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Los estudiantes de biotecnología de Badajoz llevarán la ciencia a la calle

Rodrigo Martín, Laura González, Raquel Martínez y Alba Díaz./C. Moreno
Rodrigo Martín, Laura González, Raquel Martínez y Alba Díaz. / C. Moreno

En una región con solo dos empresas del sector, los alumnos quieren darse a conocer para no tener que irse fuera a trabajar

A. GILGADOBadajoz

El sueño infantil de curar enfermedades incurables llevó a Rodrigo Martín, Laura González, Alba Díaz y Raquel Martínez hasta matricularse en Biotecnología. Carrera de élite. Solo entran cuarenta cada curso y tiene una nota de corte tan alta como la de Medicina. Ya han llegado a cuarto.

En pocos meses empezarán la especialización y no tardarán mucho en encontrar empleo. Su carrera tiene muchas salidas, pero ellos quieren trabajar en Extremadura, aunque salen a un páramo. Según la asociación española de empresas biotec, en la región solo operan dos compañías en este sector. Extremadura, intuyen los estudiantes, todavía es un campo virgen en este campo.

Para abonarlo, han formado una asociación que les presente en sociedad. Quieren que la gente conozca lo qué hacen y lo qué pueden aportar. Bajo el paraguas de Biotex organizarán charlas en los bares, recorrerán los institutos e invitarán a los niños de los colegios a sus laboratorios.

Ya tienen los carteles cerrados para los ponentes de los dos próximos miércoles en Lo Nuestro de la plaza de los Alféreces. Rodrigo Martín fue uno de los impulsores de la idea. Ahora le roba tiempo a su proyecto fin de grado, pero le motiva el respaldo de la gente. En cuanto lanzó la iniciativa por la facultad le secundaron más de cincuenta compañeros.

Nacen con un objetivo tan claro como ambicioso. «Queremos que la gente sepa más ciencia y de esta forma la biotecnología dejará de sonar a algo lejano». Con vehemencia habla también Laura González. Hay que combatir la incultura científica de la calle, insiste y marca dos ejemplos preocupante. Mucha gente ha demonizado a los transgénico sin conocerlos realmente y los movimientos antivacunas ganan seguidores.

Cree que los científicos tienen la responsabilidad social de cerrar estos frentes. «Aunque parezca lo contrario, los temas interesan. Las charlas en los bares han tenido mucho eco en las redes sociales». Combaten también la disfunción de medir la cultura solo por lo que se sabe de historia, de literatura o de arte.

Nadie se pone las manos a la cabeza si a un joven de 18 años le cuesta explicar fenómenos biológicos tan básicos como la fotosíntesis.

Biotex no solo mira de puertas a fuera de la universidad, Rodrigo y Laura también quiere que se convierta en un foro profesional en el que se informe de becas, ofertas de empleo, proyectos de investigación o cursos para especializarse. Les preocupa la vida posuniversitaria. «Si tenemos un órgano que rastrea ofertas de empleo y pone en contacto a profesionales con empresas o a estudiantes con grupos de investigación quizás muchos no tengamos que emigrar». Biotecnología como carrera universitaria llegó hace poco tiempo. En el campus de la avenida de Elvas se imparte desde hace cinco años. En la calle ya ha salido la primera promoción y los promotores de Biotex forman la segunda. La salida natural son las empresas farmacéuticas y la sanidad. Muchos se preparan el BIR. Salen pocas plazas pero el ratio con los que se presenta resulta atractivo. Como le ocurre a muchas carreras nuevas, sus horizontes todavía están por definir.

Agricultura

Los chicos de Biotex creen que en una región en la que tiene peso la agricultura y la ganadería, la biotecnología podría aportar innovación. Rodrigo pone un ejemplo. Las plantas resistentes y las plagas se combaten con tratamientos químicos o con otras plantas. El problema es que muchas veces se desconoce la segunda opción. El círculo, por tanto, vuelve al mismo punto de partida. Cuánto más se divulgue en la calle la ciencia, más opciones para los que viven de ella.

Alba Díaz y Raquel Martínez también cursan cuarto de Biotecnología. Colaboran con Biotex promoviendo actividades por los institutos.

Se enrolaron porque quieren llevar la ciencia a gente que habitualmente no tiene acceso a charlas divulgativas y les entusiasma despertar vocaciones entre los niños. Raquel quiere evitar que si un estudiante de segundo de bachillerato pregunta por el grado de Biotecnología no se limiten a leerle la definición que viene en el diccionario. «Es mucho más de lo que me dijeron a mí». Coinciden en que estos cuatro años se han pasado volando. No esconden que se trata de una carrera exigente y ahora que han cruzado el arco del último kilómetro agradecen el volumen de prácticas. Si aspiran a trabajar en un laboratorio, explican, cuanto más tiempo pasen en uno como estudiantes mejor. Por eso invitarán a estudiantes de secundaria a que conozcan lo que hacen. Quizás muchos empiecen a soñar con curar enfermedades incurables.

 

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