No hay defensa para España

De Gea trata de despejar un balón./Agencias
De Gea trata de despejar un balón. / Agencias

Una vez más, La Roja evidencia una preocupante porosidad en su línea de contención que le resta credibilidad y ensombrece su perfil de candidata a todo

ROBERT BASIC

España lleva dos años sin perder y este lunes estuvo a punto de hacerlo ante un Marruecos que echó más sal a la herida, cada vez más abierta y sangrante, tan grande como el Cañón de Colorado. Más allá del VAR, que volvió a salvar el pellejo a la selección, los africanos deslucieron un poco más los galones de una de las candidatas a todo y enseñaron el camino a los futuros rivales de La Roja, a Rusia sin ir más lejos: con poco, con muy poco, se le puede hacer mucho daño. ¿Por qué? Porque la porosidad defensiva es de una gravedad alarmante y su bien definido talón de Aquiles, que lejos de acorazarse con el avance de la Copa del Mundo muestra cada vez más grietas e inseguridades por las que se cuelan los contrarios.

Las llegadas de Marruecos llenaban de temor a los españoles. Resulta difícil de comprender que una defensa formada por gente tan solvente y tan experimentada como Carvajal, Piqué, Ramos y Jordi Alba sea una invitación a la escabechina, a atreverse a pintar la cara a hombres que se afeitan sin espuma y con cuchillo. Y los jugadores entrenados por Renard Hervé lo hicieron una y otra vez, al igual que los de Carlos Queiroz y los de Fernando Santos. España no solo fue un bloque de mantequilla en el que los rivales entraban como navajas -Amrabat, Boutaib, Boussoufa, En Nessyri...-, sino también ofreció el mismo perfil ante Portugal e Irán. En cuanto a De Gea, de los seis disparos que fueron entre los tres palos cinco terminaron en gol. De momento, y una vez cerrada la fase de grupos, el portero solo tiene en su haber una única parada.

Si España pretende conseguir algo importante en esta Copa del Mundo su sistema defensivo debe ser reparado con urgencia. Ante Portugal encajó tres goles -el primero vino de un penalti absurdo de Nacho, el segundo de un grave error de De Gea y el tercero de una falta infantil cometida al borde de área por Piqué que Cristiano mandó a la escuadra-; Irán llegó en contadas ocasiones y sembró pánico en la retaguardia de la selección, incluido un gol anulado por el VAR; y Marruecos volvió a desnudar las carencias defensivas de La Roja, que de nuevo gracias a la tecnología y el empate de los persas acabó primera del grupo y se colocó así en la parte amable de la estructura de los cruces.

Peligro en un saque de banda

Los hombres de Fernando Hierro saltaron al campo dispuestos a comerse a Marruecos y casi se quedan sin dientes. Un par de piezas saltaron por los aires y sus restos se quedaron en la hierba del Estadio de Kaliningrado, donde los africanos afearon la sonrisa a los españoles. En el minuto 13, una incomprensible falta de entendimiento entre Ramos e Iniesta dejó el balón en bandeja a Boutaib, quien en una gran cabalgada se fue hacia la portería de De Gea. Se plantó ante el meta del Manchester United y coló la pelota entre sus piernas. Isco igualó, pero poco después el goleador marroquí disfrutó de un nuevo uno contra uno que salvó el portero. ¿Cómo fue la jugada? Algo tan sencillo como un saque de banda en el centro de campo que pilló descentrados a los españoles y generó una ocasión clara.

Nada más acabar el partido, Fernando Hierro pronunció una frase contundente y reveladora: «No puede ser que en cada jugada nos generen peligro. Cada ocasión es un gol», lamentó el seleccionador, quien trataba de asimilar que pese a todo España había terminado como primera de grupo. Marruecos también asustó nada más arrancar la segunda parte, con un balón colgado en el área al que salió como pudo De Gea y evitó el remate de Boussoufa. Y luego llegó el trallazo a la cruceta de Amrabat -vino precedido de un córner de La Roja que el portero atrapó y montó una rápida contra- y posteriormente el gol de cabeza de En Nesyri, quien -atención- se impuso en el salto a Ramos y envió un balón imposible para el portero.

«España ataca bien, pero defiende mal», fue uno de los comentarios más escuchados tras el partido de Kaliningrado. La enfermedad está diagnosticada y cogida a tiempo. Curarla será imprescindible si La Roja quiere alargar su estancia en Rusia y aspirar a la gloria en Moscú.

Una vez más, La Roja evidencia una preocupante porosidad en su línea de contención que le resta credibilidad y ensombrece su perfil de candidata a todo.