McLaren y Sainz tiran de coraje para recuperar el ánimo

El McLaren de Carlos Sainz, durante el Gran Premio de Mónaco./EFE
El McLaren de Carlos Sainz, durante el Gran Premio de Mónaco. / EFE

La actuación del madrileño en Mónaco quedó enmarcada en un doble adelantamiento que se ha llevado los elogios unánimes de la Fórmula 1

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

Cuando un extranjero convive mucho tiempo con un español, normalmente se adapta a su forma de hablar. Pocos idiomas más vehementes que el castellano, capaz de utilizar una treintena de términos distintos para referirse a lo mismo: valentía, coraje, valor, osadía, arrojo, brío, intrepidez, arresto, hombría, agallas, entereza, atrevimiento, denuedo... Echarle tal supone mostrar un coraje, un valor o una osadía muy al alcance de muy pocos. Por eso, ver esa muy española expresión escrita por un muy americano Zak Brown chirría, aunque no de manera negativa.

El CEO de McLaren llevaba una semana para olvidar. El desastre de las 500 Millas de Indianápolis hizo que los términos Triple Corona y Fernando Alonso fueran sinónimo de un amargor especial, sobre todo en una semana como la que tradicionalmente acaba con la cita en el óvalo más famoso del mundo y el GP de Mónaco. En la primera no llegaron ni a participar por una serie de errores más propios de una comedia de Rowan Atkinson, Mr. Bean, que de profesionales dedicados al automovilismo deportivo. En el segundo, disputado en el Principado más famoso del mundo, tenían que sacar un buen resultado o, al menos, no hacer un espantoso ridículo que les pusiera aún más en la picota, con el propio Brown a la cabeza.

Ahí apareció la figura de Carlos Sainz. Con una salida fulgurante que sólo vieron los que pudieron tener enchufada en su televisión o en sus dispositivos informáticos la cámara subjetiva del piloto, se dejó atrás a los dos pilotos de Toro Rosso. A ambos por la parte exterior de la curva 3 y en apenas unos pocos metros. Entre guardarraíles, con la adrenalina a 1.000 por hora y la certeza de que podía salirle muy mal la apuesta, Sainz mostró unas agallas que muy pocos habrían tenido. Le echó un par de esos que decía Brown en Twitter: «Gran movimiento de Carlos Sainz en la primera vuelta en la plaza del Casino», escribió, con el hashtag citado de las gónadas.

No le falta razón a Brown de calificar así la actitud de Sainz. Después de un inicio de temporada nefasto, con tres abandonos como tres soles, el español se ha erigido en el líder que se esperaba de él, dentro del contexto en el que se mueve la actual McLaren. Si tiene que quejarse, se queja; si tiene que elogiar, elogia; y si tiene que festejar, festeja. Es lo que ocurrió el domingo, que después de consumar un sexto puesto y meterse entre los diez primeros por tercera carrera consecutiva, a Sainz el cuerpo le pedía fiesta.

Dicho por él, parece sencillo lo que hizo en la primera vuelta de Mónaco. «He salido bien y casi paso a Gasly y a Kvyat, pero me he quedado encerrado en la curva 1 y Albon me ha cogido el exterior. He llegado a la curva 3 en paralelo con Albon y me he tirado por fuera tan rápido que he visto que podía pasar a Kvyat también y les he pasado a los dos», relataba sonriente, casi trazando mentalmente los pasos sobre los pilotos de Red Bull y Toro Rosso.

Sainz va creciendo poco a poco dentro del seno de McLaren, donde son conscientes del potencial que tiene. No tiene el fulgor efervescente de un Max Verstappen o un Charles Leclerc, capaces ambos de llevar al límite esa idea tan 'senniana' de que si ves un hueco y no te tiras a por él, no eres un piloto de carreras. Pero sí es un corredor constante, de los que puede mantener una regularidad muy alta hasta colocarse muy por encima de lo que, por rendimiento y prestaciones puras, su monoplaza debería soportar.

No hay nada hecho, aún, pero Sainz se ha quitado de encima un peso importante. Lando Norris empezó la temporada por delante y muchos vieron cómo se desempolvaban los viejos sables, guardados desde 2007, cuando un imberbe piloto británico puso en ebullición la paciencia de un piloto español. Ni Norris es Hamilton ni Sainz es Alonso, ni mucho menos, pero las afiladas plumas de allá y de acá ya tenían preparada la tinta sangrante para clavar sobre el papel las crónicas de una nueva refriega anglo-española. Sainz se ha encargado, de momento, de apagar esos rescoldos a base de un comportamiento ejemplar tanto fuera como dentro de la pista, donde su relación con Norris no es ni mucho menos de enemistad, sino de una cercanía notable entre ambos.

Para llevar con buen pie este tipo de situaciones, también Sainz ha demostrado una madurez propia de quien se sabe comprometido con su trabajo. A veces, hay que echarle más 'bemoles' a eso que a adelantar a tres coches en Mónaco. Siendo esto último terreno vedado para el común de los mortales.

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