Un filipino en la playa de Orellana

Un filipino en la playa de Orellana
Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Les confieso que me estoy aburriendo en esta campaña electoral. Es como si estuviera viviendo el día de la marmota, pero desde hace cuatro años. Quizás es que dos campañas seguidas tienen agotados a nuestros políticos o, lo que sería peor, que se les han evaporado las ideas para hacer que Extremadura deje de estar a la cola de casi todo. Reconozco mi escepticismo cuando leo los grandes logros que persiguen los candidatos -los mismos en la mayoría de los casos, porque el diagnóstico de la realidad extremeña es un hecho objetivo- e incluso me invade la pesadumbre cuando escucho las medidas concretas que proponen para alcanzar esos logros. Sobre todo, porque no las hay.

«Estamos intentando atraer a la región turistas europeos, latinoamericanos y, sobre todo, del sudeste asiático», soltó Vara a la orilla del embalse de Orellana. Y se quedó tan pancho. Igual que cuando prometió «un plan integral para que los niños aprendan inglés» y «nuevos colegios, reformas en los existentes y mucha dotación tecnológica». Vamos, más pizarras digitales y tabletas, porque a estas alturas del partido ya se sabe que la base de una buena enseñanza va por ahí.

Monago no se queda atrás. Una oferta pública de empleo para estabilizar la plantilla del SES, el final de los contratos inferiores a los seis meses, una retribución más alta de las guardias a los sanitarios y el abono íntegro de la carrera profesional. Todavía hay más: en materia educativa, 3.000 nuevas plazas de Formación Profesional «para incrementar las oportunidades de inserción laboral de los extremeños». Todo tan fácil como poner un disco de Camela.

Oigan, por favor, ¿y cómo piensan hacerlo?, ¿cómo se paga todo eso?, ¿cómo se consigue que un filipino, camboyano o vietnamita no ya se bañen, sino que consigan llegar siquiera hasta la playa de Orellana?, ¿dónde van a trabajar los nuevos 3.000 alumnos que terminen la FP?, ¿aquí, en la región? Si es que no solo es que se trata de más de lo mismo, de objetivos que se repiten una y otra vez y de promesas que cansan y aburren y, lo peor, que resultan difícil de creer. Porque, digo yo, ¿y qué han hecho mientras han gobernado el uno un poco y el otro mucho?

Con un mercado laboral temporal, con unas listas de espera sanitarias que no tienen fin, con unos colegios rurales a los que se les escapan alumnos a la misma velocidad que se vacían los pueblos y que los jóvenes buscan una salida fuera de esta tierra, no es lo mejor, ni dando manga ancha a la publicidad esperada en una campaña electoral, que los candidatos nos vengan con estas soluciones milagrosas.

A ver si vemos pronto al filipino en Orellana para demostrar que Vox se equivoca, que no hay que devolver competencias autonómicas, que se puede con ellas, que es posible lograr que Extremadura deje el vagón de cola.