SEGUNDA B

Un Badajoz entre dos áreas

Kike Royo (derecha) se abraza a Éder tras ganar al Don Benito. :: hoy/
Kike Royo (derecha) se abraza a Éder tras ganar al Don Benito. :: hoy

Nafti trabaja en conceder menos atrás para minimizar los efectos de la falta de puntería

MANUEL Gª GARRIDO BADAJOZ.

La labor del entrenador es multidisciplinar, manejando variables heterogéneas para garantizar el éxito como colectivo, que se traduce en equilibrio. Ese factor es el que ahora mismo obsesiona a Mehdi Nafti para perfilar un estilo que va calando en la plantilla, pero que aún debe perfeccionar. La intensidad y agresividad son dos imperativos innegociables de su filosofía que han contorneado un dibujo táctico menos rígido, que ha ido fluctuando para adaptarse a cada situación.

Quizás ante el Don Benito, cuando el Badajoz llevaba apenas unos días bajo la dirección del técnico franco-tunecino, ha sido el encuentro en el que menos identificable ha sido esa apuesta, aunque en la segunda parte existió una reacción. En Cartagena, pese a la derrota, se vislumbró un bloque compacto y en muchas fases pusieron en apuros a un aspirante al playoff. Contra el UCAM, la metamorfosis fue completa y se produjo la sublimación de un planteamiento que adquirió su momento de clímax. En el último choque, sin que la regresión fuera categórica, volvieron a manifestarse vicios pasados que Nafti trata de neutralizar sin paliativos. «El otro día los chicos reconocieron que empezamos el partido en el minuto 16, y en fútbol profesional iniciar el choque a esas alturas ya es complicado». Peke adelantaba a los murcianos antes del ecuador del primer tiempo y el Badajoz volvía a remar a contracorriente. Una pesadilla recurrente que desvela ciertas carencias.

La presión intensa, la defensa desde la punta de lanza, el sacrificio colectivo y la solidaridad en las ayudas han permitido al conjunto pacense blindar su área y conceder menos, aunque siguen produciéndose desconexiones. Una circunstancia que suele pagar cara y cuyos daños colaterales se intensifican por la falta de puntería en la portería contraria. Los números del Badajoz en esta faceta son paupérrimos: un gol en tres partidos y diez en catorce jornadas, siendo el segundo menos goleador del grupo. Además, el pichichi del equipo, Francis Ferrón, no marca desde el 30 de septiembre, en casa, ante El Ejido. «Jamás me vais a escuchar criticar a un jugador por fallar una ocasión. Hacer un gol es lo más complicado en el fútbol (...). Lo que sí puedo controlar es mi área. El nivel de concentración, de intensidad. Si un futbolista no está enchufado se sentará a mi lado y jugará otro».

A Nafti le inquieta esta tesitura relativamente, ya que pese a que existe un claro déficit en la materialización, el Badajoz cuenta con múltiples oportunidades y llega con cierta soltura a la retaguardia contraria. «El equipo sigue teniendo ocasiones de gol, la clave es encontrar el equilibrio y conceder menos al rival». Para esa pretensión de ser consistentes en ambas áreas, Nafti pierde a dos piezas claves: una arriba, con la baja de Ferrón por acumulación de amarillas, y otra bajo palos, el meta Kike Royo, que cumple un partido de sanción tras su expulsión en Jumilla. El retorno de Petcoff funciona de homeostasis táctica y el Badajoz recupera orientación y peso específico en el eje para compensar ambas ausencias.

3 expulsiones en 4 partidos

Se da la circunstancia de que los blanquinegros han acabado con diez futbolistas en tres de los cuatro partidos disputados con Nafti. Respecto a si se trata de una relación causa-efecto por una apuesta de juego más aguerrida o por una cuestión arbitral, el técnico lo tiene claro: «No creo que en la roja de Kike Royo sacando un balón con la oreja fuera del área se pueda considerar que es por ser agresivos. Es algo que no podemos controlar, pero esperamos que cambie nuestra suerte en este sentido». La realidad es que en los últimos cuatro choques, los pacenses han recibido 22 amarillas (lo cual supone una media de casi seis cartulinas por encuentro) y tres rojas, dos de ellas por doble amonestación. Pese a que Nafti ha interpretado en varias ocasiones este factor como un reflejo de solidez, advierte que «me encantaría acabar un partido con todos mis jugadores. Ganar un partido once contra once ya es de por sí muy complicado».

 

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