Análisis

Vettel pierde el rumbo

El monoplaza de Sebastian Vettel, tras el incidente con Max Verstappen en Silverstone. /Valdrin Xhemaj (Efe)
El monoplaza de Sebastian Vettel, tras el incidente con Max Verstappen en Silverstone. / Valdrin Xhemaj (Efe)

El tetracampeón atraviesa los momentos más duros de su carrera y su accidente contra Verstappen en el Gran Premio de Gran Bretaña es el síntoma de un problema mayor

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

Sebastian Vettel ha perdido su estrella. El piloto que estaba llamado a ser el gran líder de la siguiente generación y de pelear carrera sí y carrera también con Lewis Hamilton por cada Mundial se encuentra en su peor momento, no tanto deportivo como personal. Lo ocurrido en el circuito de Silverstone no es más que un ejemplo de que el fulgor que tenía hace no tanto se está apagando poco a poco.

No es el primer error que comete, ni mucho menos, en esta situación de lucha detrás de Lewis Hamilton y Mercedes. Ya el año pasado perdió una victoria cantada en el Gran Premio de Alemania por un accidente sin nadie a su alrededor, y este año ha tenido groseros fallos que le han dejado fuera de juego: en el Gran Premio de Baréin un trompo le dejó fuera de juego, en el de Canadá se salió cuando intentaba retener a Hamilton y acabó siendo sancionado por echarle contra el muro y, sobre todo, en Silverstone se le fue totalmente la cabeza al no saber leer bien una frenada de Verstappen. Esto sólo en carrera, que en entrenamientos y clasificaciones ha tenido también unas cuantas desconexiones, como el golpe en los terceros libres del Gran Premio de Mónaco.

Todos estos incidentes tienen un elemento en común: se han producido por despistes y malos juicios de Vettel. La coraza mental con la que cualquier piloto afronta una carrera de Fórmula 1 se resquebraja con una facilidad impropia de un piloto de la talla del de Heppenheim, que cuenta con un palmarés de los más espectaculares de la historia de la competición.

Más información

Hay varias diferencias notables con respecto a 2018. Si el año pasado aún hubo oportunidad de meterle mano a Hamilton y a Mercedes, en este 2019 se ha visto que son coches imposibles de cazar. El W10 es un monoplaza que funciona de manera casi perfecta, que cuida los neumáticos como ninguno (¿cómo se explica que Hamilton haga la vuelta rápida con unos duros destrozados en la última vuelta del Gran Premio de Gran Bretaña?) y que tiene a un Lewis Hamilton en el mejor estado de forma de su vida, merced al aumento del peso del coche más piloto que ha impuesto la normativa.

Pero sobre todo, a Vettel le ha salido un rival muchísimo más duro de pelar de lo que él pensaba en el box de al lado. Charles Leclerc ya se preveía como una joya que iba a brillar en el futuro, pero como cualquier piloto joven, había que verle en acción. Y en diez carreras ha demostrado de sobra que los galones de Vettel ni le intimidan, ni le hacen frenar, ni mucho menos le suponen un problema. Prueba de ello es que sólo ha tardado media temporada en comerle la tostada y tras Silverstone sólo 3 puntos separan a todo un tetracampeón del mundo de un chaval que lleva dos años en Fórmula 1 y que acaba de entrar en Ferrari.

Leclerc, apuesta segura de futuro

A Charles Leclerc aún no se le ha visto en lo más alto del podio, pero ni falta que hace. Un inoportuno fallo en el motor le apartó de la victoria del Gran Premio de Baréin, una pifia grosera en boxes le dejó fuera de juego en Mónaco y las incontables órdenes de equipo para intentar mantener el 'statu quo' en el equipo de Maranello han impedido que esté por delante de su teórico jefe de filas. Todo ello con actuaciones que han levantado de los asientos a una afición sedienta de ídolos y luchas en pista, y que han encontrado en el 'hermano pequeño' del añorado Jules Bianchi a un ídolo a seguir.

Toda acción tiene su reacción, y lo de Leclerc viene tras la irrupción de Verstappen. Si el neerlandés ha provocado un efecto mariposa que ha traído el regreso de la Fórmula 1 a los Países Bajos, la entrada en escena como primer tenor al de Ferrari ha hecho que cada carrera se mire de otra manera. Mientras Vettel camina como alma en pena en cada circuito, su compañero Leclerc se gana por méritos propios los aplausos de público y rivales, empezando por el mismísimo Lewis Hamilton que ya le ha felicitado varias veces.

Buena papeleta tiene Mattia Binotto, el jefe de Ferrari. El veterano ingeniero debe decidir en las próximas carreras y, especialmente, en el parón de verano si mantiene el número 1 en el coche de Vettel o por el contrario juega la carta más arriesgada de situarlo a favor de Leclerc. De lo que decida dependerá en buena medida si la llama del alemán se hace más fuerte o, como se temen sus fans que hace no tanto sacaban pecho cuando veían penar a Fernando Alonso en McLaren, se va a ir apagando poco a poco hasta convertirse en un Kimi Räikkönen cualquiera. Pero sin un Mundial de rojo.