¿Valientes o insensatos?

¿Valientes o insensatos?
Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Tengo un amigo que, no sé si se lo ha pensado lo suficiente, pero se presenta para alcalde de su pueblo. Su vinculación con la política ha sido escasa hasta ahora, pero dice que no le gusta lo que ve y, en cambio, que sí le gusta mucho su pueblo, que no quiere que siga vaciándose y que, por eso, va a intentar gobernar.

No sé si es un valiente o un insensato. Posiblemente ambos adjetivos podrían valer para definirle a él y a una buena parte de los políticos que andan recorriendo las ciudades y los pueblos para lograr que sus vecinos les voten el próximo día 26. Valentía e insensatez son cualidades que tal vez no se dan la una sin la otra, y que se necesitan para explicar que una persona común, como son la mayoría de los políticos que optan a tener representación en los ayuntamientos extremeños, decidan exponerse en público y al público y dedicar mucho de su tiempo a los demás, al llamado bien común.

En estos momentos en los que el arte de la política y los políticos no atraviesan una buena etapa -el CIS dice que son el segundo problema para los españoles tras el paro- merece la pena pararse un segundo, dejar los prejuicios a un lado y pensar que, quizás, muchos de nuestros candidatos tendrían cosas mejor que hacer estos días que tratar de convencer al resto de que lo que quieren de verdad es mejorar sus pueblos. Creo que es especialmente relevante que en estos tiempos de crisis para un arte denostado, eso sí a fuerza del mal hacer de unos cuantos, haya aún personas dispuestas a dedicarse a la política más cercana. Porque nadie se hace rico en el ayuntamiento de un pueblo, porque lo que cobran en la mayoría de los casos los concejales no da para vivir y porque es más probable que más de uno salga trasquilado de la experiencia.

Un conocido que lleva muchos años de política a sus espaldas, nada que ver con mi amigo, me decía hace unos días que los candidatos de hoy debían ser, sobre todo, mujeres y hombres de mediana edad y con hijos criados. Porque son muchas las ocasiones en las que la política, además de enemigos y dolores de cabeza, rompe parejas, me dijo.

Por eso creo que quienes hoy, da igual el color, hacen campaña en sus pueblos tienen una combinación de valentía e insensatez, bien aderezada con un pelín de gusto por el liderazgo. De hecho tiene más mérito, del que pueda parecer a simple vista, que un partido sea capaz de presentar candidatos en todos o en la mayoría de los pueblos extremeños. Con sueldos a una distancia considerable del sector privado y el prestigio por los suelos, entrar ahora en la carrera política supone un riesgo a quedar descolgado de la profesional. Pero yo tengo un amigo que es un valiente y un insensato.