Nuevo terapeuta para un Badajoz minado de traumas
Miguel Ángel Ávila deberá paliar las consecuencias de vicios heredados y el efecto de heridas sin cicatrizar que atenazan a un vestuario tocado
M. Gª Garrido
Badajoz
Jueves, 20 de noviembre 2025, 21:18
Miguel Ángel Ávila tiene por delante un reto mayúsculo en el Badajoz. Con paciencia, mano izquierda y talante coge las riendas de un equipo a ... la deriva, vulgar, timorato, sin identidad ni cintura para reaccionar. La dificultad reside además en que repite vicios ya endémicos. La patología parece cronificada y ha seguido un patrón degenerativo que exige extirpar de raíz todos los hábitos disfuncionales adquiridos. Ni Luis Oliver Sierra ni David González ni Juan Marrero, toda una eminencia en estos menesteres, han sido capaces de cambiar el pronóstico deportivo de un equipo con un rumbo aberrante y que descarrila con cualquier obstáculo.
Son muchos los frentes que se abren en el horizonte del nuevo entrenador blanquinegro, que deberá paliar deficiencias en varios planos más allá del táctico y el técnico. Porque el primer desafío pasa por recuperar la autoestima de un grupo en estado depresivo, frágil a nivel de confianza y con mentón de cristal. Cada golpe tambalea los cimientos anímicos y resucita viejos traumas recurrentes para actualizar la vigencia de su crisis.
Para eso es indispensable encadenar una racha positiva de cierta entidad, superando la barrera de dos triunfos consecutivos, techo que permanece insuperable desde la pasada campaña. Una secuencia de ese calibre no solo permitiría dar un salto cualitativo en la tabla, despegarse de la zona caliente y lindar con el playoff, sino que les devolvería cierto empaque.
Esa regeneración del tejido emocional y psicológico permitiría recuperar fortaleza y restablecería su condición de rival temible a batir que ahora mismo se ha disipado. La falta de contundencia alienta a los rivales, que aceptan la invitación para lanzarse a por un valioso botín que ya han saboreado el Santa Amalia, el Don Benito, el Moralo y el Cabeza del Buey con sus victorias, más el Llerenense y el Jerez con sendos empates. Eso se traduce en una hemorragia de 16 puntos de 30 posibles que se han esfumado (sin contar la jornada ante el Azuaga).
Antes de atender a las carencias en la pólvora de su artillería, Ávila debe intensificar el trabajo en la parcela defensiva, donde la fiabilidad del bloque blanquinegro se ha desplomado, acumulando únicamente tres porterías a cero y encajando doce goles en tantos partidos. Todo está conectado, porque la escasa productividad arriba desemboca en que cualquier tanto recibido supone una rémora de un tonelaje insalvable.
Intensidad y concentración
Por eso, la concentración e intensidad son dos conceptos tan tópicos como vertebrales en el fútbol que el Badajoz debe reforzar para evitar contextos como los acontecidos en Navalmoral o en el Nuevo Vivero frente al Don Benito, con goles tempraneros. Errores como los de Jesús Sánchez en Cabeza del Buey son también evitables. Cero riesgos en zonas minadas para reducir el impacto en caso de fallo. Lecciones de principiantes que deberá repasar para garantizar que se graben a fuego.
Con mayor equilibrio y estabilidad, la presión descenderá y la serenidad regresará, reduciendo la incidencia de las imprecisiones y articulando un contexto más propicio, básico para que los hombres de vanguardia ajusten la mira telescópica y no les tiemble el pulso en los últimos metros.
La otra prioridad es recuperar la mejor versión de futbolistas claves, enmarañados en una nube tóxica que ha eclipsado sus cualidades y sus prestaciones, quedando su influencia desdibujada. Mayor control y presencia en el centro del campo y sacar mucho más petróleo de la velocidad de unos flancos ofensivos con mucho desborde son otras de las asignaturas pendientes. Sin perder de vista un mercado que todo apunta a que será intenso y con mucho baile de nombres.
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