Los premios a la Conservación de la Biodiversidad reconocen el valor de organizaciones nacidas de la sociedad civil en la defensa de la naturaleza

Los premios a la Conservación de la Biodiversidad reconocen el valor de organizaciones nacidas de la sociedad civil en la defensa de la naturaleza

Estos galardones de la Fundación BBVA fueron creados en 2004 para reconocer actuaciones de conservación basadas en el conocimiento científico y con énfasis en la obtención de resultados de amplio impacto, además de la labor de sensibilización social

Hace un siglo, solo el 15% de la superficie terrestre se dedicaba a cultivos y pastos; el último mapa global de la naturaleza, publicado recientemente en la revista Nature, revela que más del 77% del territorio –sin la Antártida– y el 87% del océano sufre el impacto directo de la acción humana. En un trabajo tras otro, los científicos constatan que estos cambios están provocando una extinción acelerada de especies cuyas consecuencias para la humanidad son al menos tan graves como las del cambio climático. Para combatir este fenómeno es esencial la labor de organizaciones nacidas de la sociedad civil, como las que reconocen los Premios Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad. La ceremonia de entrega de la XIII edición de estos galardones ha congregado este jueves en la sede madrileña de la Fundación BBVA a numerosos representantes de la comunidad de conservación, entre ellos naturalistas, investigadores, miembros de organizaciones ambientales y comunicadores.

El presidente de la Fundación BBVA, Francisco González, ha resaltado el impacto social de las organizaciones de defensa de la naturaleza: «Anteriormente la labor conservacionista estaba circunscrita a organizaciones minoritarias. Afortunadamente hoy el público ha interiorizado bastantes elementos de la visión conservacionista. Contamos con un amplio espectro de organizaciones, locales unas, globales otras, capaces de dar vida a programas significativos, unas veces a través de formas de acción colectiva y demandas a los decisores públicos y privados, otras impulsando y gestionando programas conservacionistas. Ambas son estrategias imprescindibles dada la magnitud de los retos a abordar en esta primera parte del siglo XXI».

«Seguimos sin ser plenamente conscientes de nuestra total dependencia de la biodiversidad», ha señalado Francisco González, recalcando que sin insectos polinizadores, o sin el plancton sostenedor de la cadena trófica, no es posible nuestra civilización. «Damos por hecho la obtención ininterrumpida de estos servicios proporcionados por los ecosistemas; y, sin embargo, estamos alterándolo gravemente».

Para el presidente de la Fundación BBVA, «contraponer la especie humana a las demás, como si el resto de los habitantes de la Tierra poblaran un escenario que nosotros solo contemplamos, es una visión errónea. Los humanos también estamos en el escenario de la naturaleza, y somos actores protagonistas de lo que en ella ocurre. Nuestra propia supervivencia depende de que seamos capaces de preservar la extraordinaria riqueza del hogar planetario que compartimos todos, la casa común de la Humanidad, el único lugar del universo donde, hasta el momento, tenemos la certeza de que ha surgido la vida».

Complementando esta visión de la biodiversidad –el llamado «conservacionismo utilitario»–, Francisco González ha defendido también el «conservacionismo biocéntrico, la actitud de conservar porque reconocemos que todas las formas de vida con las que compartimos el Planeta son valiosas en sí mismas y merecedoras de respeto».

El presidente de la Fundación BBVA se ha referido a los dirigentes que «siguen negando o deflactando la evidencia sobre la gravedad del desafío ambiental», pero también a «otros líderes y decisores mejor informados» que sin embargo expresan «tan solo un compromiso genérico, tibio, muy por debajo de lo esperable».

Un encuentro entre la sociedad y la naturaleza

En esta edición han sido galardonadas dos actuaciones de conservación extensas en el tiempo y que fomentan una relación humana sostenible con el entorno, beneficiosa tanto para la naturaleza como para sus pobladores.

En la categoría de España, el premio se ha otorgado a la Fundación Naturaleza y Hombre, por su proyecto para proteger el Oeste Ibérico. Su presidente, Carlos Sánchez, cree que «aún se presta muy poca atención a la conservación de la biodiversidad, pese a lo abrumadora de la situación. Naciones Unidas ha advertido que la pérdida de biodiversidad es tan peligrosa como el cambio climático. Detenerlo es responsabilidad de la sociedad y las instituciones».

Sánchez ha recordado al recibir el premio que «en las áreas donde trabajamos ayudamos a la conservación de especies y de los hábitats pero también al desarrollo humano. Nosotros no podemos legislar, pero sí podemos 'acordar'. Por eso nuestra labor es un encuentro entre la sociedad y la naturaleza».

