Debates, los de whatsapp

Debates, los de whatsapp
Rocío Romero
ROCÍO ROMEROBadajoz

Anoche no vi el último capítulo de Juego de Tronos. Así que hoy no voy a poder hablar con mis compañeros, que me tienen la cabeza como un bombo desde hace días. Divididos los tengo, entre quienes critican el final y quienes creen que es una obra redonda.

Redonda me puse yo, pero de palomitas. Me las comí con los candidatos a la Junta de Extremadura, que andan estos días entregados a contarnos su historieta.

Por eso emigré de HBO a Canal Extremadura, la televisión que es de todos, aunque los novatos de Vox empezaran este carrusel de campañas diciendo que la quieren cerrar y ya vayan por privatizar. La meten en un saco con todas las regionales. Cerrojazo general, proponen. Hasta que toquen Gobierno y quieran meter mano.

En realidad, uno no sabe lo que es un debate si no se ha criado en una casa de cuatro hermanas. No hay mejor atril que una camilla con brasero debajo, ni problema que no pueda arreglarse mientras dos discuten si hay que subir a la tercera resistencia. No hay novio de turno que no sea despellejado mientras cada una intenta defender al suyo, ni mesa que sea recogida a la primera.

Ignacio Sánchez Amor y María Eugenia Rodríguez Palop debían pasarse por casa de mi madre antes de convertirse en eurodiputados, que salen con la solución para todos los problemas que vayan a tratar en Bruselas y Estrasburgo.

Defiende el periodista Manuel Campo Vidal, el moderador por excelencia desde 1993, que los debates entre candidatos a presidente deberían exigirse por Ley para que los ciudadanos puedan decidir mejor a quién votan. Aunque a veces sea imposible saber realmente de quién se trata hasta que sea demasiado tarde. Ya lo dice el refrán: 'Si quieres saber cómo es fulanito, dale un carguito'. Ay, que si se cumple.

Ese cargo bien puede ser el de moderador de un grupo de whatsapp de cualquier clase de cualquier colegio extremeño. Los candidatos a la Junta debatieron a siete, que son los que se presentan en ambas provincias menos el PACMA. Y hasta pueden hacerlo a 28 voces, que es la cantidad de padres -mejor dicho, de madres- que están en estos grupos. Que los padres van apareciendo, pero siguen siendo rara avis en las conversaciones digitales. De esto también va la igualdad y la implicación en la educación de los hijos, aunque muchos no lo crean.

Estos chats son un alivio para los despistados que no se paran en la puerta, pero un infierno para quienes pasen de esta aplicación y la Santa Inquisición para los profesores.

Quizás es lo que deberían hacer los candidatos. Unirse en un grupo de whatsapp donde lo mismo discutan sobre abrir una cafetería en la Asamblea que de los festivos en la región. A ver si en algo se ponen de acuerdo.