Reflexiones sobre Valdecañas

Reflexiones sobre Valdecañas
RAÚL SÁNCHEZ DE CASTRO

De mis 37 años de vida recuerdo muchos parajes y espacios naturales con especial cariño, pero como el río Tajo y el pantano de Valdecañas muy pocos. Conozco esta preciosa cuenca hidrográfica a la perfección, desde Talavera de la Reina a la presa de Valdecañas. Recomiendo a quien pueda que haga por conocerlo, disfrutar de sus paisajes, vegetación, fauna, de sus molinos, de sus canchales, de sus piedras, sus dólmenes, de los llamados mármoles de Talaverilla, como denominamos, El Pórtico de Augustobriga, de la inundada Talavera La Vieja. Entre ellos, he vivido parte de mi infancia y juventud, de lo que estoy muy orgulloso. Ahora lo disfruto con mis hijos y espero que algún día con mis nietos. Este río me dió y me quitó mucho en esta vida y, aun así, lo sigo teniendo un cariño muy especial.

Desde muy niño me apasionó el río y sus entresijos. A los 4 años, ya apuntaba maneras y tuve una aventura solitaria, escapándome de casa para ir a ver una de esas grandes crecidas primaverales, que me costó algún castigo de mis padres. Me buscaban como locos por casa y yo estaba viendo la crecida, cómo el agua inundaba Las Charcas o cómo pasaba por la zúa de los molinos. Siempre que podía me escapaba de casa y sabían dónde buscarme, a las orillas del Tajo. Me daban igual Las Charcas, que los molinos, la zúa, que el puente o el Colodrillo.

Me gustaba conversar con la gente mayor que había en las orillas pescando, les bombardeaba a preguntas sobre la pesca y el río. Aun recuerdo aquellos años en los que yo tendría 5 o 6 años y cada fin de semana venían a mi pueblo autobuses y coches llenos de pescadores. Era habitual ver los bares de El Pollo y La Explanada comentando la jornada de pesca. Qué vida nos daba el río en aquellos años.

Del río Tajo tengo enormes recuerdos y vivencias con amigos y familiares, navegando por él desde hace más de 30 años. Mi tío Manolo siempre nos llevaba a David, Jesús y a mí con él a navegar, coger espárragos, hacer esquí acuático o un simple chapuzón. La finca ganadera de mi familia linda con él, da agua a nuestro ganado y tiene unas preciosas vistas al molino de las Aceñas, donde este año tuve la suerte de abatir un jabalí en un bonito lance que mi pequeño recordara mucho tiempo. Quiero el río Tajo y lo entiendo como parte de mi vida.

Hace ya muchos años se extendió un rumor de que en un islote del pantano de Valdecañas se levantaría un complejo hotelero y residencial. En esa zona del pantano, entre los eucaliptos nos refugiábamos en su sombra cuando parábamos a comer en nuestros días de navegación o escapadas familiares al río. Allí hemos acampado en familia en innumerables ocasiones. Buscábamos campo, agua, naturaleza, paz y tranquilidad. Su playa natural de arena de río, que aún existe, nos daba mucho juego para bañarnos y pescar. El caso era estar tíos, primos y amigos juntos y felices, junto a nuestro querido río. Justamente donde se levanta ese espectacular complejo, he vivido grandes momentos de mi infancia y juventud, siempre rodeado de seres queridos.

Al principio, no entiendes cómo van a construir un complejo así en un lugar como ése. No le ves futuro y piensas que van a destrozarlo todo. Era un islote con un cerro, unos pocos eucaliptos en mitad de un secarral, donde no hay nada más que culebras, animales muertos y árboles caídos, entre el pasto alto y seco, que ya no hay ovejas que se lo coman. Una zona abandonada, de la parte despropiada del pantano que no tenía valor para nadie, salvo de los que disfrutábamos de ella. Rápido entendí que peor que estaba no podría estar. Vi el complejo como algo positivo para la comarca y teniendo negocios, el movimiento genera trabajo, riqueza y vida, algo que desgraciadamente es muy necesario.

