POR FIN LLEGÓ

POR FIN LLEGÓ

SALVADOR CALVO

Pareciera que no, pero llegó. Ha sido una travesía larga y costosa, aburrida y penosa; pero pasó y anda que vaya con Dios. Llegó la temporada y todavía hay rescoldos de ilusiones, por mucho mal que nos auguren y mucha desolación que nos deseen. «Se divierte uno los días previos preparando las cosas» decía mi padre, que en gloria esté. Y con razón lo decía. ¿Dónde están las botas? ¿Qué pantalones me pongo? ¿Cazadora? ¿Gorra o sombrero? ¿Dónde está la fiambrera, dónde la cantimplora? Navaja multiusos y un vasito plegable. En la mochila la intendencia, los papeles de la perra y los míos: licencia de armas, de caza, seguro, el permiso del coto y las guías de las escopetas. Esa es otra: ¿Qué escopeta me llevo? Todos los años la misma diatriba. La «ugarteburu» del 12, que para eso tengo ahí cajas de cartuchos a tutiplén. No, mejor la «sarriugarte» del 20, que es con la que mejor tiro. ¿Y por qué no la «rizzini» superpuesta? No, ésa para cuando lleguen las sueltas. Total, que el primer día por la mañana, a la del alba, Dios dirá. ¿Y dónde los primeros pasos? «Ari» no está para muchos trotes, y más con esta sequía y este calor, así que un rato, si acaso, a los llanos en pos de la rabona. ¿Liebres con mixomatosis? Éramos pocos y parió abuela. Una bolsa por si se da el caso para guardarla, y luego ¿dónde la llevo? Al primer cuartel que encuentre. No voy a echar un viaje a Mérida, hasta ahí podíamos llegar. ¡Ah! ¿Canana o chaleco? La canana me reconcilia más con aquel pasado glorioso de cuando podíamos salir al campo libre tras las piezas libres. Que haya suerte para todos. Venare non est occidere. No lo olvidéis.

 

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