Las palmas de hierro que guardan la puerta del Santa

Yolanda Aguirre posa para la entrevista en Puerta de Palmas, en Badajoz. :: PAKOPÍ/
Yolanda Aguirre posa para la entrevista en Puerta de Palmas, en Badajoz. :: PAKOPÍ

Yolanda Aguirre se reivindicó ante el Tacón y permite con su actuación viajar este fin de semana a Madrid con ventaja en la eliminatoria

MANUEL Gª GARRIDO BADAJOZ.

Dialogan con su soledad, habitan en un área perimetrada por el riesgo y viven encadenadas por grilletes vocacionales a los barrotes de una portería. Caminan con destreza sobre el alambre de una línea fatídica y se cuelgan del cielo si es necesario para evitar que el balón caiga en sus redes. Heroínas a veces y villanas siempre: cuando fallan, para los suyos, y cuando aciertan, para el rival. Esa es la cotidianidad a la sombra del travesaño.

Bien lo sabe Yolanda Aguirre (Daimiel, Ciudad Real, 23-10-1998), meta del Liberbank Santa Teresa, que el domingo pasado disfrutó de una actuación inmaculada: Portería a cero, ventaja en la eliminatoria y un recital de paradas culminado con un despeje prodigioso en el descuento que desafió las leyes de la física. «No fui consciente hasta que me levanté y vi el balón por encima del larguero». Los corazones de los pacenses yacieron en su puño durante unas décimas de segundo. «Miré fijamente a la pelota y me repetí: 'la voy a parar, la voy a parar'».

SUS DATOS

Lugar y fecha de nacimiento
Daimiel (Ciudad Real), 23/10/1998.
Estatura
1,65.
Procedencia
FF La Solana (Segunda División).
Debut con el Santa
24 de septiembre de 2017. Derrota (0-3) ante el Atlético de Madrid (Liga Iberdrola).
Partidos jugados este curso
18 de liga y tres de playoffs.
Goles encajados en la 2018-2019
cinco en la temporada regular y dos en los playoffs.

La meta manchega se impulsó sobre dos muelles y petrificó su mano derecha para repeler en el minuto 94 la magistral ejecución de una falta por parte de Jessica. «Es una acción con la que toda portera sueña». Admite su papel decisivo, pero aleja el foco de su figura: «Belén fue la verdadera protagonista con su gol». Cuando se le recuerda la vorágine del pasado domingo, Yoli suspira un «aún estoy asimilando todo», al tiempo que reconoce que tiene los cinco sentidos en el choque definitivo en Madrid. Su voz jovial, casi infantil, contrasta con una madurez cincelada en el verde. Ni un balbuceo, ideas cristalinas, directa, al pie. Bajo el arco no hay lugar para vacilaciones y esa determinación la traslada a su discurso. Aunque advierte: «no soy precisamente tranquila. Narro el partido para mí misma para mantener la concentración».

«No fui consciente de la parada hasta que me levanté y vi el balón por encima del larguero»

Estuvo enchufada los 90 minutos. Reflejos, seguridad en las salidas por alto, anticipación, colocación... dominó todos los fundamentos, y era su día. «Sé que confían en mí», se arengaba internamente. Yolanda necesitaba reivindicarse, sentirse partícipe del éxito. «Quería demostrar lo que valgo». Ha sido un curso atípico, con escasas oportunidades para aportar sus cualidades al equipo. «Ha habido partidos en los que no tocábamos el balón ni Eva (portera suplente) ni yo». En esa tesitura, responder al máximo de exigencia de manera tan puntual se convierte en una tarea titánica, más desde el punto de vista psicológico que físico.

No hay margen de error, intervenga una o 20 veces, la intensidad debe medirse en términos absolutos. En El Vivero, ante el Tacón, le tocó espolear a las suyas con una intervención de mérito tapando un mano a mano cuando solo se habían disputado 30 segundos. «Ese fue el momento clave, demostré que estaba metida cien por cien y fue el origen del partido que hice».

El cuerpo técnico confía plenamente en ella desde su llegada hace dos años procedente de la Solana. Fichaba por el Santa Teresa como suplente de Patricia Larqué y terminó convenciendo a Juan Carlos Antúnez, que le concedió la titularidad en buena parte de la primera vuelta. «Le estoy muy agradecida porque ha habido partidos en los que no lo merecí, pero apostó por mí». A sus 20 años ha imprimido en su ADN el gen del trabajo constante. «En ningún momento me acomodé, esto me lo tengo ganar cada día». En verano, cuando surgió la posibilidad de renovar, no lo dudó, había contraído una deuda con el conjunto pacense: «Queremos devolver al Santa donde merece estar». El proyecto era ambicioso y en ningún momento dudó de la capacidad del grupo para alcanzar las cotas más altas. «Sabíamos que nos daba de sobra para llegar hasta aquí».

La futbolista manchega relata que se siente como en casa en la ciudad y que ha forjado vínculos sólidos con sus amigas en el vestuario. «Estamos muy unidas y eso se nota dentro y fuera del campo». Estudia un grado medio en Actividades Físicas y Deportivas por las mañanas y aprovecha los ratos libres para ejercitarse en el gimnasio. «Las porteras necesitamos estar fuertes, especialmente en el tren inferior».

En cuanto a la afición, confiesa que sentía admiración por la hinchada pacense antes de venir: «¡Es de diez!». Se deshace en elogios y agradece que las hayan acompañado «en las buenas y en las malas».