El Badajoz grita: «¡Sí se puede!»

CASIMIRO MORENO

Los blanquinegros sellan otro partido épico con un triunfo en el descuento con gol de Guzmán de penalti

MANUEL Gª GARRIDO

Se acaban los calificativos. Épico, glorioso, agónico... El Badajoz se está acostumbrando a protagonizar una gesta tras otra. En un choque serio pero sin pólvora, logró desafiar a su destino para aguantar la mirada al playoff con el final más trepidante posible (1-0). Se pasó de dos ocasiones claras de un Jumilla simplón y sin mordiente al penalti sobre Guzmán que el capitán transformó previo al pitido definitivo. Fue un desenlace loco de un choque que dominaron los pacenses de principio a fin. En caso de haber acabado en empate, ni un reproche, el Badajoz lo puso todo sobre el campo y un poco más. Pero la recompensa llegó... y de qué manera. «¡Que bote el Vivero!», coreaba una hinchada de chapó que emocionó a un blanquinegro hasta la médula como José Ángel, con lágrimas en los ojos tras el tanto.

No hubo una salida en tromba, cada equipo fue mostrando sus cartas pausadamente y sin precipitación. Intensidad en ambos, pero calidad y asociación solo en los locales. El Badajoz se asentó pronto y el Jumilla tardó poco en rendirse a la evidencia.

1 Badajoz

Kike Royo, Toni Abad, Mario Gómez, Julio Cidoncha, Eneko, Kamal, Petcoff, David Martín, Higón (Guzmán, m. 70), Éder y Francis Ferrón (José Ángel, m.70).

0 Jumilla

Iván, Manu Miquel (Seedorf, m. 81), Connor, Edu Luna, Silvayn, Manolo, Peque, Marco Valero (Bouba, m. 63), Germán (Diego Sánchez, m. 53), Ming Yang y Óscar Rico.

GOL:
Guzmán, min. 94 (p).
Árbitro:
Éder Mallo (castellanoleonés). Amonestó a Connor y Manu Miquel, del Jumilla, y a Guzmán en el Badajoz.
Incidencias:
Nuevo Vivero, ante unos 9.500 espectadores.

Tras varios partidos apostando por el trivote, Nafti modificó el dibujo, apostando por algo parecido a un 4-2-3-1, con Ferrón como enganche con llegada. Se situó como escudero, escalonado detrás de Éder. Porfió por cada balón y bregó sin descanso. Un trabajo que domina, pero que minimiza su voracidad de cara a portería. En todo caso era una ocasión pintiparada para el ariete andaluz de reivindicarse tras varias suplencias, pero no fue su día.

Los pacenses avisaron pronto con una jugada ensayada. Córner abierto de Petcoff para la llegada desde atrás de Toni Abad que, desde la frontal, empalaba sin mucha precisión. En altura y físico los hombres de atrás del conjunto murciano ganaban la partida, Nafti lo sabía y trató de sorprender. El propio lateral diestro se internaba un minuto después tras un control orientado con el pecho y su centro-chut lo detenía Iván. El valenciano salió enchufado y, en la siguiente acción, brindó una asistencia medida a Éder, cuyo remate a bocajarro de cabeza lo sacaba con los pies Iván con apuros. Clarísima. El Jumilla trataba de recuperarse del susto sobando la pelota para bajar revoluciones al choque y frenar el ímpetu blanquinegro.

Los de Nafti fueron muy superiores a un Jumilla inofensivo en la primera parte y práctico en la segunda que a punto estuvo de amargar la fiesta en el tramo final

Los murcianos trataban de explotar sus virtudes. En la salida del balón abrían mucho a sus laterales para dar profundidad e incrustaban a Manolo entre los centrales para facilitar las transiciones con el centro del campo. No hubo fluidez. Ming Yang, desconectado y algo perdido en la espesura de su equipo, trataba de descargar para iniciar jugada desde la retaguardia visitante, y eso lo alejaba de la portería contraria.

Mientras, Petcoff destapaba el tarro de la esencias. Yerra en la entrega, recupera la pelota, gira, amaga, hace un quiebro y en una baldosa sale de la presión de dos contrarios. Tuvo algún destello más en los primeros compases. Careció de un protagonismo superlativo, pero el argentino descongestionó el juego con desplazamientos en largo y volvió a salir de una ratonera de tres contrarios con un pase filtrado. A veces él mismo se complica situaciones sin dificultad, pero su repertorio de recursos técnicos es inagotable. Contar con Cidoncha en el eje de la zaga también fue un lujo para orquestar el juego desde la cueva.

El Jumilla fue inocuo, sin chispa ni ideas; romo en ataque, con infructuosos intentos de Germán, solo contra el mundo, siempre bien cubierto. Lo intentaba con acometidas tímidas de Peque por la derecha, sin espacios para explotar su velocidad y desborde. Los visitantes realizaban ayudas constantes en los flancos para ganar presencia en las alas y habilitar la entrada por dentro de los extremos. Cinco minutos de alivio para los murcianos, que se estiraban. Aunque no duraría, desquiciados ante la solidez del bloque de Nafti: balón suelto tras un saque de esquina, Ferrón despeja en el área pequeña e Higón tapona un pase en largo. Defensa coral.

