SEGUNDA B

El Badajoz abre su corazón al pequeño Carlos

Mila Vera, Daniel Rigote y Pablo Blázquez con el pequeño Carlos en el Nuevo Vivero. :: CASIMIRO MORENO/
Mila Vera, Daniel Rigote y Pablo Blázquez con el pequeño Carlos en el Nuevo Vivero. :: CASIMIRO MORENO

El club pacense colabora en la recogida de tapones para ayudar a este niño de tres años y medio con síndrome de Lennox

J. P. BADAJOZ.

«Una tapa en el suelo contamina, pero en el corazón ilumina». Milagros Vera recordaba el lema de Euexia Rural para dar valor al pequeño gesto de depositar tapones de plástico y la gran ayuda que supone para el beneficiario. Mila es la madre de Carlos Rigote Vera, un niño pacense de tres años y medio que padece tetraparesia espática severa, ceguera y síndrome de Lennox Gastaut. Tiene un 89 por ciento de minusvalía y un grado 3 de dependencia. Su familia necesita de fondos para poder adquirir un vehículo especial de movilidad reducida que facilite los desplazamientos mensuales a Madrid del pequeño Carlos, además de sufragar todos los gastos médicos que conllevan su enfermedad. El Badajoz no ha dudado en ofrecerse para colaborar y habilitará contenedores para la recogida de tapones en cada puerta de acceso al estadio en los días de partido y en las oficinas del Nuevo Vivero. «Nos llegó un vídeo del niño con la camiseta del Badajoz pidiendo ayuda y nos emocionó. Es un niño de los nuestros y como club, por nuestra vertiente social, estamos obligados a ayudarle», expuso Pablo Blázquez al tiempo que resaltaba la fuerza y el amor de Daniel y Mila por sacar adelante a su hijo. «No tardaron ni dos horas en contactar con nosotros», agradecía esta joven madre luchadora incansable y de una entereza admirable a sus 24 años. También tienen abierta una cuenta solidaria ES93 0182 0386 5202 0163 6557 (BBVA) en la que aquellos que quieran puedan colaborar a la causa con sus aportaciones. Mila Vera recalca que todos los movimientos y noticias se pueden seguir al detalle a través del perfil de facebook taponessolidariosparacarlosrigotevera.

Carlos Rigote nació el 21 de abril de 2015. Es gemelo de Hugo, su hermano que lleva una vida normal. Mila Vera tuvo que dejar de trabajar porque su hijo Carlos necesita atención las 24 horas del día. La familia se mantiene y soporta los gastos de la enfermedad del sueldo de militar del padre Daniel Rigote. El objetivo que se plantean con esta iniciativa es llegar a las 160 toneladas de tapones (unos 35.000 euros) que les permitan comprar un coche especial para evitar que la columna del pequeño Carlos sufra en los desplazamientos. Aunque sigue supervisado por la Seguridad Social, una vez al mes viaja a Madrid para recibir tratamiento privado durante una semana bajo el control de un neurólogo y una neumóloga.

Sin perder la sonrisa a pesar de la adversidad y la angustia, Mila Vera relataba la historia de Carlos. «El embarazo fue bien, todo se complicó después. Cuando nació tuvo un derrame cerebral, al mes de vida ingresó en la UCI y le tuvieron que operar para ponerle una válvula de derivación hidrocefálica. Ahí empezó la lucha de Carlos», resumía. Pero los problemas crecieron a los siete meses al volver a entrar en quirófano para cambiarle la válvula. «Desafortunadamente cogió una infección por meningitis y Carlos se quedó ciego, empezó con ataques epilépticos. Esto acarreó tres meses hospitalizados y cuatro operaciones más. Pero Carlos no estaba bien», recordaba su madre. Para colmo, Daniel y Mila recibieron otro duro golpe en una nueva revisión al comunicarle que la válvula no estaba bien colocada. «Durante esos seis meses había tenido una destrucción cerebral por una nueva hidrocefalia y había que intervenirlo otra vez».

«Serán las primeras navidades que pasemos todos juntos en casa ,sin hospitales», señala Mila

«Empezamos a ver mejoría»

Carlos seguía convulsionando y no conseguían estabilizarle. «No nos podíamos quedar ahí. Cogimos todos nuestros ahorros y nos fuimos a un reputado neurólogo en Barcelona. Todavía no éramos conscientes del problema. El diagnóstico fue que tenía más de 120 crisis diarias. Era normal que el niño no avanzase porque cuando le daban las convulsiones por la noche todo lo que había aprendido por la mañana se le olvidaba por la noche. Por decirlo de alguna manera su cerebro se reseteaba. Todos los días era empezar de nuevo. Ahí fue cuando chocamos con la realidad», asumía Mila. Buscaron en la cercanía de Madrid y encontraron respuestas en el neurólogo Fernando Oliete de la clínica Antonio Barrio. «Nos dio muchas esperanzas de que se podían controlar sus epilepsias. Empezamos a ver la mejoría cognitiva de Carlos», apuntaba Mila.

Después de tres años de hospitales y visitas a médicos esperan pasar una Navidad muy especial. «Serán las primeras navidades que pasemos con nuestro otro pequeño, Hugo, todos juntos en casa, sin estar en hospitales», decía Mila con un brillo en la cara. Fuera del entorno familiar encontraron el apoyo de Euexia Rural, una asociación que trabaja para mejorar la calidad de vida de los colectivos en riesgo de exclusión social, especialmente las personas con discapacidad intelectual. Euexia tiene en marcha el proyecto 'Corazones solidarios' con once puntos de recogida de tapones repartidos por la provincia pacense. El presidente Jesús Sosa explicó que esta asociación se organizada con un modelo innovador formado exclusivamente por voluntarios y que recientemente ha sido reconocido con el Premio Extremeño al Voluntariado Social 2018. «Empezamos a escuchar a personas con discapacidd intelectual decir que que el viernes se ponían el pijama y no se lo quitaban hasta el lunes. Por ahí empezamos. Tenían que salir de casa. Compramos una furgoneta y comenzamos a movernos», comentó Jesús Sosa. Así fue como la familia de Euexia Rural comenzó a estar presente en charlas, exposiciones y todo tipo de actos cualturales. «Empezaron a relacionarse con la gente, interaccionando con otras personas», añadía.

 

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