Automovilismo

El ¿último? vals de Fernando Alonso en la Fórmula 1

Fernando Alonso, el día en que se despidió de la Fórmula 1. /Ali Haider (Efe)
Fernando Alonso, el día en que se despidió de la Fórmula 1. / Ali Haider (Efe)

El asturiano cerró su etapa en el 'gran circo' el mismo año que se consagró como piloto de resistencia con la victoria en las 24 horas de Le Mans

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

Salvo que haya un esperado (y esperable) bis, Fernando Alonso ya se puede considerar expiloto de Fórmula 1. El asturiano puso fin a casi dos décadas centrado en el mayor campeonato de automovilismo de circuitos, harto de verse muy lejos de las victorias y muy mayor para mantener la ilusión por conseguir el paupérrimo botín de los puntos (cuando lo lograba).

El año 2018 pasará a la historia por ser el último de un piloto de otro tiempo, aquel que vio cómo caía el reinado de Michael Schumacher, otrora eterno, mientras que otros banderizos le superaban por encima tras un bienio dorado en Renault. El epílogo de su carrera fue en McLaren, la escudería que, con mucho, le ha dado los mayores sinsabores de su fructífera carrera deportiva en una competición de la que se va con el respeto de sus rivales y compañeros, pero con pocos tesoros más allá de los elogios.

Fernando Alonso deja la Fórmula 1 para que su puesto lo ocupe Carlos Sainz. Tanto en sentido literal, ya que será piloto de McLaren, como figurado: es el hijo del bicampeón del mundo de rallies y del Dakar a quien le corresponderá sentarse en ese 'Trono de Hierro' soldado por afiladas espadas que supone ser el ídolo de la afición española. Alonso acogió en su seno tantos amores como odios: el 'alonsismo' y el 'antialonsismo' caminaron juntos durante estas casi dos décadas, especialmente en la última cuando vieron más veces a Alonso hincar la rodilla que levantar el puño.

Alonso hace las maletas de una Fórmula 1 previsible que en 2019 tendrá seguramente a los mismos candidatos al título con algún invitado nuevo al festín

Alonso hace las maletas de una Fórmula 1 previsible, que en 2019 tendrá seguramente a los mismos candidatos al título con algún invitado nuevo al festín. Nada ni nadie presagia, salvo los más optimistas (o más interesados), grandes cambios en la parrilla.

Y eso beneficia, fundamentalmente, a Lewis Hamilton. El pentacampeón del mundo se sienta a la mesa de los mismísimos Juan Manuel Fangio y Michael Schumacher, con la certeza de que tras igualar al primero puede superar al segundo a no mucho tardar. La gesta le haría eterno; la tarea, hercúlea. Mercedes tumbó en este 2018 a una Ferrari que empezó tan bien como mal acabó. El Cavallino empezó rampando directo al título y acabó desbocado, con Vettel muy señalado y Maranello convertido en ese camarote de los hermanos Marx que sólo fue un ejército perfecto cuando el triunvirato Todt-Brawn-Schumacher comandaba las huestes rojas. Hamilton le dio la vuelta a un Mundial que se le había puesto muy cuesta arriba, y lo logró a base de tesón, ritmo y una superioridad prácticamente imposible siquiera de prever.

Ante la imposibilidad de regresar a viejas glorias, Alonso dejó de mirar las sombras para fijarse en lo que ocurría fuera de la caverna. Y ahí descubrió que podía ser mucho más. Si ser campeón del mundo de Fórmula 1 es algo que ya han conseguido otros 32 hombres en la historia de la competición, alzarse con las tres grandes pruebas del automovilismo mundial es algo que sólo logró un hombre, Graham Hill, hace medio siglo. El mismo Alonso que descubrió a muchos el mundo de la Fórmula, ahora ha metido en sus cabezas un concepto: la triple corona.

La consagración en Le Mans

Fernando Alonso descubrió en este 2018 que la competición no acaba en la Fórmula 1, y el sabor del champán se puede gozar en otro tipo de coches. Su asociación con Toyota en un año en el que la marca nipona es la única contendiente real por el título del Mundial de Resistencia le permitió ganar una de esas carreras marcadas a fuego por todo piloto: las 24 horas de Le Mans. En junio de 2018 se convirtió en el segundo español en subirse a lo más alto del podio del circuito de la Sarthe, tras Marc Gené en 2009. Alonso, junto a Kazuki Nakajima y Sebastien Buemi, consiguieron no sólo sus primeras victorias en Le Mans, sino también acabar con una maldición para Toyota que ya tenía visos de legendaria en el mundo del deporte.

Fernando Alonso, tras su victoria en las 24 horas de Le Mans.
Fernando Alonso, tras su victoria en las 24 horas de Le Mans. / Jean-Francois Monier (Afp)

A partir de ahora ese será su gran objetivo. pero no el único. Y es que en 2019 se abre las puertas a una nueva vida. Después de casi 20 años ligado a la Fórmula 1, Alonso empezará a gozar de otras competiciones, empezando por las 24 horas de Daytona a finales de enero. Después, de nuevo enfundado en el mono de Toyota, tratará de culminar el título de campeón del mundo de Resistencia, previo paso por las 500 Millas de Indianápolis, el último escalón que le queda a la gloria. Como dice el himno del Real Madrid, equipo que hace vibrar a Alonso cuando ve fútbol: historia que tú hiciste, historia por hacer.