Caza, vida y conservación: la otra cara del mundo cinegético

Cazadores llenando una charca en Higuera de la Serena. :: SLC ALTAGRACIA/
Cazadores llenando una charca en Higuera de la Serena. :: SLC ALTAGRACIA

El cazador ejerce un papel fundamental en la protección del medio ambiente y en la lucha contra los incendios

ALBA RUIZ

El cuidado, la protección y el correcto mantenimiento del medio ambiente son algunos de los deberes que los propios cazadores se ponen a ellos mismos. Tanto es así que llevan a cabo iniciativas como la construcción de balsas de agua para combatir la sequía o bien la instalación de comederos para prevenir la falta de alimento.

No termina aquí la intervención de este colectivo, que apuesta por mantener el mundo cinegético y rural en una de sus peores y más dañinas épocas, el verano. Por ello, dedican también parte de su tiempo a la limpieza de cortaderos y creación de cortafuegos, para así, tratar de prevenir o reducir los incendios tan presentes en el campo en esta época del año.

Por otro lado, cazadores y gestores cinegéticos trabajan codo con codo para conseguir, con el alto precio de invertir su tiempo y dinero, la posible recuperación y protección de especies en peligro, como puede ser el caso del lince ibérico, la perdiz roja y la tórtola europea. Además, tienen en cuenta el control de predadores para proteger otras especies, principalmente la fauna menor.

Invertir en conservación

De este modo, el sector cinegético es aquel que más fondos privados invierte en la protección y el desarrollo de los ecosistemas. Estas acciones, tanto económicas como de cooperación, son esenciales para la conservación del entorno.

Así son los cazadores, súperhéroes sin capa del mundo rural y de la caza. Y es que, para ellos, es esencial invertir en la naturaleza para mejorar la actividad cinegética y con ella el ecosistema.

Tan solo en Extremadura ya se invirtió en la temporada 2016-2017 una cantidad de 8,4 millones de euros. Este dinero consiguió dar vida al entorno gracias a la instalación de comederos y bebederos, así como con la siembra de extensos cultivos de cereales y la limpieza del medio para prevenir incendios.

Los cazadores no se quedan cortos si hablamos de España en general. En nuestro país, el sector cinegético dedica 233 millones de euros a inversiones destinadas a la conservación medioambiental. A esta cantidad hay que sumarle otros 54 millones dedicados al mantenimiento y construcción de vías y caminos rurales, pantanos, podas y mejoras que repercuten en el monte, como cortafuegos y cortaderos.

En definitiva, casi 290 millones invertidos en la conservación, protección y recuperación de especies que benefician y mejoran diversos aspectos del mundo rural. Estos datos referentes a las acciones llevadas a cabo por cazadores han sido revelados por el Informe de Evaluación del Impacto Económico de la Caza en España, realizado por la consultora Deloitte para la Fundación Artemisan.

Recuperación de especies

Esta inversión se reparte en actividades como la gestión de cotos para la protección y recuperación de especies. Tal estudio revela el importante papel de preservación silvestre que ejercen cazadores y otras personas que se desenvuelven en el sector.

En esta línea, los cazadores tienen un papel vital para recuperar distintas especies. De hecho, es algo que, hasta ahora, les está dando buen resultado. El fuerte descenso de las poblaciones de especies como el conejo y de aves como la perdiz roja y la tórtola es algo conocido ya entre los cazadores extremeños, que también colaboran intensamente en la recuperación de otras especies no cinegéticas, como es el caso del lince.

¿Quiénes son los que más están trabajando en la recuperación de todas estas especies? Precisamente los cazadores. Los responsables de cerca de 11.000 cotos de caza españoles participan de forma activa en programas de conservación de especies protegidas como el lince, el oso, el urogallo y el águila imperial, entre otros. Esto supone que uno de cada tres cotos está comprometido con la recuperación de estas especies, tal y como refleja una vez más el informe realizado por Deloitte.

De este modo, el cazador demuestra, una vez más, que no solo acude al campo para la práctica de la caza, sino que se centra también en la protección del medio. Y es que es más consciente que nadie de que un ecosistema sin cuidados llevaría al fin de aquello que más le gusta.

En consecuencia, colaborar con el bienestar de la flora y la fauna no solo favorece a las especies cinegéticas, sino que se trata de una cadena de beneficios.

El ejemplo más claro lo da el hecho de que las fincas donde más éxito se está teniendo en la recuperación de las poblaciones de linces son, precisamente, fincas cinegéticas.

Por otro lado, respecto a las aves, la Federación Extremeña de Caza también ha tenido la iniciativa de crear cotos para la recuperación de la perdiz roja o la tórtola con proyectos conjuntos con Artemisan como el PIRTE -en el que Extremadura es pionera en España- y el RUFA.

Lucha contra incendios

Otra de las intervenciones del sector de la caza deriva en la extinción de incendios en todas sus fases. En cuanto a la fase de prevención, además del trabajo mencionado anteriormente y que engloba la limpieza y el mantenimiento de cortaderos y cortafuegos, se realizan otras actividades como la gestión sostenible de espacios y la vigilancia de los guardas. Estos son un eslabón muy importante y necesario a la hora de prevenir incendios, ya que son quienes en primer lugar alertan del inicio del fuego.

Por otro lado, también colaboran en la fase de extinción, siendo los cazadores los primeros en acudir a la zona en la que ocurre el incendio en muchas ocasiones para, de este modo, colaborar con bomberos y agentes forestales en todo lo posible. En la fase de recuperación, los cazadores desempeñan un papel importante.

Colaboran con la recuperación de la fauna silvestre, pues como bien se ha mencionado anteriormente, tras la aparición del fuego, acuden a la zona para aportar agua y alimentos. Además, realizan inversiones privadas, así como una gestión de los ecosistemas.

Con el fin de seguir ayudando y mejorando, este colectivo no pone límites y está muy pendiente del campo en verano, época con altas temperaturas. Y es que en verano se convierten en una ONG del mundo rural. Se trata de acciones que llevan a cabo por iniciativa propia y financiadas de su propio bolsillo año tras año, aportando una vez más agua y alimento para las especies que habitan en el ecosistema. Así, construyen balsas de agua y charcas en distintos puntos para combatir el calor. Se trata de un factor importante y muy necesario ya que, de este modo, el grupo de cazadores regala vida, una vez más.

Otro aspecto crucial impulsado es la instalación de comederos, y también incluyen en el 'menú' siembras para que gran cantidad de especies salgan beneficiadas. Esos cultivos de cereal alimentan a todo tipo de especies, cinegéticas o no. Además, comederos y bebederos se instalan tras un trabajo previo que determina en qué puntos son más necesarios para la fauna silvestre.

Estas personas, los cazadores, blanco de críticas y acusaciones constantes en redes sociales, son también aquellas que dedican su tiempo y dinero en mantener y cuidar el ecosistema cuando la gran mayoría de personas no lo hace.

Esta es la realidad: el cazador, junto con el agricultor y ganadero, es aquel que más ímpetu pone en cuidar del campo y sus especies.

Esta es la otra cara del cazador y el mundo cinegético. Aquella que no se muestra apenas en los medios, aquella de la que no se habla y aquella que el cazador hace por amor y respeto al medio ambiente. Aquella que se ejerce por devoción y no por obligación.

De este modo, se ha demostrado que el cazador no se rige tan solo por la práctica de la caza. Aquí se desmantela el bulo de que el cazador acude al campo por el disfrute de la captura de un animal o para hacerse la foto.

El cazador protege, el cazador previene, el cazador alimenta, el cazador limpia.

En definitiva, el cazador, da vida.