Un rumbo equivocado

Echegoyen y Betanzos, durante la última regata. /
Echegoyen y Betanzos, durante la última regata.

Echegoyen y Betanzos fallan contra pronóstico en la Medal Race de la clase 49er FX y España se va de Río sin una sola medalla en vela

JON AGIRIANORío de Janeiro

La vela española se irá de Río 2016 sin una sola medalla, una gran decepción en un deporte que, hace sólo cuatro años, sumó dos títulos olímpicos en la bahía de Weymouth. Como le sucedió a Marina Alabau el pasado domingo, Támara Echegoyen y Berta Betanzos, las actuales campeonas del mundo de la clase 49er FX, fallaron en el momento decisivo. Disputaban el podio con los barcos de Brasil, Nueva Zelanda y Dinamarca, y quedaron por detrás de las tres, en una séptima plaza en la Medal Race que nadie esperaba. El podio lo ocuparon las brasileñas Martine Grael y Kahena Kunze, que lograron el oro en un final ajustadísimo con las neozelandesas Maloney y Meech. Las danesas Hansen y Salskov-Iversen, contra quienes las españolas lucharon por el bronce hasta la última boya, fueron bronce.

El cuarto puesto supone, sin duda, un ingrato colofón para el gran trabajo que Támara Echegoyen y Berta Betanzos comenzaron a realizar hace tres años y medio, cuando en enero de 2013 decidieron unir sus fuerzas y probar suerte en la nueva clase 49er FX. Hasta entonces, cada una había seguido su propio camino. La orensana Echegoyen había sido campeona olímpica en Match Race en los Juegos de Londres, junto a Ángela Pumariega y Sofía Toro. La santanderina Berta Betanzos, por su parte, fue campeona del mundo en la clase 470 en 2011. En un primer momento, fueron muy pocos los que apostaron por ellas. En el mundillo de la vela se dudaba de que pudieran mezclar bien en un 49er. Y es que eran dos mujeres grandes y de mucho peso para un barco tan veloz: 70 kilos Támara y 71 kilos Berta.

Sin embargo, un trabajo intensivo en Palma de Mallorca y Santander junto a su técnico Pepe Lis las acabó convirtiendo en una de las mejores parejas del mundo. La mejor en 2015, sin ir más lejos. Después de horas y horas de entrenamientos en el mar, de privaciones constantes para bajar de peso, de miles de kilómetros en furgoneta por toda Europa de regata en regata, y de un buen número sesiones, juntas y por separado, con su psicóloga Patricia Díaz-Tendero, Támara y Berta se acabaron compenetrando a la perfección.

Sin embargo, fallaron en su examen más exigente, una Medal Race de infarto. No había una favorita clara para la medalla de oro, aunque un dato objetivo permitía redoblar la confianza en el barco español: había ganado 5 de las 12 regatas disputadas. Las brasileñas Martine Grael y Kahena Kunze competían en casa y eran de largo quienes mejor conocían la bahía de Guanabara. Y supieron aguantar la presión, que en el caso de su timonel era doble tratándose de la hija de Torben Grael, el Turbina, la mayor leyenda de la vela brasileña, conquistador de cinco medallas olímpicas, entre ellas dos oros, y famoso táctico de veleros en la Copa América.

Ganaría la que tomara mejores decisiones. Es lo que aseguró Támara Echegoyen en la zona mixta de la playa de Flamengo, dos horas antes de la prueba. En esos momentos, la gallega no quería darle demasiadas vueltas a la estrategia. La táctica es fácil. Intentar navegar lo mejor posible y ser pacientes, comentó, antes de mostrar su satisfacción por las condiciones del campo de regatas de la Marina da Gloria. Soplaba un suroeste de diez nudos y a ellas les gusta navegar con esos vientos. Berta Betanzos también estaba satisfecha: Nos viene bien, es verdad. Ojalá se mantenga. De todas formas, los otros barcos son muy buenos y puede pasar cualquier cosa. Será muy importante hacer una buena salida y luego disfrutar al máximo.

La realidad es que todo se torció desde el principio. Perjudicadas por el barco británico, la salida del 49er español fue muy mala. Todo lo contrario de lo que esperaban. Sus rivales comenzaron a alejarse. Era el momento de tomar buenas decisiones, efectivamente, para intentar remontar. Y a las españolas les falló la estrategia. Brasil y Nueva Zelanda, que comandó la prueba hasta el paso por la cuarta boya, siempre estuvieron lejos. El bronce, sin embargo, estuvo al alcance tras la última virada. Había que adelantar a las danesas en el último largo. Echegoyen, sin embargo, eligió mal el rumbo y pronto comprendió que la remontada era imposible.