Austria tiene a Tanja

Thomas Zajac (izq) and Tanja Frank, con su medalla de bronce en Río 2016. /
Thomas Zajac (izq) and Tanja Frank, con su medalla de bronce en Río 2016.

JON AGIRIANO

Los Juegos de invierno de Calgary en 1988 tuvieron unos protagonistas muy peculiares, como algunos recordarán. Se habló de ellos casi tanto como de los grandes campeones Alberto Tomba, Pirmin Zurbriggen o Vrenie Schneider. Me refiero al teniente Devon Harris, al capitán Dudley Stokes, al soldado Michael White y al ingeniero Samuel Clayton, los cuatro componentes del equipo de bobsleigh de Jamaica. Estaban allí por una casualidad. Un año antes, durante un paseo por la isla, dos empresarios estadounidenses fueron testigos del Pushcart Derby, un popular descenso en carros de mercado y artilugios rodantes caseros que se celebra cada mes de agosto en New Kingston. Aquello les recordó al bobsleigh y se les ocurrió formar un equipo.

Los corredores de pushcart se negaron, pero ellos comentaron la idea a un coronel llamado Ken Barnes y éste se mostró tan receptivo que se encargó de reclutar a los cuatro voluntarios que se harían famosos. Como es fácil de entender, su éxito -no precisamente deportivo- tuvo que ver con la mezcla de exotismo y de divertida incongruencia que suponía ver a unos caribeños rumbosos que sólo habían visto la nieve por televisión compitiendo en una modalidad hecha para atletas de climas fríos acostumbrados al hielo y a las largas noches invernales.

Comparar a Jamaica con Austria puede parecer una melonada que se le ha ocurrido al cronista, víctima ya de una excesiva exposición a la comida rápida. Pese a ello, no me resisto a la comparación. Y es que, aunque pueda resultar sorprendente, el país centroeuropeo se está convirtiendo cada vez más en un invitado exótico en los Juegos de verano. Casi tanto como Jamaica en los de invierno. En Pekín sólo obtuvo tres medallas y en Londres, ninguna. Los austríacos, sencillamente, no existen en gran cita olímpica estival. El contraste con sus espectaculares resultados en los Juegos de invierno no puede ser más llamativo: 23 medallas en Turín y 17 en Sochi. ¿Y en Río? A la hora de enviar estas líneas, Austria era uno de los países que cerraba el medallero, en la posición 70, con un único bronce, el que consiguió en vela su tripulación de Nacra 17 mixta.

La pareja la forman, desde 2013, Thomas Zajac y Tanja Frank. El cronista no tiene nada contra Thomas. Malamente podría tenerlo si acaba de saber de su existencia gracias al servicio de información de Río 2016. Sin embargo, por una cuestión de estricto interés periodístico y en cumplimiento de su deber informativo, prefiere centrarse en Tanja. La mujer que está salvando la honra austríaca en Brasil es una vienesa de 23 años. Con poco más de dos, ya se subió a un Optimist y a los cinco empezó a competir en el lago Neusiedl. Su padrastro, Norbert Petschel, que fue cuarto en los Juegos de Seúl en la clase Tornado, fue el que le contagió la afición y le animó a convertirse en regatista. Pronto destacó. En 2011, se proclamó campeona del mundo juvenil en 420 junto con Lara Vadlau.

Esa misma precocidad que demostró para el deporte la tuvo también Tanja en sus estudios. Con un coeficiente intelectual de 137, entró directamente en el colegio en el segundo grado. A los catorce, ya estaba en la Facultad de Biología de la Universidad de Viena y a los 17 se graduó con matrícula de honor en Ciencias Nutricionales. Aparte de todo lo dicho, Tanja Frank es una belleza rubia de ojos azules que ya ha posado para revistas de moda en su país. Dicen que es muy simpática y tiene una sonrisa preciosa de valquiria feliz que lució en su máximo esplendor en el podio olímpico de la Marina da Gloria, junto a la playa de Flamengo. Y casi mejor dejarlo aquí porque uno ya empieza a ver con peores ojos a Thomas Zajac y el chaval no ha hecho otra cosa que volar con ella en un catamarán por la bahía de Guanabara, bajo el Pan de Azúcar. Aunque dicho así, tampoco es que sea del todo inocente, vaya.

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