Mermeladas de la Vera para tiendas gourmet de medio mundo

Las dos generaciones de Casa Alonso posan en uno de los establecimientos que tienen abiertos en Guijo de Santa Bárbara/
Las dos generaciones de Casa Alonso posan en uno de los establecimientos que tienen abiertos en Guijo de Santa Bárbara

Los productos de Casa Alonso se elaboran, siempre que es posible, con frutas procedentes de las explotaciones agrarias de la comarca

JOSÉ M. MARTÍN

Una carretera estrecha, pero con el firme en buen estado, repleta de curvas y en constante subida une Jarandilla de la Vera con Guijo de Santa Bárbara, una pequeña población con apenas 450 personas censadas y desde la que se divisa un precioso paisaje.

Este pueblo, situado en las estribaciones de la Sierra de Gredos, recibe a un buen número de turistas gracias al tipismo de sus calles, a las innumerables rutas senderistas que nacen allí y a la tranquilidad y el buen clima que hay en los meses de verano.

Además, según los guijeños, en décadas pasadas la localidad era afamada en los alrededores por el licor de mosto de uva que se elaboraba y que era conocido como gloria. Precisamente esta bebida era la que vendía en su bar Alonso de la Calle García, fundador de Casa Alonso y padre del actual gerente. El licor que Alonso padre servía a los clientes de su establecimiento era elaborado por él mismo, en una época en la que se trataba de algo habitual servir caldos caseros en los bares. «Ahora eso no podría hacerse», bromea, apuntando que de ahí pasó a hacer mermeladas y otros tipos de licores, que también daba a probar a los habituales del negocio. «A la gente le gustaban las mermeladas, por lo que seguí haciéndolas», afirma Alonso, que asegura que el proceso de elaboración de los productos no ha cambiado a lo largo de los más de 35 años que Casa Alonso lleva en funcionamiento. «Lo que antes hacíamos a mano, ahora se hace en máquinas, pero los pasos que se siguen son los mismos», explica.

Y es que la mecanización ha sido muy importante para que esta empresa familiar haya podido dar el salto a los mercados nacionales e internacionales. Por supuesto, la calidad de los productos cien por cien naturales que elaboran también les ha permitido situarse en las tiendas gourmet de las capitales nacionales y de países como Emiratos Árabes, Colombia, Suecia o Dinamarca. «Al país árabe mandamos, sobre todo, carne de membrillo y a Sudáfrica también», manifiesta Alonso de la Calle Leal, actual gerente y miembro de la segunda generación de la firma.

La carta de productos que tiene Casa Alonso es muy amplia. Mermeladas, con y sin azúcar, vinagres, licores y almíbares. «Son más de 20 las variedades de mermelada que hacemos y ocho de licores», según el gerente de la empresa, que remarca que los productos se hacen, únicamente, con fruta de temporada, algunas cultivadas por ellos mismos, como las grosellas. «Para elaborar las mermeladas hay que utilizar fruta que está en perfecto estado para consumir, no es bueno que esté demasiado madura. Tienen que ser piezas que te comerías en tu casa», añade Alonso hijo.

Los productos, además, pueden encontrarse en los dos establecimientos que tiene la empresa en la localidad guijeña y el próximo reto es poner en funcionamiento una tienda on-line para poder vender a través de Internet.

Fases

La mermelada que se elabora en Casa Alonso es un producto muy tradicional, cuyo proceso se ha ido mecanizando con el paso del tiempo. «Ya tenemos en mente actualizar la maquinaria, porque es necesario que seamos más rápidos», indica el fundador de la empresa, mientras su hijo señala que: «Se intenta que la fruta sea siempre de la zona, aunque no siempre es posible. Sin embargo, buena parte es de agricultores de la comarca».

Lo primero que se hace con la materia prima que llega a la fábrica es lavarla y trocearla. Es necesario quitarle el hueso a los melocotones o a las cerezas. Además, de esta forma se facilita el proceso de cocción que se realiza en un horno de vapor.

Este receptáculo tiene unas aspas en constante movimiento para evitar que la mermelada se pegue. Aquí se le añade el azúcar, o el edulcorante natural, en una proporción variable, porque depende de la materia prima que se utilice. En el horno, la fruta está entre 30 y 40 minutos, aunque hay hortalizas, como el tomate, que necesitan más tiempo.

A través de una tubería, la mermelada pasa a un depósito que finaliza en un tubo estrecho por el que se vierte a los tarros. La misma máquina se encarga de poner la tapadera a los recipientes, aunque hay algunos que por su tamaño deben taparse a mano.

Otro robot etiqueta los tarros y los marca con la fecha de consumo preferente. Por último, se le añade a los recipientes un adorno de tela sujetado con una goma. Así se encuentran los tarros en las distintas tiendas.