Desde arriba y con prismáticos

Javier Nogueira en una jornada de campo. :: FEDERACIÓN GALLEGA DE CAZA/
Javier Nogueira en una jornada de campo. :: FEDERACIÓN GALLEGA DE CAZA

Javier Nogueira Díaz, presidente de la Federación Gallega de Caza

Desde sus orígenes ha sido la caza una actividad sostenible en el tiempo y respetuosa con el medio en el que se desenvuelve, como no podría ser de otro modo aunque sólo fuese por propio interés. No interesa a los practicantes de este deporte que no sea duradero en el tiempo, pues «muerto el perro muerta la rabia» y eso no es para nada interesante y además, y siguiendo con el interés, cuanto más cuidado esté el medio más renta cinegética.

Por lo tanto parece incuestionable que la caza practicada desde la sostenibilidad y desde el respeto medioambiental es una herramienta de gestión no necesaria sino imprescindible reconocida por altas instancias de la sociedad. No ha sido esta ajena a la evolución de la sociedad ni mucho menos. Ha evolucionado con ésta desde sus orígenes y sin remontarnos demasiado en la historia la práctica de la caza al día de hoy se diferencia de la misma hace 50 años: nadie entonces hablaba de planes de ordenación, planes de aprovechamiento, o de los cupos de caza por jornada y especie o de muchas restricciones y condiciones auto impuestas por el sector.

Pero algo falla, algo no funciona. Desde fuera del sector se nos cuestiona cada vez más, los detractores de la actividad cargan con más ira que razones contra cualquiera cosa que suene a caza o disparos desde la sierra o desde la dehesa y los que nos gobiernan en el mejor de los casos nos comprenden desde la distancia y desde el silencio como si tuviésemos que andar a hurtadillas sin hacer ruido, con silenciador, y otras veces legislan desde la atalaya del poder cegados por la densa niebla del falso ecologismo, que les proporciona una visión sesgada del horizonte.

La visión de la caza se dulcifica y siquiera se cuestiona en el rural entiendo que porque se aprecia desde la cercanía, desde el calor que esta proporciona, desde la convivencia con la misma y con quienes la practican, en fin, sin necesidad de echarse los prismáticos a la cara para percibir, apreciar y vivir las sensaciones y la pasión de nuestra afición.

Un rural cercano que no precisa de subir a la atalaya para otear el horizonte y emitir su opinión sino que le mana del día a día, del año a año, del siglo a siglo de historia cinegética. Tampoco es fácil de cegar por nieblas creadas de forma antinatural o por sesgos interesados. En fin, un rural en el que es más fácil entenderse y entendernos pero que cada vez tiene menos votos, menos interés para los que quieren gobernarnos por mucho que se le llene la boca con eslóganes fáciles como «vente a vivir al rural». La realidad es otra cuando en los despachos se sinceran: «sí, les entendemos y compartimos con ustedes muchos de sus argumentos pero tienen que entender que los votos están donde están».

La batalla hay que plantearla desde la argumentación de una actividad cinegética positiva desde todos los puntos, medioambiental, social, económico, pilar básico para la sostenibilidad rural, pero desde luego desde la unión del sector vertebrado en las Sociedades de Caza con un potencial inigualable en todo el territorio nacional.

Todos unidos y empujando en la misma dirección, utilizar nuestra fuerza, que seguro que la tenemos, para enseñar a la sociedad urbana quienes somos las entidades privadas que más invertimos en mejoras medioambientales en nuestro país, uno de los colectivos más sensibilizados con la conservación, un motor económico imprescindible para la sostenibilidad del rural español, la tercera actividad deportiva más practicada en España, la primera en el mundo rural y la más practicada por las personas que superan los 60 años. Hay que aprovechar la infraestructura de la Federación de Caza. La necesidad de crear un futuro cinegético para aquellos jóvenes que siguiendo los pasos de padres y abuelos. quieren sentir la pasión de la caza y el contacto con la naturaleza en una sociedad cada vez más llena de asfalto y hormigón sin tener que sufrir el acoso y menosprecio tan de moda en el mundo digital.

Hay que hacer ver a nuestros políticos la importancia de un rural imprescindible, por mucho que cada vez tenga menos votos, y una caza que forma parte de él de manera inseparable desde los tiempos más lejanos, hay que aprender a comunicar adaptándonos a los nuevos tiempos, proporcionando a esta sociedad cada vez más urbanita y más alejada de nuestro medio natural unos potentes prismáticos con unas lentes preparadas para evitar nieblas interesadas y que les permitan observar con nitidez quiénes y cómo somos antes de juzgarnos sin conocernos.

En mis más de veinte años de actividad federativa he aprendido que la unión hace la fuerza y que todos los que ocupamos cargos de representación debemos defender sin fisuras los intereses de quienes representamos. Unas veces acertaremos, otras no, pero si sentimos el apoyo del colectivo seguiremos adelante. Si no lo tenemos debemos apartarnos y dar un paso al lado para que quien lo tenga siga representando los intereses de todos los cazadores.

Los extremeños créanme están en buenas manos, seguro que se podrá acertar más, pero será difícil poner más actitud y aptitud que quien representa socialmente a la caza en su comunidad: FEDEXCAZA.

 

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