Subida salarial

La productividad es el diferencial último que puede permitir un incremento sostenible en las remuneraciones laborales

El principio de acuerdo alcanzado por CEOE y Cepyme con Comisiones Obreras y UGT, estableciendo un marco general para el incremento salarial en los convenios, aporta tres buenas noticias. La de la recuperación efectiva del diálogo social cuando la economía ofrece signos positivos, la de la legitimación de la negociación en cada sector o empresa y la de la salida dada a una diatriba que amenazaba con enquistarse sobre la evolución salarial. Ayer sindicatos y patronal dieron cauce a la subida de las remuneraciones en el ámbito laboral. Un paso adelante que hace justicia, en tanto que traslada a las nóminas los beneficios de las empresas; y que contribuye a la reactivación y al bienestar, en tanto que anima la disposición al consumo de las familias. El propósito de situar la retribución de 14.000 euros como suelo en los convenios abunda en la compensación hacia los puestos de trabajo que peor lo pasaron durante las dos recesiones de la crisis. Junto a ello, la mera inducción del incremento en los salarios, el mero supuesto de que las personas contratadas puedan ver que sus cotizaciones a la Seguridad Social aumentan también, permite resituar la discusión respecto a la sostenibilidad del sistema de pensiones sobre la base de las actuales y futuras relaciones industriales. No obstante, el acuerdo de ayer transfiere la responsabilidad de que los asalariados recuperen poder adquisitivo a la capacidad que empresas y trabajadores muestren para alcanzar un 2% de subida salarial negociada hasta 2020, y para completar ese incremento con tasas de productividad que hoy parecen lejanas para la inmensa mayoría de la economía real. No resulta fácil que el 1,56% de incremento medio actual suba hasta el 2% en lo que resta de 2018 y durante 2019. Mucho menos que los salarios se eleven hasta ese 3%. Ayer, patronal y sindicatos suscribieron una recomendación general que será efectiva si se hace realidad en cada lugar de trabajo; si empresas y contratados lo asumen como el pacto social más consecuente con la recuperación. Claro que la productividad no es un índice orientado solo para fijar salarios; es el diferencial que permite a una economía nacional abrirse paso en la globalización. Por eso, la productividad es el diferencial último que puede permitir un incremento salarial sostenible.

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