Paz, respeto y libertad

Desfile nazi. /FEDEXCAZA
Desfile nazi. / FEDEXCAZA

Las primeras leyes de protección animal se acaban de publicar; el animalismo acaba de nacer. Hace frío, es un día gris, llovizna, se escuchan cánticos a lo lejos. Muchos permanecen asustados en sus casas, en las granjas... En los pueblos la incertidumbre del mañana se acentúa. El ecofascismo está de enhorabuena. Buscas el calor de la taberna, pides una Munich Dunkel, cerveza intensa y tostada; al fondo, un grupo de exaltados canta «Tomorrow belongs to me». Te ocultas, sollozas, aprietas los dientes, te callas y te vas.

Pudiera ser una pequeña narración del siglo en el que vivimos, o un pequeño fragmento de cualquier novela de medio pelo. Pero lo cierto es que las primeras leyes de protección de los animales y la naturaleza las promulgaron en la Alemania nazi de los años treinta. Mientras la edelweiss o flor de las nieves era protegida, Hitler, amante de los perros y más aún de los lobos, promulgaba las Leyes Raciales y comenzaba la cruel persecución de judíos, gitanos, homosexuales… Así nos lo contaba Juan Gracia Armendáriz en su Ventana del Diario de Navarra.

Hoy, las políticas ambientales y de bienestar animal de los años 90 en adelante, y los grupos ultra animalistas y ultra conservacionistas (partidos políticos, asociaciones ecologistas y protectoras de animales) están provocando un sentimiento de acoso y derribo en la sociedad rural, de rechazo ante lo que subyace del desconocimiento urbanita, que ni conoce, ni quiere conocer, la realidad rural. Ya no podemos aguantar más a toda esta gente que recita ese «Mañana nos pertenece» y todo ayer es injusto, desdichado, erróneo, perjudicial y nefasto. Sirva para ilustrarnos el artículo «Un país adanista e idiota», de Javier Marías.

Pongo voz a muchos miles de personas cansadas de que les impongan un modelo ideológico que les obliga a vivir como otros decidan que tienen que hacerlo. Voz para todos esos cazadores, pescadores, agricultores, pastores, ganaderos, leñadores, jornaleros, etc, que lo único que quieren es ser respetados, tener libertad para elegir lo que quieren hacer en su vida, y que se les tenga en cuenta como a cualquier otro sector que aporta vida, cultura y economía a nuestro campo, a nuestra región y a nuestro país.

Todo este cónclave en torno al mundo rural debe ser consciente y consecuente, y así hacerlo saber donde corresponda. La clase política debe entender el papel tan importante que juegan en la sociedad. Deben ser un eje vertebrador entre ciudadanos de muy distinta opinión. La política de polarización y confrontación debe acabar. Pedimos respeto, independientemente de lo que cada uno elija ser o hacer con su vida. Pedimos libertad, para vivir, trabajar, cazar, pescar, torear… El insulto, la amenaza, el prohibir todo aquello que no comparto, no conozco, o no entiendo debe tener fin. Vivamos en paz y respetándonos unos a los otros. Aquellos exaltados que cantaban «El mañana me pertenece» eran camisas pardas, eran nazis.