En la nueva categoría Mundial de los galardones, el premio se ha otorgado a la Fundación Moisés Bertoni para la Conservación de la Naturaleza de Paraguay, por su trabajo en la Reserva de Mbaracayú, un bosque reliquia de los que hace menos de un siglo cubrían la región. Su director, Yan Speranza, ha resaltado en su discurso su «convicción de que la creación de valor económico, social y ambiental al mismo tiempo y en el territorio es la forma de entender el verdadero desarrollo, eso que llamamos desarrollo sostenible».

Para Speranza, «el paradigma de la conservación no puede estar separado de la gente, como protegiéndose de la misma, sino que debemos seguir integrándonos activamente a las comunidades. Este premio nos compromete a seguir innovando, desarrollando tecnología social de vanguardia que nos permita precisamente identificar nuevas oportunidades para resolver los problemas complejos que se presentan en los territorios».

En la categoría de Difusión del Conocimiento y Sensibilización el premio se ha concedido a los periodistas Rafael Serra, José Antonio Montero y Miguel Miralles, por su labor al frente de Quercus, la revista decana del medio ambiente en España.

«Quercus es un milagro mensual», ha declarado Serra, director de la revista, en nombre de los tres premiados. «Si ahora mismo se proyectara algo parecido, cualquier mente sensata lo rechazaría por inviable. Pero ahí está, a punto de cumplir 37 años y 400 números». El periodista también ha destacado el hecho de que sea la primera vez en la historia de estos galardones que se reconoce «a un equipo, un colectivo que ha dedicado su vida a que Quercus siguiera publicándose regularmente», tres profesionales que siempre creyeron que «era una revista necesaria».

Los Premios Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad

Creados en 2004, los galardones medioambientales de la Fundación BBVA incluían hasta ahora dos categorías para actuaciones en España y Latinoamérica, pero en la presente edición esta última categoría se ha expandido para reconocer a proyectos de conservación en todo el resto del mundo, redoblando así el compromiso de la Fundación BBVA con la conservación de la biodiversidad a escala global. Finalmente, una tercera categoría premia la labor de difusión y sensibilización de la sociedad en este terreno tan fundamental para el futuro de la vida en la Tierra. El jurado de los premios, dotados con un total de 580.000 euros, está integrado por expertos científicos, comunicadores y representantes de ONGs (ver composición al final), que aportan así perspectivas complementarias sobre la conservación de la naturaleza.

A lo largo de su historia los premios han sido concedido a un amplio y variado abanico de entidades, entre las que se encuentran grandes organizaciones ecologistas y naturalistas, como WWF y SEO/Birdlife; asociaciones enfocadas en una especie o género, como la Fundación Oso Pardo, el Programa para la Conservación de los Murciélagos en México y el Programa Ballena Franca Austral en Argentina; actuaciones sobre ecosistemas específicos, como el trabajo de la Fundación Global Nature en humedales; y entidades públicas cuya labor es esencial en la defensa de la naturaleza, como el SEPRONA o la Fiscalía de Medio Ambiente.

Perfiles de los premiados en la XIII Edición

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Fundación Naturaleza y Hombre: presencia humana sostenible como agente de biodiversidad

El oeste de la Península Ibérica constituye una de las mayores extensiones de naturaleza en toda Europa: 2,5 millones de hectáreas en Salamanca, Cáceres y Zamora y en el centro de Portugal, que albergan especies amenazadas como el buitre negro, la cigüeña negra o el águila-azor perdicera, y multitud de hábitats: dehesas, bosques de ribera, cortados rocosos y estanques temporales mediterráneos, entre otros. La prioridad para la Fundación Naturaleza y Hombre es que los pobladores humanos no se marchen, y que su actividad sea sostenible.

Se trata de un territorio poco fértil, con un clima duro, alejado de las grandes capitales y sin arterias importantes de comunicación. Estos rasgos han favorecido la buena conservación de la naturaleza, lo que no impide que se ciernan amenazas graves sobre la región. Entre ellas una de las principales es el envejecimiento demográfico y la despoblación, puesto que «la historia de esta naturaleza está estrechamente vinculada a los poblamientos humanos. Las dehesas, en especial, son un paisaje construido por el hombre a lo largo de los siglos», describe Carlos Sánchez.

Para la Fundación Naturaleza y Hombre, «esta zona requiere de manera urgente una gestión activa, intensa y coordinada, de la que actualmente carece debido a la falta de una visión conjunta».

