«Cuando falló Kevin pensé que habíamos perdido»

Santi Amaro celebra con sus dos hijos el ascenso en el césped del Romano. :: J. M. ROMERO/
Santi Amaro celebra con sus dos hijos el ascenso en el césped del Romano. :: J. M. ROMERO

Diez días después de cosechar su primer ascenso como entrenador, repasa el curso, revive la tanda de penaltis y habla del futuro Santi Amaro Técnico del Mérida AD

M. G.MÉRIDA.

Hace justo un año, Santi Amaro (Montijo, 1981) sopesaba no firmar con el Calamonte, a quien le había dado su palabra, para aceptar el reto del Mérida. Hoy, diez días después de rematarlo, sigue saboreando su tercer ascenso con el club, el primero como entrenador. Llega primero al estadio el delegado, Fernando Torres hijo, y abre la puerta del despacho del entrenador. Minutos después llega Santi Amaro, antes de ir a recoger a su hija de voleibol, se sienta y. «venga, dispara».

-Acierta Álex Jiménez. ¿Y qué hace Santi Amaro entonces?

-Solo vi los dos primeros penaltis. Cuando falla Kevin me voy al banquillo. Y cuando marca Álex, recuerdo que tengo a Migue Montes al lado, lo abrazo, y a Fran Méndez, y a Jesús (Perera). y el abrazo dura como unos diez metros.

-Que es cuando le llega Santi júnior.

-Como estaba de recogepelotas, le dije que si ascendíamos se fuese rápido donde yo estuviera, porque sino no lo iba a ver con la invasión de campo. Y de pronto veo que aparece por allí llorando.

-Y cuando ve a su hijo, rápidamente quiere ir a buscar a su hija y a su esposa.

-Sí, porque sabía que Aitana también había saltado y quería buscarla para tenerlos controlados a los dos. Me encantó que mis dos hijos vinieran rápido a por mí. Santi está mucho conmigo, se viene a entrenar los sábados, porque vive el fútbol, le encanta. Y sé que esos momentos siempre se le van a quedar.

-¿Y cómo lo han vivido en casa toda esta temporada?

-Cuando uno asciende ve la espectacular euforia que rodea todo, pero las mujeres de la casa saben cuánto ha costado. Cuánto tiempo le has echado, las noches en vela porque las cosas iban regular, la preparación de los partidos. Ven un trabajo que el aficionado de a pie no ve, y entonces saben por qué esa descarga de adrenalina.

-¿Ha sufrido tanto en algún campo como en esa tanda de penaltis?

-Nunca, jamás. De jugador, porque dependía de ti. Yo, en la tanda, veía a mis jugadores más tranquilos que yo. Ha sido el mayor sufrimiento de mi carrera. Cuando falló Kevin pensé que habíamos perdido.

-¿Tan duro, de verdad, ha sido el año?

-Sí. Primero, porque la ciudad sufrió un palo duro con el descenso. Segundo, porque la plantilla era nueva y había que acertar lo máximo posible. Tercero, porque había que recuperar la ilusión de la afición, una afición que quería ser líder desde el principio y no sabía que esto era un proceso. Al final sabíamos que los primeros meses iban a ser de mucho desgaste.

-Se lo pregunto porque le han sacado once puntos al segundo y han subido a la primera.

-Si lo ves así, por resultados, el año ha sido espectacular. Pero a nivel de trabajo, de exigencia, hemos sentido que ha sido muy duro.

-¿Cómo ha llevado que los que le criticaban en septiembre le abrazasen en junio?

-Es fútbol. Resultado. Tiempo. La idea ha sido siempre la misma, pero hemos ido dando pinceladas. Empezamos con un 4-4-2, pero vimos que nos costaba en transiciones y pasamos al 4-2-3-1. Pero no nos hacíamos con todo el control del juego que yo quería y al final encontramos la estabilidad en el 4-3-3, porque con este sistema el rival nos hacía menos daño en las transiciones al tener tres por dentro. Tú tienes una idea, pero el proceso debe de estar abierto. Por las características del rival, por el estado de forma de tus jugadores, que te van dando pistas hacia dónde tienes que ir. El entrenador que se cierra en su idea está destinado a que un año no le salga y...

-¿Su mayor acierto ha sido alejarse del ruido en los tres momentos comprometidos del curso?

-Siempre he dicho lo mismo en el vestuario, incluso cuando era jugador. Les decía a los chicos que solo se preocuparan de lo que dependía de nosotros. Si no dependía de nosotros, no podíamos hacer nada. Así que tocaba entrenar, preparar los partidos, estudiar a los rivales... Y eso es lo que hemos ido haciendo todo el año.

-¿Puede confirmar ya públicamente que la única derrota de la temporada, en Navalmoral, les vino muy bien?

-Sí, fue un antes y un después. Ahí tomamos dos o tres decisiones que a la larga han sido fundamentales. También es cierto que ese partido venía condicionado por la Copa Federación, que terminamos de lanzar unos penaltis el jueves casi de madrugada. Quizá deberíamos haber planteado el partido para no perder, pero fuimos a ganar, y se pusieron 2-0 rápidamente. Seguimos yendo y al final llegamos justitos físicamente. Pero sí que ese partido nos hizo tomar decisiones que a la larga han sido buenas.

-¿Ha merecido entonces todo la pena?

-Sí. Las sensaciones que te da el fútbol no te las da nada. Estoy superorgulloso del trabajo que se ha hecho, desde la directiva hasta la llegada de Rubén (Andrés); todo el cuerpo técnico; me quito el sombrero ante la disposición para el trabajo de toda la plantilla. No hemos tenido nunca un mal comportamiento de ningún futbolista. Era una decisión complicada aceptar el reto, porque mi día a día en Mérida es fútbol y siempre fútbol. pero en este trabajo hay que tomar decisiones y aceptar los grandes retos. Ha sido fundamental saber gestionar el grupo, gestionar cada momento de forma de cada jugador, que nadie se nos

-¿Qué ha aprendido?

-Todo son experiencias. Lo de este año te sirve para cuando se vuelvan a repetir este tipo de situaciones, saber lo que te ha ido bien y lo que no. La experiencia la tienes si entrenas. Si no, jamás tendrás experiencia.

-¿Y qué rectificaría?

-¡Claro que nos hemos equivocado en muchas cosas! Pero no te puedo decir ahora una en concreto. Creo que las decisiones en mayor medida han sido acertadas.

-¿Ha sido consciente de la presión, ya fuera de la grada, ya fuera de la directiva, en los tres momentos del año en que las cosas no salían?

-No hace falta que nadie te diga que estás en el alambre, lo sientes. Yo soy realista y sé que un resultado lo cambia todo. Un año lo cambia todo. A lo mejor el año que viene estamos aquí y estamos hablando desde la tristeza. Pero siempre pienso lo mismo: lo que depende de mí. Lo que no depende.

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