El Villarrubia instala al Mérida en la UCI

Santi Amaro, en una imagen de archivo. /
Santi Amaro, en una imagen de archivo.

Preso de su incapacidad para mostrarse fuertes en defensa, los romanos vuelven al descenso tras caer desplomados ante los manchegos

JAVI LAIRADO

Quizá por las bajas, quizá por la idiosincrasia del rival, quizá porque en Granada el equipo solo compitió durante los segundos cuarenta y cinco minutos, quizá por buscar la primera victoria del curso en el Romano, Amaro dio otra vuelta de tuerca al dibujo de su equipo, colocando por primera vez una línea de tres mediapuntas por detrás de Miguel Ángel Espinar, buscando una mayor agresividad del bloque cerca del área y potenciar la llegada a la frontal. La salida del equipo romano fue potente, presionando a la defensa rival, moviendo la pelota con sentido a través de Dani Espinar y José Gaspar, y metiendo tres balones peligrosos en el área visitante en esos primeros minutos. Ambas defensas se instalaban lejos de sus porterías, lo que agravaba el riesgo de cualquier pase desde la zona ancha les pillara desprevenido. Así fueron los primeros intentos de cada uno. Al cuarto de hora, el Villarrubia golpeaba muy duro. Fue en un córner lanzado raso que Seoane encontró el disparo desde el mismo área, aprovechando Fran Cortés para desviar el chut y alojar el balón en las mallas.

Acusó el golpe el Mérida, y Sergio Arribas pudo aprovecharlo para doblar la ventaja en una jugada individual por su banda, y con un chut con la zurda que se estrelló en el larguero. Necesitaban despertar los romanos. Siguieron buscando esa jugada a la espalda de la defensa manchega. En uno de esos intentos, Miguel Ángel Espinar tuvo demasiado tiempo para pensar delante de Diarra, aguantando bien el portero maliense. El disparo posterior de Poley se marchó alto. Pero era poco. Tan poco, que el Villarrubia olió el miedo y se lanzó hacia el segundo. Y su descaro encontró premio. De nuevo muy solos cada futbolista por el que pasaba el cuero, Arribas la puso desde la derecha al punto de penalti para que Nando Copete enganchara un disparo fácil al palo largo. Al Mérida, aún con tiempo por delante, le quedaba la heroica. Y rara vez suele salir.

1 Mérida

Harillo; Tellado, Héctor, Jiménez, Javi Chino; Del Castillo, Poley (Mena, 39'), Dani Espinar (Obama, 59'); Gaspar, Santi Villa (Cristo, 59'), Miguel Ángel Espinar.

3 Villarubia

Samu Diarra; Carlos García, Carlos Martínez, Algisí, Andriu; Seoane, De Dios; Cortés (Ricardo, 68'), Arribas (Nacho, 86'), Diego (Fran Minaya, 63'); Copete.

goles:
0-1 Fran Cortés (Min. 15), 0-2 Nando Copete (Min. 28), 1-2 Gaspar (Min. 65), 1-3 Nando Copete (Min. 76)
árbitro:
Sáez Vital. Expulsó con roja directa a Seoane, del Villarrubia, en el minuto 64. Amarilla también para Samu Diarra y para el local Jesús Mena.
incidencias:
Estadio Romano, alrededor de 3800 espectadores, según datos del club.

Amaro no tardó en mover el banco. Antes del descanso, Mena ya había sustituido a Poley buscando reactivar un centro del campo que había perdido la pelota y se sentía incapaz de recuperarla. Las pocas veces que lo lograba, no le daba claridad. Y la ansiedad hace el resto. Convierte cualquier pase en poco menos que un laberinto, una carrera en una montaña que ascender, una salida al corte en un tembleque de piernas. Y la soga comienza a apretar.

Reclamó Gaspar galones en el Mérida al comienzo de la segunda parte. Provocó que todo pasara por él tratando de dar calidad a la posesión local. Y sí, cierto que cada vez que la pelota paraba en sus botas se preveía que podían pasar cosas, pero el Villarrubia no sufría. Se mantenía a media docena de metros del borde del área y eso inhabilitaba cualquier atisbo de reacción local. Y los minutos pasaban.

Dado que su primera variación había dado escaso fruto, Amaro se jugó los dos cambios que le restaban aún con media hora por delante. La velocidad de Obama por la derecha y el oportunismo de Cristo a la izquierda. Y eso es lo que había. El Mérida vivía en el alambre. Cualquier contra le mandaría directamente a la lona. Tellado inventó desde la derecha una pared con Gaspar, pero su centro fue demasiado potente y Espinar no llegó al remate. Algo se agitaba, al menos. Cristo provocó un error rival y con él la expulsión de Seoane. En la falta, además, Gaspar acariciaba el balón con su pierna zurda para acercar al Mérida al empate. Mitad de camino.

Necesitaba el Villarrubia frenar el ritmo de juego, que apenas pasan cosas en los poco más de veinte minutos restantes. Lo logró de entrada tirando de oficio, eso le dio la vida suficiente como para forzar una falta que en principio no debía llevar a nada. Pero en el estado de nervios romano se convirtió en su tumba. Harillo lo hizo todo mal al recibir el lanzamiento y provocó el tercer gol visitante. La tumba estaba cavada y dispuesta.

Porque tras ese gol sí que no le quedó capacidad de reacción al Mérida. Nunca fue falta de actitud, eso sí, nadie se dejó nada dentro. Lo malo es que ni con esas dio a los romanos para estar cerca del choque. Ni con esas. El Mérida se sabía fuera del partido. Se sabía en un viaje a ninguna parte, atrapado en una espiral de faltas de pura impotencia en campo propio. En su propia incapacidad para crecer desde atrás, metro a metro. En su facilidad para bajar los brazos cuando concedió el primer regalo de la tarde, sabedor como era de que, probablemente, no sería el único. Y sí, en ese viaje, el destino final fue ninguna parte.