Extremadura cada vez más vieja

Un jubilado pasea un carro de bebé por Cánovas, en el centro de Cáceres./
Un jubilado pasea un carro de bebé por Cánovas, en el centro de Cáceres.

Sólo 25 de los 387 municipios de la región suman más vecinos menores de 16 años que mayores de 65

ANTONIO J. ARMEROCáceres

En las calles de los pueblos extremeños, cada vez es más difícil ver a críos corriendo o a pandillas de chavales jugando, y más sencillo cruzarse con grupos de jubilados. Esta realidad la conocen de primera mano quienes viven en municipios pequeños, y la acaba de constatar el INE (Instituto Nacional de Estadística). Según su último censo de población, la comunidad autónoma tiene ya más personas mayores de 65 años que menores de edad, algo que no sucedía en el anterior censo de población y vivienda, referido al año 2001.

En concreto, la región suma ahora 194.600 habitantes de entre 0 y 17 años y 212.483 que tienen 65 años o más. El primer grupo supone el 17,6 por ciento de la población total de Extremadura (1,1 millón de habitantes), mientras que el segundo representa el 19,2 por ciento. Aunque por un margen estrecho, aún no se ha producido ese vuelco a escala nacional, ya que quienes aún no tienen la mayoría son el 17,8 por ciento de la población y los que han superado la edad de jubilación representan el 17,3%.

En el censo anterior, el del año 2001, los menores suponían en la comunidad autónoma el 20,3 por ciento de la población, o sea, casi tres puntos más que ahora, mientras que el porcentaje de mayores era del 19,1, casi idéntico al actual.

Esto significa que quienes tienen 65 años o más pesan sobre el total de la población lo mismo que hace diez años, pero no sucede lo mismo con los jóvenes, que han perdido relevancia en la pirámide de población regional.

Estos números demuestran que el envejecimiento sigue su curso en Extremadura. «Ese proceso crece año a año desde hace tiempo», certifica Antonio Pérez, profesor de Geografía de la Universidad de Extremadura (Uex) y autor de varias publicaciones que analizan la cuestión demográfica desde diferentes perspectivas.

«El proceso de envejecimiento afecta a la región y afecta a España amplía el experto, a escala nacional se matizó hace unos años con el aumento de la inmigración, pero la crisis ha motivado que reaparezca de nuevo en proporciones similares a los anteriores, y en el caso de Extremadura, no se matizó con la inmigración porque este tipo de movimiento poblacional aquí nunca ha tenido un peso significativo».

De hecho, no hay ninguna comunidad autónoma donde el colectivo de residentes nacidos en otro país pese menos sobre el conjunto de la población. La media nacional es de 11,2 extranjeros por cada cien habitantes, mientras que en Extremadura es de 3,5, o sea, tres veces menos, hasta el punto de que es la tasa más baja del país.

El dato tiene su relevancia a la hora de analizar el fenómeno del envejecimiento. Porque la llegada de inmigrantes suele llevar aparejado un rejuvenecimiento del territorio en el que se asientan, dado que el grueso de quienes dan el paso de viajar a otros país y asentarse en él, si quiera momentáneamente, es gente en edad laboral.

La inmigración es uno de los factores a los que hay que aludir a la hora de intentar buscar respuestas a la pregunta de por qué aumenta el número de personas mayores y baja el de jóvenes. Pero hay otras razones, más aún en el caso de Extremadura, una región que en este capítulo de la realidad social se caracteriza, entre otras cosas, por la relevancia del mundo rural y la dispersión geográfica.

Dos de esos argumentos a los que hay que referirse para entender lo que le está sucediendo a la pirámide de población de la comunidad autónoma son la esperanza de vida, que ha aumentado, y la natalidad, que se estancó hace tiempo. «Tenemos una media de 1,3 hijos por mujer, cuando si queremos garantizar el relevo generacional, deberíamos estar en una tasa de 2,1», desgrana Antonio Pérez.

Además de inmigración y natalidad, hay un tercer factor: la crisis, que ha supuesto un empujón al éxodo rural, esto es, la marcha a la ciudad de buena parte de quienes vivían en los pueblos. «La situación económica influye mucho, porque genera una predisposición a salir hacia donde sea con tal de encontrar trabajo, y esto afecta especialmente a los jóvenes», analiza el profesor de la Uex, que tiene en la cabeza buena parte de los datos del último censo del INE. Y también otros que ayudan a ampliar la radiografía y comprender lo que está ocurriendo.

