SEGUNDA B

Patxi Salinas: «Renuncié a entrenar en Asia por el Badajoz»

Patxi Salinas, en la Plaza Nueva de Bilbao. / /MIREYA LÓPEZ
Patxi Salinas, en la Plaza Nueva de Bilbao. / / MIREYA LÓPEZ

El extécnico blanquinegro considera que la directiva «se puso nerviosa» y eso precipitó su cese, decisión que «entiendo pero no comparto»

REDACCIÓN BADAJOZ.

Hace algo más de dos semanas el Badajoz y Patxi Salinas separaron sus caminos tras una efímera y escasamente satisfactoria travesía juntos. El conjunto pacense caía a la promoción de descenso tras una dolorosa derrota en casa ante el Linense y la paciencia del Nuevo Vivero llegaba a su final. Y también la de la directiva y Premium Sports, que acordaban la destitución del técnico vasco, que llegó a la capital pacense con el objetivo de liderar un proyecto ilusionante en Segunda B, con aspiraciones de algo más que la permanencia.

Tras varios días de impasse, Salinas ha roto su silencio en una entrevista concedida a El Correo (Vocento), en la que hace un repaso sobre su corta estancia en el club blanquinegro. «Vine porque vi que era un equipo de capital de provincia, un buen campo, una buena afición. Hice un equipo totalmente nuevo (hasta 19 fichajes), pero hoy en día la paciencia está muy limitada y los clubes ya no aguantan», afirma en referencia a su cese tras nueve jornadas disputadas en las que no logró un triunfo en casa.

Salinas considera que su salida fue prematura por el tramo de temporada en el que se produjo. «No entiendo que sea en la jornada 9 con 9 puntos. Si es en la jornada 25 con 18 puntos, sí». Tras un inicio prometedor con dos victorias ante el Villanovense e Ibiza, el Badajoz entró en barrena y no volvió a llevarse los tres puntos. «Tuvimos un par de partidos con la desgracia de no ganar, se ponen nerviosos y deciden que la dinámica no es buena y que hay que cambiar. Lo entiendo, aunque no lo comparto».

Disconformidad

Admite que el estado de crispación instalado en la parroquia blanquinegra se tornó insostenible, lo cual terminó afectando al rendimiento de su plantilla precisando un movimiento urgente para revertir la situación. Y el del entrenador es siempre el eslabón más débil. «En el último partido la gente mostró cierta disconformidad, y jugar con esa tensión era muy complicado, sobre todo, para los jugadores. Lo más fácil para destensar un poco esto era echar al entrenador».

El extécnico del Burgos reconoce que apostó muy fuerte por dirigir al Badajoz y renunció a otros proyectos jugosos. «Tuve una oferta importante de un equipo asiático y estuve a punto de irme, pero no la cogí por irme a Badajoz, que lo tenía apalabrado. Estaba ya comprometido, si no...», apostilla.

Asegura que pese a perder la confianza de la directiva, contaba con el beneplácito del público, que le mostró en repetidas ocasiones la comunión con sus ideas. «Me decían que hacía años que no veían jugar así al equipo, estaban muy ilusionados, también la prensa». Versión que choca frontalmente con la desaprobación que en varias ocasiones manifestó la afición pacense en su feudo ante el juego desplegado y los resultados obtenidos.

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