Historias de campaña

«Votar es como acudir a una fiesta familiar»

Maite Correyero, en el patio de su casa en Miajadas. :: cedida/
Maite Correyero, en el patio de su casa en Miajadas. :: cedida

Maite Correyero padece Sensibilidad Química Múltiple que le impide salir de casa, pero no eludirá la cita electoral

LAURA ALCÁZAR

Maite Correyero Mayoral, miajadeña de 51 años, tiene diagnosticadas una serie de patologías que le impiden salir de casa y hacer vida normal. Además de fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, ha desarrollado sensibilidad química múltiple en grado tres. Se trata de una enfermedad reconocida en España desde 2014 que genera en la persona fatiga, ansiedad, dificultades respiratorias o dolores diversos cuando se expone a sustancias químicas presentes en el medio ambiente o en la alimentación.

Maite lleva prácticamente recluida en casa desde hace 11 años. «Salgo unas cuatro o cinco veces al año porque me pongo muy mala». Estas salidas se reducen a un paseo por un parque cercano a su domicilio en días en los que hay poca gente en la calle, «como el de Año Nuevo».

De ahí que, para ella, la cita con las urnas el 26-M se convierta en una jornada de excepción que la 'obliga' a salir de la rutina diaria de su hogar. «Por supuesto que voy a ir a votar, para mí es muy importante, es como si acudiera a una fiesta familiar», relata a HOY desde su casa, al otro lado del teléfono.

Tampoco eludió el derecho a voto el pasado 28 de abril. La sucesión de citas electorales en nuestro país ha convertido 2019 en un año peculiar en su vida. Acudió a su colegio electoral sobre las 10.30 de la mañana y lo pasó «mal». «Cada vez estoy más sensible a todo lo que me rodea, no fui capaz de sacar el carnet de identidad de la cartera ni de introducir el voto en la urna y tuvo que ayudarme mi marido», cuenta.

«Esta vez me he planteado ir más temprano. Procuraré estar sobre las 9.30 para que haya menos gente y llevaré la bombona de oxígeno, que me alivia cuando me entra alguna crisis». Si esa crisis es grave, explica, le provoca «mareos, visión borrosa, asfixia, temblores y el corazón me late muy deprisa, hasta el punto de no poder dormir».

A Maite vivir en esta situación no le resulta nada fácil, máxime cuando es una persona comprometida social y políticamente en su localidad natal. De hecho, pertenece a Podemos desde la constitución del partido y es afiliada en Miajadas, donde ha llegado a colaborar en la agrupación local, responsabilizándose del contenido y actualización de las redes sociales. Su voto del próximo 26 mayo, por tanto, tiene un destinatario claro.

«La política me da vida y me apasiona pero tuve que dejar de estar activa porque las emociones, aunque sean positivas, me hacen entrar en crisis y caer mala, además de las luces de las asambleas o los olores», lamenta.

Hoy, en el muro de su perfil en Facebook, abierto a cualquiera que desee leer sus publicaciones, comparte las recetas de los platos caseros que elabora -porque también tiene intolerancia al gluten y a la lactosa- o los productos de aseo personal y limpieza del hogar que hace ella misma de manera natural, sin componentes químicos añadidos. «Me hago un litro de leche de almendras dos veces en semana y me lavo el pelo con bicarbonato disuelto en agua» porque, asegura, «los geles de baño y champús son muy agresivos, sobre todo los infantiles».

La sensibilidad química múltiple es una patología puesta en tela de juicio por una parte de la comunidad médica. Maite lo sabe y no elude el tema. «Algunos médicos nos tachan de locos, como que tenemos problemas psicológicos», señala. El rechazo a su enfermedad lo ha sufrido en su propia piel en un círculo mucho más cercano, el familiar, en el que algunos allegados «ni conocen la enfermedad ni quieren oír hablar de ella». «Me he quedado muy sola, hay gente que no entiende las cosas ni aunque se las expliquen». Cuenta con el apoyo de su marido y su hijo de 19 años -«ellos me ayudan lo que pueden»-, y de una parte de la familia que sí ha entendido su sufrimiento.