirían para determinar si había relevos o no en el consejo rector y en la dirección general.

Varias patrullas de la Guardia Civil vigilaron el acceso a la finca desde la antigua N-630. Dos agentes terminaron en la asamblea tras el revuelo producido por el enfrentamiento de exdirigentes agrarios como Luis Cortés o Emilio Guerrero, el presidente de Acorex, Manuel Pérez, y el de Cooperativas Agroalimentarias de Extremadura, Florentino Tienza, con la presidencia de la asamblea. Cortés, Guerrero y una veintena de seguidores se acercaron a la mesa de la asamblea para protestar por una cuestión formal.

La asamblea se detuvo durante ocho minutos y Cortés, Guerrero y los suyos, conducidos por un agente de seguridad, regresaron al fondo de la carpa entre gritos de fuera, fuera y descalificativos de la mayoría de los presentes. Fue, en realidad, el único momento de cierta tensión tanto dentro de la carpa de 1.000 metros cuadrados para acoger a los socios como fuera de ella. Los asientos en la carpa no fueron suficientes y hubo personas que siguieron la reunión de pie. El recuento de los votos se prolongó tres horas -entre las 13.45 y las 16.50 horas-. Un salva de aplausos se empezó a escuchar a las 17.07, cuando se anunció, primero, que continuaban los consejeros y, después, el director general.

La organización dispuso, ante la avalancha de coches de particulares y algún que otro autobús, que un remolque fuese mojando el camino de tierra de acceso al cortijo de una finca de más de 300 hectáreas que originariamente compró el torero Sebastián Palomo Linares. Fue adquirida en 1996 por Caja Rural en un enclave que pertenece al El Carrascalejo, el municipio más pequeño de la región (unos 80 vecinos), a 12 kilómetros al norte de Mérida.

«Es un sitio muy bonito pero no estamos aquí para admirar ni el cortijo ni el paisaje», indicaba un socio novato en asambleas de la caja. «Me he traído un tapper con comida porque me han dicho que esto va para largo», anunciaba otro llegado a las 08.30 horas.