Monago y el salto del Puma

Un momento del mitin de Monago en la plaza de España de Mérida. :: jm romero/
Un momento del mitin de Monago en la plaza de España de Mérida. :: jm romero

El público flipa con los mítines 'nacionalistas' del candidato del PP

J. R. ALONSO DE LA TORRE

«Vas a flipar con Monago», me decían los colegas en campaña. Tenía curiosidad por saber cómo eran esos mítines tan americanos de los que todo el mundo habla. Fui a ver a Monago a Sierra de Fuentes, pero sucedió lo del Airbus en Sevilla y se suspendió el acto. Estuve en las comidas con Soraya y Rajoy, pero Monago no podía eclipsarlos. Así que el miércoles me acerqué al mitin del PP en la plaza de España de Mérida para ver a Monago, por fin, en su salsa. ¡Y flipé!

Me quedo con esta imagen: un escenario con grada de concejales detrás, 300 sillas ocupadas y unas 200 personas de pie, pantallas de vídeo, buena iluminación y Monago sentado en su silla frente al escenario. En los plasmas se proyecta la melodía romanticona de campaña, esa que habla de todo menos del PP, Monago está muy serio, con un micro de diadema color carne tipo Madonna. Aunque a mí no me recuerda a Madonna, sino al Puma.

Les cuento. Hace años, tenía la costumbre de ir a entrevistar a cantantes famosos que actuaban en programas de la tele gallega. Iba al hotel de los conciertos y esperaba a que cantaran. Recuerdo especialmente el caso del Puma. El cantante venezolano acechaba el momento de salir a escena con la cara tensa, emocionado, reconcentrado, mirado al frente fijamente, como un felino a punto de saltar sobre su presa. Pues así está Monago un instante antes de salir al escenario. Luego salta a la moqueta, da rienda suelta a la adrenalina acumulada y ataca. O sea, como el Puma, pero en vez de cantar lo de «Pavo real, pavo real», entona un himno nacionalista extremeño que es, sin duda, el mitin más entretenido que he escuchado durante la campaña.

En los mítines del Bloque Nacionalista Galego o de Esquerra Republicana de Catalunya, se alude a Madrid como metáfora de la opresión y el centralismo acaparador. En los mítines del PP, perdón, de Monago, Madrid es «Madridddd», con la de arrastrada y pronunciado con deje gangoso. O sea, una metáfora de lo pijo-chachi-guay con la Complu como símbolo del centralismo ignorante y el Coletas convertido en sumo hacedor del desprecio a nuestras señas de identidad.

Esa trinidad de la Complu, lo chachi y el Coletas vertebra con gracia un discurso escenificado con recursos de comediante veterano. Monago se mueve a un lado y a otro del escenario, mira al público, dice que él es patriota extremeño aquí y en Madrid; que cada vez que piensan algo los de Madrid, hablan las momias de Llerena; que los programas que se hacen en «Madridddd» y en Londres quieren acabar con el AVE y pretenden que los agricultores vendan sus toneladas de tomates por las casas. Y remata con una frase que he escuchado en Galiza, Euskadi y Catalunya: «Piensan que toda España es Madrid».

Todo esto aderezado con referencias a iconos regionales como el poeta Delgado Valhondo, el letrista Manolillo Chinato o el pastor José de Valencia de Alcántara. Añádansele banderas de Extremadura tremolando, raperas autóctonas cantando y entenderemos por qué Fernando Savater criticaba hace 15 días el nacionalismo mimético de Monago.

Una señora, detrás de mí, resumía la transformación de la imagen del PP con un sentido y suspirado: «Si mi abuelo levantara la cabeza». Porque uno no se imagina al abuelo de la buena señora escuchando a Acedo hablar de un pijo metido a comunista o viendo a un muchacho con calaveras en su camiseta hacer pedorretas acompasadas, mientras una chica rapera con el hombro tatuado es jaleada por señoras elegantes de perfume embriagador y educación esmerada.

Menos mal que estaba Trinidad Nogales para poner un poco de cordura en aquella fiesta desorejada de nacionalistas miméticos, raperos autóctonos, pijos ridiculizados y rockero galés, yerno de socialista con pedigrí, que amenizó el preámbulo del mitin.

Trini, que así la llamó Monago, va de número dos por Badajoz y habló con mucho sentimiento. Detrás de su canto a la historia de Mérida y al futuro de su ciudad no había asesores ni saltos del Puma. Como Acedo, candidato a alcalde, había acusado a su contrincante socialista de haber abierto negocio en Cáceres y no en Mérida, Trinidad atemperó la cosa y pidió que se acabaran los localismos y la pugna entre ciudades.

La consejera detalló cómo habían sacado el Festival de Mérida de la quiebra consiguiendo mejor gestión y mayor asistencia de público. Se refirió al turismo como el petróleo de Mérida, se ilusionó con la llegada del AVE, que acabará con los viajes de cinco horas y media a Madrid, que le permiten corregir tesis, pero son agotadores. Se mostró acogedora: «Aquí caben todos: rojos, verdes, azules y amarillos». Y confesó tener 54 años y estar en un momento pleno del ser humano. Trini emocionó. Monago divirtió. Servidor flipó.