¿Qué hacemos ahora con nuestros ahorros?

Tenemos que ser conscientes del escenario tan complejo en el que estamos, casi diabólico y, por tanto, hay que ser extremadamente cautelosos y, desde luego, no oír cantos de sirenas

BARDAJÍ & ASOCIADOSAsesores financieros

Un prestigioso diario económico publicaba recientemente una noticia que, sin duda, le resultará sorprendente a muchos: varias empresas se están financiando ya emitiendo pagarés a tipos negativos. Es decir, que no solo no retribuyen, sino que cobran. De hecho, esta práctica era ya habitual en las emisiones de deuda pública a corto y medio plazo, pero no lo era en el de empresas privadas.

Entendiendo en cualquier caso la situación como coyunturalmente anómala, lo cierto es que en los últimos meses muchos ahorradores son los que se preguntan qué hacer con su dinero en el escenario actual, preocupación minorada por el entorno de inflación tan bajo que tenemos.

Las alternativas 'históricas' a la renta fija las podríamos encuadrar en los siguientes estancos: renta variable, inmobiliaria, divisas, metales, renovables y criptodivisas. Partiendo de una rentabilidad tendente a cero en la renta fija, analicemos los pros y contras de las restantes alternativas.

La renta variable ha tenido estos últimos años una evolución muy positiva fuera de nuestro país y los principales índices foráneos están en zona de máximos históricos. Aquí el Ibex se ha quedado muy rezagado y la inestabilidad política de una parte, y los desequilibrios macro de otra, han ahuyentado a los inversores del parqué. Así las cosas, no parece que el medio plazo presente unas perspectivas muy halagüeñas, y solo el durísimo correctivo que han recibido algunos valores le da cierto potencial, siempre que se sea extremadamente cauto en la selección de nuestras compras. El mercado inmobiliario –al menos en las grandes ciudades– también está presentando síntomas de agotamiento y ya se empiezan a oír voces alertando de la formación de una nueva burbuja, sobre todo en el alquiler. Habrá pues que ser también muy precavidos si pretendemos replegarnos en este sector.

Tampoco parece claro que el euro vaya a encontrar acomodo fácil con el dólar y los fuertes desequilibrios de las principales economías de su zona no le auguran gran porvenir a nuestra divisa. Apostar a favor o en contra de una u otra moneda es casi jugar a la ruleta: puede salir par, puede salir impar.

Desde la quiebra de Lehman en 2008, muchos inversores buscaron refugio en el oro que, en la última década, ha doblado su precio y aunque podría tener aún cierto recorrido, el rally más provechoso parece haberse agotado ya.

La inversión en renovables está ahora copada exclusivamente por las grandes compañías del sector, al exigir la nueva legislación desembolsos multimillonarios para poder rentabilizar los proyectos, quedando el minorista sin más opción que acceder a pequeñas instalaciones para autoconsumo.

Finalmente, las criptodivisas. Estas se mueven en un marco oscuro, nada trasparente, con una volatilidad extrema y sin una base que responda a la más mínima lógica. Si en cualquier inversión hay que ser prudentes, con las criptodivisas, especialmente. No habría que descartar que el próximo gran escándalo financiero venga de la mano de estos activos.

Analizadas someramente todas las opciones y sus problemáticas, coincidirán con nosotros que la pregunta con que titulamos este artículo no es gratuita. ¿Qué hacemos ahora con nuestros ahorros? Tenemos que ser conscientes del escenario tan complejo en el que estamos, casi diabólico y por tanto hay que ser extremadamente cautelosos y, desde luego, no oír cantos de sirena. Estas situaciones son propicias para que 'fulleros' y 'embaucadores' intenten hacerse con nuestros ahorros sin miramientos ni escrúpulos sobre dónde invertirlos, ofreciendo retornos sugerentes imposibles de alcanzar, a no ser asumiendo un alto riesgo. No olvidemos que convivimos con una inflación reducidísima y que, para mantener nuestro poder adquisitivo, no necesitamos buscar inversiones de alta rentabilidad, sino optar por inversiones de alta seguridad. Esa es la clave.

La situación actual es compleja. Sin duda. Pero más compleja aún lo era a finales de 2008 cuando la quiebra de Lehman Brothers hizo tambalearse a todo el sector financiero mundial, o peor aún a finales de 2012, cuando España estuvo a punto de ser intervenida por Bruselas, ante el manifiesto deterioro de nuestras cuentas públicas.

Sigue habiendo muchísimos desajustes económicos, siguen sin afrontarse reformas estructurales imprescindibles, sigue incrementándose una deuda pública galopante, sigue sin corregirse un déficit desbocado, la situación política –nacional e internacional– sigue siendo muy tensa y, en definitiva, siguen abiertos muchísimos de los frentes que desde hace años acucian a las principales economías mundiales, con dos focos especialmente alarmantes: la guerra comercial EE.UU./China y el Brexit. Problemas mayúsculos ambos.

En este contexto no es fácil ni establecer una estrategia ni mucho menos acertar con ella, pero si somos asesoramos por profesionales serios a los que traslademos con precisión nuestro perfil inversor, para que nos confeccionen una cartera a medida y acudimos a entidades de primer nivel, minimizamos mucho el riesgo. El curso económico que empieza estos días va a ser complicado, pero no más complicado que lo fue 2008, 2011 ó 2012. Habrá que estar especialmente vigilantes con nuestras posiciones y controlar el riesgo, pero no por ello renunciar a las oportunidades que presentan algunos activos especialmente deteriorados estos últimos años. Hay alternativas, pocas… pero 'haberlas haylas'.