Parados mayores de 55

Resulta obligado reformular las políticas activas de empleo, acercando a los ciudadanos con más dificultades las competencias y recursos necesarios para que puedan encontrar un empleo que dignifique su vida. De nada sirve empoderar a los mayores si luego se encuentran con un mercado laboral que les da la espalda

FRANCISCO MESONERODirector general de la Fundación Adecco

Jamás volveré a trabajar». Esto es lo que piensan el 58% de los parados mayores de 55 años en España, una desazón que tiende a incrementarse, aumentando así el riesgo de cronificación del desempleo y, por ende, el riesgo de vulnerabilidad.

El año 2018 se cerró, en Extremadura, con un 7,7% menos de desempleados que el año anterior; sin embargo, los desempleados mayores de 55 años tienden a incrementar su proporción sobre el total de parados, una tendencia también presente a nivel nacional. Así lo avalan las cifras: hace 10 años, los desempleados mayores de 55 años representaban un 8,6% del total de parados, mientras que hoy el porcentaje se incrementa al 13,1%. Los datos no pueden entenderse sin señalar las causas que subyacen tras este aumento: envejecimiento poblacional, cronificación del desempleo y existencia de una serie de prejuicios, tanto en el tejido empresarial como en la sociedad.

En este escenario, la incorporación de los desempleados mayores 55 años al mercado laboral es clave para la sostenibilidad de nuestras empresas y, en general, de nuestra economía. Sin duda, es un contrasentido discriminar por edad en una sociedad que registra máximos históricos de envejecimiento y que prevé continuar con esta tendencia en los próximos años. Recordemos que Extremadura registra máximos históricos de envejecimiento, anotando un índice de longevidad del 137% (137 mayores de 64 por cada 100 menores de 16), frente al 120% nacional.

Los seniors encuentran grandes dificultades para colocarse o reengancharse al mercado laboral, con lo que no consiguen abandonar las listas del paro. Esto se debe principalmente a la desactualización de competencias y a los prejuicios asociados a la edad. Además, el peligro de estos estereotipos es que pueden influir negativamente en el concepto y la imagen que los mayores de 55 años tienen de sí mismos, llegando a disminuir su confianza y entorpecer su inserción al mundo laboral. Por este motivo, resulta fundamental erradicar los prejuicios y las creencias sesgadas que ofrecen una visión distorsionada de lo que significa ser senior.

Tras perder el empleo de toda la vida o después de largos periodos de inactividad, se enfrentan a un mercado diferente al que conocían, con un gran desconocimiento en cuanto a las nuevas fórmulas de búsqueda de empleo. A las causas, también se suma la cronificación del desempleo de los mayores de 55 años. Como muestra, un 58% de los desempleados mayores de 45 años es de larga duración, frente al 45% general. Asimismo, las listas de desempleo se han visto engrosadas por una importante masa de seniors –fundamentalmente mujeres– que siguen incorporándose al mercado laboral tras largos periodos de inactividad, para compensar los efectos de economías resentidas por los efectos a largo plazo de la crisis. Así, pasan de la inactividad al desempleo de larga duración, debido, en primer lugar, a las dificultades y el desconocimiento a la hora de reciclarse profesionalmente, así como a la discriminación que experimentan. Esto conduce, en muchos casos, al trabajo en la economía sumergida, dejando a estos profesionales desprotegidos y expuestos a la precariedad y exclusión.

Es necesario prestarle especial atención pues existe una estrecha relación entre el desempleo y la pobreza. El empleo funciona como indicador para medir el bienestar social y la madurez de una sociedad, y la actividad es la mejor forma de combatir situaciones de pobreza y exclusión.

La ausencia de relevo generacional solo puede subsanarse si todas las personas encontramos oportunidades laborales donde aportar nuestro talento y sanear la economía de nuestro país. Además del valor que aportan los mayores de 55, las empresas tenemos una responsabilidad a la hora de captar y retener talento senior, pues en la mayoría de los casos requieren de unos años más de cotización para acceder a la pensión, una recompensa de muchos años de trabajo. En este escenario, resulta obligado reformular las políticas activas de empleo, acercando a los ciudadanos con más dificultades las competencias y recursos necesarios para que puedan encontrar un empleo que dignifique su vida. De nada sirve empoderar a los mayores si luego se encuentran con un mercado laboral que les da la espalda. Por ello, es imperativo evaluar a los candidatos en base a criterios cualitativos, que nada tienen que ver con datos sociodemográficos. Olvidarse de cualquier etiqueta es fundamental para el desarrollo saludable y sostenible de una empresa. Puede resultar más complejo de entrada, pero es mucho más efectivo en el largo plazo.