Mundial

Ferrari muere de amor por Leclerc

Charles Leclerc, con el equipo Ferrari. /Reuters
Charles Leclerc, con el equipo Ferrari. / Reuters

La victoria de Charles Leclerc en Monza le confirma como el ídolo de los tifosi, mientras la estrella de Sebastian Vettel se apaga

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

'Vivir así es morir de amor', cantaba el desaparecido y eterno Camilo Sesto. Algo así es lo que deben sentir los aficionados ferraristas en esta jornada de dulce resaca del GP de Italia. Para un buen tifosi, la victoria de Charles Leclerc en Monza es casi como una Champions League para cualquier madridista, barcelonista o juventino.

La fiesta en Monza fue absoluta. Nueve años han tenido que pasar para que las banderas del Cavallino Rampante lucieran orgullosas en lo más alto. «Había gente gritando y llorando de alegría. Llevo 20 años viniendo a los circuitos y nunca había vivido algo así». Estas palabras son del actor Liam Cunningham, gran aficionado a la Fórmula 1 y mundialmente conocido por su papel de Davos Seaworth en la serie Juego de Tronos. Él y las más de 200.000 personas que había en el circuito italiano alucinaron con la pasión con la que los ferraristas mostraron su amor por el que ya es su nuevo ídolo.

Y es que lo que hizo Charles Leclerc fue romper unas cadenas que duraban ya nueve años. Para muchos ferraristas ver el nombre de Fernando Alonso como el último en haber ganado defendiendo sus colores en el circuito de Monza dolía mucho. El paso del asturiano por Maranello no fue tan bueno como hubieran deseado, y de hecho aún escuede demasiado. La manera en la que Leclerc puso su nombre por delante del de Alonso fue, además, un extra para que la fiesta fuera absoluta.

La fiesta se trasladó de Monza a Maranello. Las campanas de la iglesia volvieron a repicar con fuerza, pero su tañido quedó tapado por el ruido del público. Las calles de la pequeña localidad aledaña a Modena se llenaron de gente que alzaba el puño en señal de victoria. Decenas de italianos bloquearon las calles de la ciudad, que vive por y para Ferrari desde que el Commendatore lo convirtiese en su base de operaciones. Coches pitando, música, banderas italianas y con el escudo de Ferrari… No fue la celebración de un título mundial, pero se le pareció mucho.

Vettel, en la sombra

Mientras por el lado de Leclerc todo eran sonrisas, champán y alegría, por el de Sebastian Vettel todo era preocupación. El alemán pasa sus peores días y su liderazgo está totalmente agrietado. Las palabras de Mattia Binotto por radio a Leclerc cuando cruzaba la meta son una buena muestra del cambio de roles que puede haber en el seno del equipo.

Este puede haber sido un punto y aparte en la carrera de Vettel. El sábado acabó bramando contra Leclerc, a quien ya sitúa como un rival directo, porque no había respetado el pacto que tenían a la hora de repartirse los rebufos. «Lo hablaremos internamente», dijo ante la prensa, antes de dirigirse a una reunión en la que los máximos responsables de Ferrari dejaron las cosas muy claras.

Sin embargo, por mucha charla que tuvieran, eso no justifica el flagrante, grave, irrisorio e indecente (adjetivos sacados de las crónicas de la prensa italiana este lunes) error de Vettel. Salirse absolutamente solo de la pista, tener un trompo y entrar en pista sin mirar, provocando un pequeño accidente. Los tres puntos de castigo que le impusieron en la FIA le colocan en el alero: tres más de aquí al 19 de octubre (y hay tres carreras de por medio) y verá cómo le excluyen en una carrera.

Más allá de lo que ocurrió en la carrera, en la celebración posterior tampoco estuvo a la altura. El enfado que tenía el tetracampeón era tal que tuvieron que ir a buscarle para que participara en la fiesta junto al equipo. A las buenas él siempre querría tener a su compañero dándole la enhorabuena, pero esta vez no mostró lo que su palmarés dice. La victoria de Leclerc, además, ha permitido al monegasco adelantarle en la clasificación general del Mundial, algo que no ha pasado desapercibido para unos tifosi que ven en este Vettel a la sombra del que nombraron heredero del mismísimo Michael Schumacher.

Las próximas semanas antes del viaje a Singapur, próxima cita del Mundial, serán determinantes en Ferrari. Leclerc deberá asumir su nuevo rol de líder del equipo, ganado en la pista a base de aguantar menosprecios y órdenes de equipo que muchas veces fueron incomprensibles. También será clave para Vettel recuperar la calma, consciente de que Mercedes ya ha empezado a mostrar debilidad y en Red Bull aún no han vuelto de vacaciones.