Jonhy hace feliz al Romano

Jonhy se quita la camiseta para festejar el gol del triunfo ante el abatimiento de Álex y Javi Chino./
Jonhy se quita la camiseta para festejar el gol del triunfo ante el abatimiento de Álex y Javi Chino.

El Mérida continúa soñando con la primera plaza gracias a un gol de su capitán en el descuento tras un duelo con polémica

FERNANDO GALLEGO

¿Qué suele hacer un lateral izquierdo, con su equipo roto físicamente, en el minuto 92 de un partido titánico? Pero en lugar de achicar balones, Jonhy tiró de reserva y cayó a todo un estadio. Con el Mérida deprimido y sin fuerzas tras el gol del empate del Badajoz CF a seis minutos del final (que le descartaba virtualmente para el título), el capitán emeritense intuyó, antes incluso de que controlara Troiteiro en campo propio, la ruta de la jugada y se puso a correr. Troi lanzó en largo a Cristo, que controló casi en la frontal del área y levantó la cabeza. No había nadie. Sólo un tren silbaba desde atrás. Era el resoplido de Jonhy. Se la dejó en la frontal del área para que entrara en carrera y batiera a Álex en el mano a mano. El resto ya se recuerda en la memoria de los 9.500 espectadores que casi llenaron el Romano.

Porque ese gol mantiene vivo al equipo de Bernardo Plaza en la carrera por cazar al líder Villanovense y correspondió a la felicidad con la que la afición del Mérida vivió todo el partido: el antes, el durante y el después. No hay palabras que describan los abrazos que el entrenador y el presidente le dieron al capitán sobre el terreno de juego casi un segundo después de que Quintero Siles decretara el final del partido. Y mientras, los jugadores del Badajoz CF reclamando un clarísimo penalti en la última jugada del partido a Javi López. También protestaron los pacenses otro en la primera parte por un agarrón a César Morgado a la salida de un córner. El Mérida, por su parte, se acuerda de una mano dentro del área en la primera mitad y un penalti a Mansilla que Quintero Siles parecía haber pitado para luego señalar saque de puerta. Y es que el encuentro lo tuvo todo, incluido el miedo.

El empate mataba a los dos, y sin embargo el respeto presidió gran parte del encuentro. Entró el Mérida al partido revolucionado, atosigando. Prefería jugar en largo, muy rápido, sin madurar la jugada, pero no lograba materializarlas en peligro. Luego fue el Badajoz el que se hizo con el balón, pero lo mismo: no veían de cerca a Manu nunca. Y entonces el Mérida encadenó cuatro minutos mágicos: en el 24', Toni primero y Cristo después fallaron la ocasión más clara de todo el partido; en el 26', Boro enganchó de chilena un balón que se había paseado por toda el área en un par de ocasiones para abrir el marcador; y en el 27', Cristo le pegaba con el exterior desde la frontal del área para que el cuero se marchara por poco. El primer tiro a puerta del Badajoz, y sin peligro, llegó de las botas de Sabino a dos minutos del descanso.

Tras el entretiempo, los emeritenses pudieron sentenciar varias veces. Primero con un mano a mano de Toni y, segundo, con un cabezazo de Cristo que se encontró Álex. El Mérida volvió a salir intenso y, adelantando la línea de presión, ahogó la salida de balón del cuadro de Alcázar. Pero el técnico pacense leyó a la perfección el momento del partido y mejoró a su equipo con los tres cambios que introdujo en apenas siete minutos. Con Nauzet, David y Javi López en el verde, el Badajoz CF fue ganándole paulatinamente metros al Mérida, cada vez más desfondado. La salida del campo de Boro, ayudante incansable de Amaro y Chiettino en el medio, acabó de romper por completo al Mérida, que cada vez salían menos.

Los pacenses apretaban cada segundo más, hasta que un centro de Carlos Arias cogió la curva hacia el segundo palo. Jonhy se despistó y Nauzet le entró por la espalda como un camión. Su cabezazo en plancha sorprendió hasta a Manu. Pero entonces Jonhy juró resarcirse: mientras su equipo sufría ante un Badajoz que acabó enterísimo, aprovechó la única que tuvo el Mérida tras el empate para prolongar el sueño del título y hacer feliz a un estadio y una afición que cada día se supera más.