Malcolm Crowe

José Ángel Durán durante una jornada de caza. :: FEDEXCAZA/
José Ángel Durán durante una jornada de caza. :: FEDEXCAZA

JOSÉ ÁNGEL DURÁN RISUEÑO | Vicepresidente de JOCAEX

El marcado desenlace de la película «El Sexto Sentido» concluía con la muerte del protagonista, el Dr. Malcolm Crowe, sin que el mismo lo supiera. Cole Sear, su paciente de 9 años, le dijo que los fantasmas no eran conscientes de que habían abandonado la vida para luego seguir en el mundo de los vivos. Poco o nada tiene que ver esta película estadounidense con el mundo de la caza, un mundo en el que posiblemente se necesiten más seis sentidos en alguna ocasión.

Durante mucho tiempo la caza ha tenido un protocolo de costumbres y tradiciones muy arraigado desde tiempos remotos, sobre todo en las zonas rurales. Parecía considerarse mejor cazador quien conseguía más abundancia de piezas, y cierto es que siempre nos ha gustado presumir en la taberna de nuestras buenas dotes cinegéticas, y para ello nos hemos auxiliado de la fotografía, tanto que la instantánea fue y sigue siendo la última etapa del lance.

El referente Miguel Delibes decía que «la cultura se crea en los pueblos y se destruye en las ciudades», y con buen criterio podemos incluir la caza en el sujeto de esta cita. Una cultura que se transmitía en forma de valores a las generaciones posteriores de cada núcleo familiar, y es que la caza por entonces tendría un escaparate envidiable por lo que contribuía de forma unitaria y de forma general: el sustento de tantas y tantas familias, una oportunidad de conocimiento del entorno, un perfecto orden natural establecido en cada coto y un punto de convivencia para todos los usuarios, entre otros muchos aspectos, daban base a una actividad común.

Pero el cambio desde entonces hasta la actualidad ha sido muy drástico; nos ha tocado sumergirnos a vivir en una sociedad totalmente virtual, que aprende criterios y valores a través de un buscador de internet y en el mismo sentido pretende dictar normas de uso y disfrute desde el mismo contexto, que por norma general suele ser la trastienda de cualquier smartphone, y eso, aunque en otros sectores pudiera ser viable, en este no lo es.

En dos meses JOCAEX cumple 4 años de vida, una entidad que vio la luz para darle cabida a una franja del sector que se considera de vital importancia en el desarrollo de este colectivo, un trabajo ciego que carece de resultados a corto plazo, pero que con buena metodología ayudará a mantener los pilares de esta actividad en pocos años. Parte de este trabajo se lleva a cabo en Redes Sociales. En el 2018 solo Facebook contó con cerca de 2.196 millones de usuarios en un mes, Twitter con más 336 millones e Instagram con más de 1.000 millones, unas cifras muy alarmantes que precisamente usan de público buena parte de los cazadores para contar las mismas anécdotas que se narraban en la taberna o en la barra del bar, y justo con el mismo método, LA FOTOGRAFÍA, y el alarde de buenas dotaciones venatorias. A esta metodología se suma EL VIDEO, una línea de trabajo propia de verdaderos profesionales de la comunicación que se está viendo mermada por lo fácil que es usar el móvil, y todo como si lo que está ocurriendo nada tuviera que ver con nosotros.

Las consecuencias de las malas prácticas comunicativas en la caza son tan grandes que por norma general suelen ser irreparables; aún estamos soportando la última maniobra de acoso contra la caza, una campaña muy cómoda para el lobby animalista en la que no han tenido ni que trabajar los medios para justificar su fin, ya nos hemos encargado nosotros de darle los ingredientes necesarios para que junto con una pizca de política hayan sido suficientes para producir una receta sensacionalista y con fácil poder de convicción, que al colectivo cinegético no ha hecho más que dejarlo con mal sabor. Son tantos los motivos que existen para salir cada día a practicar nuestra actividad, que si no sabemos adaptarnos al régimen que nos han impuesto las redes sociales y la sociedad actual, nos veremos más pronto que tarde como el Dr. Malcom Crowe, estaremos muertos y no sabremos.

 

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