BENQUERENCIA, 81 HABITANTES

«Los únicos vecinos nuevos son gente que viene a retirarse»
33 personas de 65 años o más y solo un menor de 16. Eso es lo que dice el INE que hay en este municipio cacereño, pero su alcalde desmiente estos datos. «Ahora mismo, en el pueblo viven sesenta personas aunque haya censadas ochenta, con seguridad no hay ningún menor de edad, y son más de 33 las personas mayores de 65 años», detalla el socialista Francisco Manuel Merino.
Hay pocas lecturas demográficamente positivas al ver las cifras de Benquerencia, como sucede con las de tantos pueblos de la región. «Jóvenes hay siete amplía el regidor, y familias en edad y situación de trabajar, cuatro o cinco, no más». En el pueblo, un buen ejemplo de lo que está suponiendo el envejecimiento poblacional en Extremadura, hay tres negocios: una tienda, un bar y una casa rural. Y las expectativas laborales que podrían ejercer como atractivo para hacer aumentar el padrón apenas existen más allá de la ganadería o la agricultura. «Sin trabajo ni oportunidades laborales no hay manera de atraer gente ni de anclar a la población, y en la situación actual, con la crisis, es muy complicado hacer algo que pueda atraer gente», reflexiona Merino, que vaticina que «en quince o veinte años seremos un pueblo residencia».
Su argumentación valdría para otros muchos municipios de la comunidad autónoma, donde la presencia de menores de edad es testimonial e incluso nula. Según el INE, no hay ningún residente por debajo de los 16 años en Campillo de Deleitosa, y existen ocho pueblos donde el número de vecinos que no superan esa edad no llega a diez: son dos en Valdecañas de Tajo, tres en Gargüera, cuatro en Pescueza, cinco en Higuera, siete en Risco, ocho en Mesas de Ibor y nueve en Carrascalejo. «Por supuesto que se nota en el pueblo que no hay niños ni chavales, no tienes más que venirte aquí un día de octubre a las diez de la noche para comprobar que es un retiro espiritual», resume el alcalde de Benquerencia. Esa rutina se rompe solo en Navidad, verano o Semana Santa. «Vienen los emigrantes y cambia mucho el panorama», ilustra Francisco Manuel Merino. «Ahora concluye el regidor, sólo recibiemos como nuevos vecinos a quienes vienen a retirarse y no tienen que cuidar a os nietos».

Una de esas cifras que adquieren un valor clave en este ámbito es el índice de envejecimiento, que en Extremadura se sitúa ahora en 136, es decir, que hay 136 personas mayores de 65 años por cada cien menores de quince. «Y esa es una media regional, o sea, válida para toda la comunidad, pero que camufla algunas realidades preocupantes, como la de ciertas comarcas cuyo índice de envejecimiento está por encima de 200, y pueblos concretos en los que el índice llega a ser de 500», advierte Pérez.

De hecho, la realidad que él dibuja está en el último censo de población del Instituto Nacional de Estadística, donde sólo 25 de los 389 municipios que tiene la región cuentan con más menores de edad que mayores de 65. Son 18 de la provincia de Badajoz y siete de la de Cáceres: Badajoz, Mérida, Don Benito, Villanueva de la Serena, Almendralejo, Olivenza, Montijo, Zafra, Arroyo de San Serván, Mengabril, Palomas, Puebla de la Calzada, Rena, San Pedro de Mérida, Torremejía, Trujillanos, Valdelacalzada, Valverde de Leganés, Cáceres, Plasencia, Navalmoral de La Mata, Talayuela, Trujillo, Saucedilla y Majadas.

Los municipios más poblados

En todos los demás son mayoría los vecinos que han rebasado la edad de jubilación. Y en ese grupo mayoritario aparecen algunas de las localidades más pobladas de la comunidad autónoma, como Coria, Moraleja, Malpartida de Plasencia, Malpartida de Cáceres, Arroyo de la Luz, Montehermoso, Casar de Cáceres, Miajadas, Hervás, Jaraíz de la Vera, Valencia de Alcántara, Villafranca de los Barros, Llerena, Talavera La Real, Aceuchal, Alburquerque, Azuaga, Calamonte, Castuera, Fuente del Maestre o Guareña.

Antonio Pérez aclara que la base económica, que en una región como la extremeña está ligada en ocasiones a la ubicación geográfica, es uno de los factores que influyen a la hora de que haya pueblos con un número total de habitantes similar pero una diferencia importante en cuanto a la edad media de sus vecinos. «Varias de las comarcas de la región que presentan un índice de envejecimiento más alto apunta el profesor universitario están en la montaña o en la penillanura, mientras que los pueblos de regadío suelen presentar una demografía más saneada, lo mismo que aquellos que se ubican en el anillo de las poblaciones más grandes, a una distancia en coche de entre 25 y 30 minutos, que en muchos casos son las localidades que más han crecido en los últimos años gracias al boom inmobiliario».

En su opinión, no hay más receta posible para intentar minimizar este proceso que está suponiendo un vuelco para la pirámide de población extremeña que la generación de empleo en los ámbitos rurales. «La solución pasa por compatibilizar la conservación del medioambiente con el desarrollo económico invita Pérez, pero si solo nos preocupamos por lo primero, el futuro de muchos municipios de esta comunidad autónoma es difícil».

«El abandono de los pueblos de montaña y de penillanura concluye el experto extremeño y la concentración de la población en los entornos urbanos está suponiendo un debilitamiento demográfico de la región, y esto supone una amenaza de despoblación para muchos pueblos, por una cuestión de agotamiento biológico».