CASIMIRO MORENO

A partir de ahí, el Badajoz acorraló al rival y le obligó a recular. Doble ocasión clara. Higón la recoge en el balcón del área, se perfila, apunta, arma la pierna y su zurriagazo se estrella contra el palo. El rechace lo recoge Ferrón, que remata casi sin espacio, pero Iván hace una parada felina para evitar el gol. El Jumilla renuncia entonces a crear; achica, junta líneas y espera agazapado mientras el Badajoz empuja. Le cede la posesión y repliega con cinco para evitar sorpresas. Antes del descanso hubo tiempo para una más. Ferrón en el área pequeña no aprovechaba el resbalón de su marcador y orientaba mal su cabezazo, que se fue desviado.

En la segunda mitad no cambió mucho el panorama. No hubo revolución ni se esperaba. El Badajoz seguía percutiendo, topándose con una muralla y su falta de puntería. David Martín estuvo a punto de picar la pelota en la salida de Iván, pero su vaselina se topó con la mano del meta, que salió en falso. Algo sí era diferente, el Jumilla se atrevía a chutar, una circunstancia inédita hasta ese momento. Primero Ming Yang desde muy lejos y mordido y, más tarde, Óscar Rico desde dentro del área. Sin peligro, pero las aproximaciones se multiplicaban respecto al primer acto. Tanto es así que Diego Sánchez pudo adelantar a los suyos en un remate de cabeza en el que tenía toda la portería para abrir el marcador. Eso dio confianza a los visitantes, que decidieron dar un paso adelante y probar suerte aprovechando la entrada de Bouba. El Badajoz notaba el desgaste y el Jumilla se sentía más cómodo y menos exigido.

Nafti también movió ficha y Ferrón no lo encajó con deportividad. Se marchó muy enfadado, haciendo aspavientos y pateando todo lo que encontraba a su paso. Contrariado con su sustitución y frustrado con su bajo rendimiento, perdió los papeles y el público se lo reprochó con una pitada. El técnico franco-tunecino recriminó enérgicamente su actitud y lo mandó al vestuario. Fue la nota discordante, el único lunar en una actuación grupal sin mácula.

José Ángel era el encargado ahora de asociarse con los de arriba, mientras que Guzmán relevaba a Higón, desacertado y menos incisivo de lo que acostumbra. Frescura y quilates para oxigenar el fútbol del Badajoz. En ese carrusel de permutas apareció Óscar Rico, que hizo enmudecer a la grada. Amagando una y otra vez se internó perpendicular al punto de penalti y su rosca con el interior se marchó lamiendo la cepa del poste. A partir de ahí, la grada comprendió que era su turno. Apretó, presionó al colegiado (que crispó) y se vació.

Final de infarto

El desenlace podría haber sido dramático si José Ángel termina introduciendo un despeje en su portería; el esférico se fue rozando el larguero. El encuentro parecía abocado a un desenlace desafortunado tras haber perdonado la vida a un Jumilla pobre, pero capacitado. La moneda cayó del lado local. En el descuento, una galopada interminable de Guzmán por la izquierda acabó con el pacense derribado y el árbitro señalando penalti. Era la única manera de frenarlo y se plantaba solo ante el arquero visitante. La pena máxima no tuvo discusión.

Las paredes del Nuevo Vivero temblaron con la explosión de júbilo al unísono. Minuto 94, última jugada del partido y parecía escucharse el latido de toda una ciudad en cada paso de Guzmán, que con parsimonia se aproximó al balón y con suavidad la coló por la izquierda de Iván, que se venció al lado contrario. Y ahí murió el partido y revivieron las esperanzas de ascenso del Badajoz, que sigue a dos puntos del cuarto. ¡Sí se puede, sí se puede!, coreaba la grada. Llantos de alegría, puños apretados descargando la tensión y un abrazo eterno fundido en blanquinegro. Ya son quintos y extienden su racha a once jornadas sin perder. Los de Nafti van muy en serio.

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Mehdi Nafti Entrenador del CD Badajoz «Los chicos han entendido perfectamente lo que se pedía»

«Era lo que esperábamos. Un partido de paciencia, de no frustrarse ni precipitarse. Los chicos han entendido perfectamente lo que se pedía». Así valoraba el choque Nafti, consciente, además, de que también pudieron perder. «En los últimos cinco minutos hemos estado más cerca del 0-1 que del 1-0». Tuvo unas palabras para resaltar la labor de José Ángel y Guzmán, «protegiendo durante la semana a la plantilla. Se merecieron una oportunidad porque no hay dos que sientan los colores como ellos». Emociones desbordadas y a flor de piel, Nafti confesó en la comparecencia que vivió el gol como «la jornada pasada contra el UCAM, cuando Kike para el penalti. ¡Me va a dar algo! Aunque con un final así vale la pena vivir estos momentos que solo te da el deporte». Respecto a la polémica con Ferrón, pidió perdón por la imagen mostrada y concluyó: «cuanto más quieres a alguien, más le exiges».