La subida de tipos sobrevuela a Lagarde

Christine Lagarde,elegida para presidir el Banco Central Europeo. /Reuters
Christine Lagarde,elegida para presidir el Banco Central Europeo. / Reuters

Todo apunta a que el BCE continúe con la política de Draghi por la inestabilidad comercial de la eurozona

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZMadrid

Desde que esta semana se conoció que la francesa Christine Lagarde será la nueva presidenta del Banco Central Europeo (BCE), analistas de todo el mundo examinan cómo repercutirá en los mercados la salida de Mario Draghi del organismo, sobre todo por la posible subida de tipos de interés, aunque llegarán, como mínimo, en la segunda mitad de 2020. Draghi se ha asegurado de que con su salida no se produzca una subida generalizada que pueda acarrear un 'boom' en la eurozona, a pesar de que muchos confiaban en que dejase todo atado antes de su marcha.

Pero el aumento del proteccionismo por la guerra comercial entre EE UU y China y la inestabilidad por la salida de Reino Unido de la UE han desencadenado una desaceleración económica en Europa, que incluso puede terminar en recesión, aunque se prevé que no tan grave como la de 2007. Por ello el presidente saliente ha decidido adoptar otra ronda de medidas acomodaticias que acompañen a la eurozona para evitarle el descalabro.

La incógnita ahora es saber si Lagarde seguirá los pasos de su antecesor Draghi, que dejará el puesto el próximo mes de noviembre, o si por el contrario actualizará la política monetaria y subirá los tipos antes de lo previsto. Javier Díaz-Giménez, profesor de Economía del IESE, asegura a este periódico que Lagarde «va a seguir una política continuista» porque «si algo funciona, ¿para qué cambiarlo?». Y es que ha quedado demostrado que la «intuición» que tuvo Draghi al decidir reducir los tipos funcionó muy bien y tuvo un impacto «muy importante» en la economía europea.

«Lagarde no es una mujer muy innovadora ni con políticas exageradas», explica Díaz-Giménez, que apoya su teoría también en que si hubiera una recesión profunda de la eurozona, «hay espacio de sobra para hacer una política fiscal expansiva, sobre todo en Alemania». Algo similar opina Robert Tornabell, profesor del Departamento de Economía en Esade, que asegura que Lagarde seguirá «la misma política» que Mario Draghi. «Ya tenemos un indicio: al conocerse su nombramiento, las acciones de todos los bancos del Ibex-35 subieron, y hoy también lo hacen», afirma.

Así, después de la promesa de Draghi ante el Parlamento Europeo de no subir antes de la segunda mitad de 2020 los tipos de interés, y puesto que la Reserva Federal de Estados Unidos ha dicho que los bajaría, «Lagarde tendrá un buen motivo para no subirlos hasta 2021 o incluso más tarde», explica Tornabell. Y es que la guerra comercial motivada por el presidente Trump, que perjudica especialmente a las exportaciones europeas, obligará a la nueva presidenta del BCE a proteger la zona euro con «dinero barato».

Durante sus ocho años al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) -también fue la primera mujer en ocupar este puesto- no ha hecho ninguna declaración en contra de la política monetaria adoptada por Draghi, por lo que todo apunta a que siga una línea continuista. «Lagarde es una magnífica elección por su prudencia y su experiencia internacional», destaca Díaz-Giménez, que opina que lo importante para el BCE era la elección de un presidente que «no hiciera disparates».

La carrera sucesoria

La entrada de Lagarde como presidenta del BCE deja en el aire quién será su sucesor al frente del FMI. Inmediatamente después de la nominación de Lagarde como futura presidenta del BCE, indicó que renunciaba a sus responsabilidades aunque su mandato terminaba en 2021, pero todavía no ha dimitido formalmente del cargo. Así, el 'número dos' del Fondo, David Lipton, tomará las riendas de forma interina mientras se confirma a la francesa en la presidencia del BCE y se abre el proceso de selección de su sucesor en Washington.

En un primer momento, el mayor beneficiario de su salida es el irlandés Philip Lane, que ha asumido el cargo de economista jefe del organismo europeo, donde ha llegado después de haber sido gobernador del Banco Central de Irlanda. Otro irlandés, Mark Carney, es el mejor situado en las quinielas por la sucesión de la francesa, aunque quien tiene la última palabra es Estados Unidos, que es el único país con derecho de veto en el Fondo.

Desde que se fundó en 1946, el FMI ha tenido once directores gerentes, todos europeos. Una ley no escrita dice que si EE UU controla el Banco Mundial, el FMI corresponde a un dirigente europeo, pero ahora las economías emergentes podrían reclamar más atención.

Rompe con muchas de las habituales barreras directivas

Christine Lagarde, que no es economista de formación sino abogada, va abriendo puertas en favor del feminismo que parecían completamente cerradas hasta entonces. Fue la primera ministra de Finanzas de un país del G8 (Francia) y en 2011 su nombramiento como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) también la situó la primera de la lista. Ahora su nominación a presidir el Banco Central Europeo (BCE) es incluso más importante ya que este es uno de los órganos de poder más masculinizados de la eurozona.

De hecho, las quinielas en torno a quién la sucederá al mando del FMI apuntan a una lista formada solo por hombres. Se espera que después de su dirección con brazo fuerte en el Fondo, también tenga este grado de resolución al frente del BCE, como su antecesor Mario Draghi.

La mayor diferencia respecto a su entrada en el FMI es que su reto al frente del BCE a los 63 años será ver cuándo y cómo pasar de la política de estímulos financieros que ha sostenido gran parte de la recuperación económica europea los últimos años a una estrategia financiera más clásica, volcada en unos tipos de interés que están en su mínimo histórico desde marzo de 2016.