Futuro incierto

La clase política tiene la obligación de dotar a los jóvenes de los medios necesarios para que inicien un proyecto de vida propio

Con motivo del Día Internacional de la Juventud, que se celebró ayer, han visto la luz varios informes que dibujan un panorama nada halagüelo para la generación que, en breve, llevará las riendas de nuestro país. Cuatro de cada diez parados tienen entre 16 y 34 años, y eso que el paro juvenil se redujo en casi 100.000 en el último año. De los diez millones de jóvenes en esa franja, el 12% está en paro, el 33% inactivo y el 61% tiene un trabajo o lo está buscando. Entre los menores de 24 años, la tasa de desempleo es aún del 30% y dos de cada cinco parados tiene menos de 35 años. Este panorama laboral es una de las causas de la baja tasa de emancipación, que en España se produce en promedio a los 30 años, según el Observatorio de la Emancipación del segundo semestre de 2018. O, por estratos, entre los jóvenes menores de 29 años la tasa de quienes se independizan es del 19% –menos de uno de cada cinco–, en tanto que entre los 30 y los 34 años es ya del 71,8%. La emancipación requiere disponer de un puesto de trabajo, pero además depende de otros factores, básicamente el salario y la vivienda. Los más jóvenes, menores de 29 años, optan por alquilar: solo un 29% de los menores de 29 años dispone de vivienda en propiedad en España, frente al 59,2% que tienen un arrendamiento. Pero la situación del mercado inmobiliario plantea otro problema: el precio medio de la vivienda en alquiler en España en 2018 fue de 862 euros, lo que, para una persona de entre 16 y 29 años, supone un 105,25% de su salario, mientras que para los jóvenes entre 30 y 34 años representa el 67,3%. Lógicamente, estas cifras son disuasorias. En definitiva, están incorporándose al mercado laboral –a la vida real– las generaciones mejor preparadas de nuestra historia y tienen que hacerlo en unas condiciones sensiblemente peores que las que tuvieron que afrontar sus padres. Solo con una estabilidad laboral y económica, los jóvenes podrá emanciparse en unas condiciones similares a las de hace 15 o 20 años. La instalación de los jóvenes debería ser la gran prioridad para todos los partidos, tanto por razones de ética pública cuanto porque no hay otro modo de interesarlos en la política de este país, que pronto quedará en sus manos.