Un mitin más, un día menos

Guillermo Fernández Vara y Josep Borrell saludan al público a su llegada a la plaza de san Blas, ayer en Cáceres. :: lorenzo cordero/
Guillermo Fernández Vara y Josep Borrell saludan al público a su llegada a la plaza de san Blas, ayer en Cáceres. :: lorenzo cordero

«Yo soy el diálogo personificado», se autodefine Vara, que ayer estuvo con Borrell

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Cuesta un mundo rascarle algo lucido a esta campaña electoral. Un guiño de novedad, diferencia, originalidad, innovación. Algo. Está en un tono monocorde, todo según el guion más convencional que se pudiera prever, que cada día gana unos cientos de socios el club de los que cuentan las horas para que llegue no ya el domingo, sino el lunes o incluso el martes, pero de la semana siguiente, la que ya es junio entera. Ayer, una de las citas de fuste en la comunidad era el mitin de Josep Borrell en Cáceres. Uno de los políticos españoles en activo con mayor currículum, expresidente del Parlamento Europeo y aún ministro de Exteriores. Pero ayer, Borrell en la plaza de san Blas, junto a la ermita del barrio, fue sobre todo el número uno del PSOE a las elecciones europeas. Y eso significa que en su discurso, el más largo de la noche, habló de la UE, de Donald Trump, del eje Atlántico, del 'brexit', del Golfo Pérsico, de lo que hizo el expresidente galo François Mitterrand en el año 1981 cuando el franco se devaluó cinco veces... Andaba más o menos por ahí su intervención cuando un perro ladró y varios entre el público lo miraron. El discurso de Borrell fue de hondo calado ideológico, transcendente, pedagógico, muy bien hilado y también, a ratos, un poco aburrido.

Es decir, como esta campaña electoral que cuenta sus días y que ayer llevó a Guillermo Fernández Vara a la segunda ciudad de la región. Tras el subidón de autoestima que los socialistas se autoregalaron el domingo al llenar la plaza de toros de Mérida -ayer el candidato regional lo recordó, para agradecer a todos los suyos el éxito logrado-, la agenda se volvió más mundana. La plaza de san Blas es pequeña y coqueta. Y tiene un graderío de piedra que no ganaría un concurso de comodidad pero es bonito y fotogénico.

«Me gustan los mítines donde la gente no grita y aplaude poco, porque esto significa que en ellos se dicen cosas que hacen pensar». Comenzó optimista Borrell su intervención, que tenía un objetivo claro: convencer a la gente de que además del sobre del alcalde y el del presidente de la Junta, hay que meter en la urna también un tercero, el de las elecciones europeas, que son una cosa que está ahí aunque casi nadie repare en ellas. Las elecciones europeas son el lateral derecho en el fútbol, el chico que friega los platos en el restaurante, el permiso de circulación en la guantera del coche.

El discurso del ministro en Cáceres fue una invitación a recordar que el domingo también hay elecciones al Parlamento Europeo

Esto vino a decir Josep Borrell, que ayer se acordó de una foto antigua. «Estoy con el presidente Ibarra, en la frontera de Caya. Yo era secretario de Estado de Hacienda, y estábamos abriendo la frontera», rememoró el ministro en funciones, que tuvo un detalle del todo inusual. Fue reparar en la intérprete de lengua española de signos que el PSOE extremeño lleva en sus mítines. Alabó su trabajo y le pidió que le enseñara a pronunciar con las manos las palabras Europa y libertad. Después, el político catalán lanzó un aviso para navegantes: ojo con «la derecha cavernaria y xenófoba, con el 'nacional-populismo'». «Está en riesgo -siguió- nuestra civilización, la europea, que se sustenta sobre tres pilares: la libertad política, el progreso económico y la solidaridad social».

En cuanto a la región, la citó para decir que «fueron los extremeños los que iniciaron la globalización», en referencia a los conquistadores. Fue la única mención en clave regional que hizo el ministro en funciones, que fue el encargado de cerrar un acto en el que también intervino la diputada regional Lara Garlito y que empezó con Luis Salaya, candidato a la alcaldía.

El secreto que contó Salaya

«Voy a contar un secreto», introdujo el aspirante antes de comparar los tiempos de vacas flacas, que más o menos son los de hace cuatro años. «En los peores días, con la situación jodida, pedíamos que cada compañero llevara a tres personas a votar, y ahora que lo tenemos hecho lo pido igual», propuso Salaya, en un argumentario que también apareció en el discurso de Fernández Vara. «La gente que quiera estabilidad política, que nos la dé, porque solo desde la estabilidad se construyen gobiernos fuertes», reflexionó el candidato socialista, que dejó una frase que si la campaña fuese de otra manera, hoy mismo contestarían sus rivales. «Yo soy el diálogo personificado», afirmó Vara, que se refería a su capacidad para alcanzar acuerdos con la oposición. «En esta legislatura hemos aprobado leyes con unos y con otros», añadió el líder del PSOE extremeño, que ayer situó a su partido en un plano distinto al resto.

En clave regional, Vara dijo que «los tres partidos de la derecha no tienen programa, solo dicen lo que la gente quiere oír»

«Si tenéis un poco de curiosidad, podréis comprobar que todos dicen lo mismo, en especial los tres de la derecha (en alusión a PP, Ciudadanos y Vox). No tienen proyecto. Van diciendo lo que la gente quiere oír. Todos los días van regalando algo, y ahora han empezado con las ofertas. Si uno dice que va a bajar los impuestos el cinco por ciento, el otro dice que los bajará el diez». Además, Vara aludió al mitin que el pasado sábado llevo a Santiago Abascal a Cáceres. «Vaya tela lo que dijo el personaje», comentó, para referirse a Juan Antonio Morales (candidato de Vox a la Junta) y su crítica a algunos proyectos de tipo social y humanitario que desarrolla la Agencia Extremeña de Cooperación al Desarrollo.

Están los partidos sin programas y frente a ellos, el PSOE, en pleno camino para «recuperar su mejor versión», se felicitó el candidato Fernández Vara, que también dijo algo que hay que leer dos veces. «Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos». Una reflexión que le acercó al tono de su compañero Borrell, que al final de su discurso se acordó del exeurodiputado extremeño Alejandro Cercas. «Un cacereño ilustre, si le veis dadle recuerdos míos», pidió el ministro, que acto seguido cerró el acto. «Muchas gracias -se despidió- y a votar». Y esa simple mención al 26 de mayo recordó que a la más plana de las últimas campañas ya le queda menos.