De Miguel no quiere minas en la región del sol

Juan Carlos Santana e Irene de Miguel ayer en la dehesa de Cabra Alta, en Zahínos. :: J. L. G./
Juan Carlos Santana e Irene de Miguel ayer en la dehesa de Cabra Alta, en Zahínos. :: J. L. G.

La formación morada no ve necesarios proyectos como el de Castilblanco y apuesta por una economía sostenible que incentive el autoconsumo energético

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

En Zahínos, pueblo de 2.805 habitantes en la sierra suroeste, da la bienvenida un cartelón sobre la BA-078 que dice «Dehesa sí, uranio no». El mensaje se repite en decenas de vallas y ventanas sobre un vistoso amarillo que también tiñe bidones con el logotipo nuclear y una calavera que asusta. Muchas de estas letras contra el uranio están cosidas a mano, lo cual llama la atención de Irene de Miguel, la candidata de la coalición electoral Unidas por Extremadura a presidir la Junta. Esta dedicación artesana para elaborar una pancarta la interpreta como una oposición más sólida si cabe hacia la posibilidad de que reabra una mina que ya estuvo operativa hasta mediados de los setenta y que se selló en 2002. De Miguel se presentó ayer en este pueblo para conocer de cerca los temores de sus detractores, que parecen mayoría a juzgar por el aspecto de este pueblo gobernado por el PP y donde Podemos ni presenta candidato.

La cuadrícula que interesa a los promotores de la mina abarca 7.000 hectáreas y afecta a varios términos municipales. Cualquiera en la zona sabe que todos los alcades afectados (Jerez de los Caballeros, Villanueva del Fresno, Oliva y Higuera de Vargas), la mayoría del PSOE, están en contra de que haya allí una mina de uranio. Por si acaso, la representante de Podemos se entrevistó ayer, en mitad de su campaña electoral, con las personas que conocen esta amenaza. De Miguel no se fía y relaciona la prórroga de la central nuclear de Almaraz con el interés por reabrir la mina para extraer el mineral radioactivo que esconde la sierra a la que se dirige.

La acompañó el candidato de Unidas por Jerez, Juan Carlos Santana, que tampoco se fía, así que ambos se plantaron ayer en las fincas Cabra Alta y Cabra Baja, una dehesa simbólica desde que la Junta la expropió a la Casa de Alba y la cedió a los comuneros que la trabajaban. Lindando está la finca que explota la sociedad civil El Progreso. En esta instalación que compra la producción a agricultores y ganaderos de la zona hubo ayer después una reunión en la que también participó Joaquín Macías, coordinador de Izquierda Unida y que va de número dos por Badajoz a la Asamblea dentro de la coalición Unidas por Extremadura.

De Miguel usaba energía solar cuando vivía en Guadalupe y dice que se puede hacer vida normal

Si los votantes los respaldan este domingo tratarán de cambiar una Ley de Minas vigente en España, que data de 1973 y que cada vez que se ha intentado reformar no se ha logrado un acuerdo con las empresas del sector. Los defensores dicen que es muy garantista, los detractores como De Miguel, que no es transparente ni permite la participación ciudadana.

Modelo de desarrollo

La posibilidad de reabrir esta mina de uranio es un proyecto que divide a la gente, como en su día pasó con el complejo turístico de Valdecañas, con la refinería en Tierra de Barros que no se llevó a cabo, con la mina de litio a cielo abierto planteada en Cáceres o con el complejo de ocio y juego anunciado hace unos meses en Castilblanco, el cual De Miguel califica de «delirio absoluto» y sobre el que cree que, de llevarse a cabo (hasta ahora solo se lo cree el PSOE), acabaría con las reservas de agua que se necesitan para regar la comarca.

La charla tiene lugar avanzando por los caminos polvorientos que llevan a Cabra Alta. Sin entrar en las particularidades de cada idea, el debate se centra en el modelo de desarrollo que necesita Extremadura. De Miguel cree que todos los proyectos citados anteriormente sobran o se han planteado mal. Además, niega el dato de que Extremadura sea la comunidad con más hectáreas protegidas ambientalmente.

«Con la crisis climática que hay debemos enviar un mensaje de que hace falta un modelo productivo sostenible», afirma. Esto va en contra del concepto que ha introducido el PP extremeño en esta campaña de que en esta región se protege más a los pájaros que a las personas. «El discurso de Monago es del siglo pasado. Ahora hay que poner en valor las energías verdes, el turismo, y la agricultura de calidad, no de cantidad», replica la candidata de Unidas por Extremadura.

Ella habla, fundamentalmente, del sol. Y de que si la gente ve que gestionando mejor este recurso la factura de la luz llegaría a ser insignificante entonces mucha gente cambiaría de opinión.

La candidata asegura que muchas empresas del norte del país han cerrado porque no pueden afrontar el pago de las facturas de la luz. Y dice que ella, cuando vivía en Guadalupe, tenía placas solares y salvo en días nublados en que no podía poner la lavadora, el resto podía hacer vida normal. También es consciente de que no todos tienen una cubierta donde instalar una placa fotovoltaica, por eso ve necesaria una empresa pública de energía que apueste por el autoconsumo y que se vaya haciendo con la gestión de aquellas centrales de energía limpia cuya concesión vaya caducando, como es el caso de la hidroeléctrica de Peñalsordo. Autoconsumo, ese es su concepto, ya que las plantas fotovoltaicas que se están propagando por la región cree que sirven de poco. Están en manos de las mismas compañías de siempre y el empleo que crean se destruye al concluir la construcción, señala.

El coche llega a la cancela de Cabra Alta, finca con 1.300 cochinos, unas 1.300 vacas y sobre 600 vacas y sus terneros. Allí se saca el corcho cada nueve años y los socios -son 1.600- aprovechan la leña. Desde una loma se divisa el pueblo y la vegetación que tapa el lugar de donde hace años se extraía uranio. «No creo que la gente de Zahínos tenga una conciencia ecológica especial, es simplemente que se oponen porque ven que se están jugando el pan de sus hijos (...). La minería a cielo abierto es muy impactante y deja las tierras yermas. Las zonas mineras son recursos no renovables que provocan una desestructuración social. Ya sé que Extremadura ha tenido un pasado minero, ¡y mira lo ricos que somos ahora!», ironiza Irene de Miguel.

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