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Fundación Moisés Bertoni (Paraguay): el poder de la educación como instrumento de conservación

El área de influencia de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú, en Paraguay, es uno de los focos de mayor biodiversidad terrestre: la última mancha de bosque atlántico que queda en el país tras una intensa deforestación, capaz de arrasar el 90% de la cubierta boscosa de la región en medio siglo. Conservar Mbaracayú es la razón de ser de la Fundación Moisés Bertoni, creada en 1981. Para cumplir su objetivo esta organización ha tenido en cuenta a los 30.000 habitantes de la zona, un complejo mosaico de grupos que incluye comunidades indígenas y campesinas, en general con escasos recursos. Su modelo de conservación busca la sinergia entre el bienestar de las personas y el de la naturaleza.

«Cuando empezamos», señala Yan Speranza, «nos dimos cuenta de que la única manera de plantear esto a perpetuidad era trabajar con quienes viven allí. En los años noventa el paradigma en conservación era separarse de la gente. Nosotros dijimos: no, necesitamos conectarnos con las personas».

El proyecto estrella de la Fundación es el Centro Educativo Mbaracayú, al que asisten, becadas, mujeres jóvenes de la región. «El acceso a la educación es bajo en general en la región, pero las niñas lo sufren aún más. Por eso nos hemos centrado en las mujeres. Además los estudios demuestran que las mujeres con capacidad de tomar decisiones invierten en la familia, e influyen en el bienestar de sus comunidades. Es impresionante el efecto de la formación en personas que nunca han salido de su entorno más inmediato». Entre 2009 y 2017 han obtenido el título en Bachiller Técnico en Ciencias Ambientales en el Centro Educativo Mbaracayú unas 250 jóvenes, de las que la mitad de ellas han ido después a la universidad.

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Revista 'Quercus': Un compromiso muy fuerte con la conservación de la naturaleza

Quercus divulga cada mes la información más relevante en ecología y biología de la conservación, basándose en las fuentes más sólidas. Es sin duda «la revista decana» de la prensa ambiental española, en palabras del jurado. Nació en 1981 impulsada por la «efervescencia» de la transición a la democracia, explica su director, Rafael Serra.

Por entonces surgió también el movimiento ecologista en España, y Quercus tuvo un papel canalizador «de toda esa actividad, de todas esas inquietudes». Entre 1988 y 2013 la revista fue editada por un grupo editorial potente, América Ibérica, pero ese soporte desapareció con la crisis y Serra, junto con su redactor jefe, José Antonio Montero, y su director de arte, Miguel Miralles, decidieron adquirir la cabecera y hacerse cargo de la revista.

«Aunque nos dio mucho vértigo, nos empeñamos en que Quercus siguiera viva», dice Serra, «y así de alguna manera hemos vuelto a las andadas de sus primeros años, a la revista que se hace de una forma prácticamente artesanal, sin apenas publicidad, y básicamente gracias al apoyo de sus compradores y suscriptores». Hoy la revista tiene una difusión de unos 15.000 ejemplares, aunque la repercusión es mucho mayor, porque 700 de sus suscriptores son colectivos como bibliotecas, universidades y ONG.

Gran parte de su éxito radica en que sus principales fuentes «son los que manejan la información ambiental de primera mano: las ONG, el mundo científico y técnico, y también el observador de a pie», señala Montero. También, «un compromiso muy fuerte con la conservación de la naturaleza» que comparten los periodistas responsables de la revista con su comunidad de lectores.

Jurado

El jurado de esta edición ha estado presidido por Rafael Pardo, director de la Fundación BBVA, y ha contado como vocales con Araceli Acosta, jefa de prensa del Ministerio para la Transición Ecológica; Alberto Aguirre de Cárcer, director del diario La Verdad de Murcia; Caty Arévalo, directora de comunicación del Ministerio para la Transición Ecológica; Marta Barluenga, científica titular del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC); Miguel B. Araújo, profesor de investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC); Javier Benayas, profesor titular del Departamento de Ecología, Universidad Autónoma de Madrid; Marta Coll, investigadora en el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC); Juan Carlos del Olmo, secretario general de ADENA/WWF España; Jesús Muñoz, investigador científico del Real Jardín Botánico (CSIC); Josep Peñuelas, investigador principal de la Unidad de Ecología Global, Centro de Investigación Ecológica y de Aplicaciones Forestales (CSIC); y Antonio Vercher, Fiscal de Sala Coordinador de la Fiscalía de Medio Ambiente y Urbanismo.