A día de hoy, puedo garantizar que está mejor que estaba. Ahora hay vida, ahora hay miles de árboles, flores, plantas, pájaros... Hay muchas personas que trabajan en ese complejo y siguen viviendo en los pueblos cercanos. Sin esa vida en Valdecañas, muchos jóvenes tendrían que buscarse la vida en las grandes ciudades, fuera de esta comarca. Isla Valdecañas genera muchos puestos de trabajo directos, pero más aún indirectos y permite que los jóvenes no tengan que irse a buscar trabajo en otras zonas de España.

Cuando conoces el proyecto desde dentro, lo analizas y piensas en las zonas rurales, empiezas a entender muchas cosas. Lo ves muy necesario. Entiendes que en los pueblos debemos de vivir de algo, que merecemos que nos ubiquen en los mapas y que la gente sepa que existimos. Es necesario fijar vida en el mundo rural y para fijarla, es necesario tener trabajo y forma de vida. Si no nos defendemos, acabaremos con el mundo rural, lo que generaría un problema social y ambiental.

Yo no soy quién para criticar o juzgar la labor de nadie, mucho menos de los defensores del medio ambiente, aunque creo que el asunto se nos va de las manos. El ecologismo de hoy en día está muy mal encaminado. Es dirigido desde las grandes urbes y a base de ayudas públicas para mantenerse y costearse. Creo que hay intereses en generar conflictos medioambientales para seguir viviendo del cuento. Esto no es defender el mundo rural y los parajes naturales. No creo que nadie quiera más esta comarca que los que hemos nacido en ella, que los que vivimos en ella y de ella.

Si de verdad quieren defender el medio ambiente y la naturaleza, que empiecen por el estado del río Tajo. Me causa dolor de estómago ver el río cada verano. Es vergonzoso y cada año peor. ¿Por qué esto no lo defienden estas plataformas ecologistas? ¿Les gusta ver el río como cada verano? En verano está seco por la falta de lluvias, con una costra verde, miles de peces muertos y un olor nauseabundo. Literalmente, da asco. Estoy aun por escucharles algo referente a ello, manifestarse y ofrecer soluciones. Esto no va con ellos, este no es su ecologismo de tripa llena. A ellos les molesta el complejo, perfectamente encuadrado en el ecosistema y que genera vida en esta comarca. El estado del río no es su guerra, los peces que mueren no son su guerra. Su guerra es el complejo y por eso quieren demolerlo para seguir haciendo fuerza a las administraciones.

Sigo pensando y tengo claro que Valdecañas seguirá donde y como está. Derribarlo sería destruir muchas cosas, aparte del complejo y cientos de puestos de trabajo. Sería hipotecar a una generación de extremeños con las indemnizaciones millonarias, que no merecemos esto. Lástima que no se pueda terminar el proyecto, esa ilusión que nos mostraron en el Bar El Farolillo allá por el año 2006. Lástima que no se pueda terminar el hotel que está a medio construir, las villas que estaban proyectadas. Con todo ello, Valdecañas, El Gordo, Berrocalejo y toda la comarca tendrían mas VIDA, que es muy necesaria.

Ahora en Extremadura tenemos otro caso parecido. El complejo turístico «Elysium City», fomentado por un grupo inversor que quieren dar vida a Castilblanco y la Siberia Extremeña. ¿Les decimos que no? ¿Privamos a esa comarca de generar vida y riqueza?

Las zonas rurales necesitan vida para existir. Esa vida se la dan entre otras cosas este tipo de complejos que, sin saturar, son necesarios para generar vida como las actividades náuticas, senderismo, la pesca o la caza.

Ya que no nos dan el derecho a viajar en un tren digno, al menos que nos dejen vivir tranquilos.

*Raúl Sánchez de Castro es gerenet de Cárnicas Dibe.