El PSOE se gusta en Mérida y ve segura su victoria

Leonor Martínez-Pereda, Guillermo Fernández Vara, Pedro Sánchez y Antonio Rodríguez Osuna ayer en la plaza de toros de Mérida. / J. M. ROMERO
Leonor Martínez-Pereda, Guillermo Fernández Vara, Pedro Sánchez y Antonio Rodríguez Osuna ayer en la plaza de toros de Mérida. / J. M. ROMERO

El partido movilizó a 8.000 personas para recibir a Sánchez en la plaza de toros y evocar el socialismo ilusionante de 1982

JUAN LÓPEZ-LAGO MÉRIDA.

El PSOE se gusta. Se ve como el partido de moda. Ayer en Mérida exhibió su lleno en la plaza de toros como anticipo de una victoria segura en las urnas el próximo domingo. Otra cosa es conseguir gobernar si no logran la mitad más un diputado y los adversarios se ponen de acuerdo, por eso los líderes socialistas que subieron ayer a la tarima insistieron en la amenaza que suponen los otros partidos. Su 'No te la juegues' es hoy un eslogan inquietante comparado con 'Siempre hacia adelante'. Estas eran las consignas que decoraban ayer los tendidos.

Pedro Sánchez, secretario general de los socialistas y próximo presidente del Gobierno tras el 28 de abril, rogó en Mérida, como si dependiera de la voluntad de los 8.000 convencidos (el dato es del partido) que le escuchaban bajo el sol, que los socialistas ganen en ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas para facilitarle a él la labor de Gobierno desde Madrid. Solo de este modo, vino a decir, sus proyectos sociales podrán expandirse por el territorio nacional sin encontrar trabas como la falta de suelo público.

El PSOE celebró ayer su acto central de campaña y eligió Extremadura, que puso en marcha toda su maquinaria para que el coso emeritense se llenara, luciera rojo y ovacionara entusiasmado a sus candidatos ante una victoria el día 26 de la que están convencidos. La última vez que un político dio aquí un mitin fue en 1982 con Felipe González en la tribuna antes de que este partido ganara sus primeras elecciones generales. La idea era evocar aquella jornada previa a un periodo socialista que en España duró cuatro legislaturas (1982-1996).

Sánchez pidió que el PSOE gane en ayuntamientos y comunidades para él poder desarrollar más proyectos

El turno lo abrió la candidata al Parlamento Europeo Leonor Martínez-Pereda, que recordó con sorna la promesa de Monago de empadronarse en Portugal si los socialistas ganaban las elecciones. Después, el alcalde de Mérida y candidato a la reelección, Antonio Rodríguez Osuna, criticó a los partidos que llevan en sus listas «a toreros y paracaidistas».

Cuando subió Guillermo Fernández Vara, tocado por la voz después de diez días de campaña, fue recibido con vítores de «¡presidente, presidente!». Empezó parafraseando el guión de Rebeca, la película de Hitchcock, pero sonó como Martin Luther King. «Anoche soñé que el PSOE volvía a ser ese gran partido», dijo el candidato socialista antes de mostrar su agradecimiento a Pedro Sánchez por recuperar el liderazgo en la política española.

Vara abordó el tema catalán y cómo lo explotan los otros partidos sin nombrarlos. «Nosotros apostamos por la unidad de España, pero uniendo, no dividiendo a los españoles», dijo antes de referirse a dos temas que suelen levantar del asiento a los seguidores: Alfredo Pérez Rubalcaba y la defensa de las mujeres.

Mensajes a la derecha

En este tipo de actos las intervenciones suelen ser de trazo grueso, apelando a las emociones, ridiculizando a la oposición y exponiendo los temas de manera superficial. Vara abundó en la idea de que no basta una mayoría suficiente sino que es necesaria la mayoría absoluta para lograr las transformaciones que pretende. Recordó los datos de creación de empleo, aunque reconoció -no puede ser de otra manera- que siguen siendo insuficientes. De lo que sí presumió fue del último informe del Ministerio de Hacienda que indicó que la Junta de Extremadura tenía las cuentas saneadas. Y fue concreto con una medida que ya había expuesto y que permitirá a los universitarios que aprueben el primer curso matricularse en el siguiente curso de manera gratuita.

A los sindicatos les dio la gracias por desconvocar la huelga del campo y a Pedro Sánchez por subir el salario mínimo y las pensiones.

Cuando el secretario general de los socialistas se puso ante los micros se replicó el saludo de «¡presidente, presidente!». De nuevo surgió el recuerdo de Rubalcaba, presente en una pancarta que señaló, y a continuación mandó un mensaje a los oponentes: «A la primera derecha, limpieza. Ya está bien de corrupción. A la segunda, justicia social. Y a la ultraderecha se lo decimos ultraclaro, feminismo y convivencia»

El próximo presidente del Gobierno dijo que vendrá mucho más a Extremadura, prometió el ferrocarril y volvió a cosechar aplausos, pero tuvo que parar su intervención cuando una persona en el tendido sufrió un golpe de calor y el político se interesó por su estado.

Antes de rematar su domingo de campaña en Albacete, Sánchez volvió al mensaje inicial de que aunque el partido parece ganado, la realidad es que el próximo domingo por la mañana se parte de un 0-0 con las urnas vacías. «Ganar no significa gobernar», recordó sobre un albero emeritense que ayer pretendió ser el trampolín a otro largo periodo de hegemonía socialista.

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