«El ascenso sería un sueño tremendo»

Nafti piensa que «el talento no es suficiente, hay que correr más y mejor que el rival, ser más agresivos, tener picardía...». :: J. V. ARNELAS/
Nafti piensa que «el talento no es suficiente, hay que correr más y mejor que el rival, ser más agresivos, tener picardía...». :: J. V. ARNELAS

«Yo me veo aquí la temporada que viene, pero quiero saber dónde. El club sabe que mi prioridad es el Badajoz»

JAVI PÉREZ BADAJOZ.

Mehdi Nafti (Toulouse -Francia-, 1978) ha conseguido moldear al Badajoz hasta darle un sello reconocible. El suyo. Carácter, compromiso, lucha, trabajo y mucha adrenalina. Cogió un equipo sin alma y en seis meses lo ha reanimado transplantándole un corazón enérgico e irreductible. Un cambio radical en la mentalidad de lo que él mismo denominó a su llegada como «los primeros de la clase» para convertirles en los que imponen la ley del patio. Exigente, pasional, de trato amable y sabiendo marcar las distancias, Nafti siempre habla claro y directo. En el fútbol como en la vida, el preparador franco-tunecino no se plantea más allá que lo inminente. Así ha sido su trayectoria en el banquillo blanquinegro. Un campo de minas lleno de sucesivos retos que ha ido superando hasta llevar al Badajoz a la fase de ascenso. Sin respiro. Y no exento de sufrimiento, en el césped y en el vestuario para velar por un grupo sacudido en lo personal por la crisis institucional. Nafti asume que la espina del descenso del Mérida la llevará clavada para siempre. Un año después le toca vivir la otra cara. El destino le trajo al Nuevo Vivero y le tenía reservado un sitio en la historia. Pase lo que pase reconoce que ve su futuro en el banquillo del Badajoz. Este sábado comienza el primer asalto ante la UD Logroñés.

-¿Cómo sienta el playoff?

-Uff. Durante unos días en una nube. Hasta la vuelta al trabajo en un estado de felicidad tremenda. Poco a poco con el regreso a las tareas ya pensando y planificando el primer partido de playoff. La vuelta a la realidad.

-¿En qué pensaba cuando tras el pitido final el Nuevo Vivero coreaba su nombre?

-Muy orgulloso. Te acuerdas de los momentos difíciles, de tu familia, del tiempo que no echas con tu hija por dedicarte a tu trabajo. Todo esto te sube un poquito, te emociona.

-Cuando estaba en Granada viendo al equipo en puestos de promoción de descenso, ¿se imaginaba que lo llevaría al playoff?

-Nunca imaginas eso. Siempre piensas a corto plazo ¿Qué puedo hacer para mejorar al equipo? ¿Qué puedo hacer para cambiar el chip?

-¿Y cómo se cambia el chip?

-Tenían que darse cuenta que no estaban tan lejos de la realidad. En el fútbol el talento no es suficiente, hay que correr más y mejor que cualquier rival, ser más agresivos, tener picardía, manejar el otro fútbol. El talento estaba ahí y juntando esas cosas el equipo dio un salto de calidad.

-Lo que siempre ha comentado de los primeros de la clase. Al final se partieron la cara en el patio y aprobaron.

-Totalmente. El equipo ha estado con más mala leche, tenía más agresividad. En dos meses hemos pasado de ser el equipo con menos tarjetas del grupo al que más. Es un dato significativo, por lo menos para mí.

-Cuando aceptó el proyecto ¿qué objetivos le marcaron? ¿Cuál era su planteamiento?

-Los objetivos vinieron sobre la marcha. Los objetivos dentro de un club en líneas generales son una mentira. Lo que hay que hacer es ganar y a corto plazo. Porque a medio plazo nadie existe en el fútbol, al menos en Segunda B. Era mejorar sobre la marcha. Es verdad que a partir de enero el equipo empezó a tener esa velocidad de crucero, poco a poco pensar en mitad de tabla, Copa del Rey y en los últimos meses hemos metido la cabeza y vimos que existía la posibilidad de playoff sobre todo porque no era solamente la mejoría de nuestros resultados, sino que equipos como San Fernando o UCAM bajaron.

-¿Y en qué momento se lo empezó a creer?

-Creo que cuando ganamos en el campo del UCAM cuando Kike Royo para ese penalti en el 96. Ahí lo vimos posible. Creo que fue un momento de inflexión para todo el club y toda la ciudad.

-¿Esa fue quizás la clave y el chute de confianza de ir ya decididos a por todas?

-A partir de ahí equipos como UCAM, San Fernando e incluso Cartagena dijeron, ufff, ahí está el Badajoz.

-Tenía un reto muy difícil con la presión añadida de que su llegada fue recibida con división de opiniones y con el equipo hundido, ¿cómo se digiere todo eso?

-Al final tenemos un trabajo expuesto a la crítica y la crítica es muy fácil, sobre todo a corto plazo. La gente juzga antes de conocer a la persona. Eso es humano, ocurre en la vida general. Imagínate más con mi pasado en Mérida que veníamos de un descenso. Sabía que esa crítica iba a llegar, lo que había que hacer es poco a poco ganarse la confianza de los jugadores y del público a base de hacer actuaciones buenas y de resultados.

-Con todos esos condicionantes de su pasado en el Mérida y con descenso incluido, poca experiencia en el banquillo, la afición de uñas con el equipo, ¿no le dio vértigo embarcarse en esta aventura?

-Si a alguien le da un poco de vértigo que no haga este trabajo porque en este trabajo hoy soy Brad Pitt y mañana el peor del mundo. Elige otro trabajo. El fútbol es una gran mentira. ¿Por qué alguien me va a dar una sonrisa ganando un partido y me va a dar la espalda por perder si estoy haciendo el mismo trabajo durante la semana? Es así. Si tú quieres vivir del fútbol, de tu pasión, tienes que aceptar eso. Viene de serie. Esas críticas, esa presión las tienes que aceptar y sobre todo saber llevarlas.

-¿Cómo se encontró el vestuario?

-Tristón. Los jugadores habían tenido un encontronazo con una parte de la afición y los resultados no llegaban. El equipo había hecho buenos partidos sin conseguir resultados. El grupo estaba tristón, pero con ganas de cambiar el chip y con una buena predisposición al trabajo.

-Lo primero, levantar el ánimo.

-Tuvimos altibajos. Es verdad que al principio tuvimos resultados muy buenos contra los equipos potentes, sin embargo hemos tenido más problemas para ganar a los de la parte baja. Recuerdo un 3-0 en Jumilla, perdimos en Sevilla 2-1, no fuimos capaces de ganar en Málaga... Había que insistir en momentos de concentración y contundencia, momentos puntuales durante ciertas fases del partido. A raíz del mes de enero cuando el equipo volvió de vacaciones con las pilas cargadas encontró su mejor nivel.

-Hubo partidos como el de Sevilla o Talavera en casa donde parecía que todo se acababa, que el Badajoz se quedaba en tierra de nadie.

-La diferencia entre Sevilla y Talavera es que en el empate en casa por lo menos el equipo tenía una identidad. No se ganó, el partido fue aburrido, pero había una solidez defensiva, una identidad a pesar de no conseguir los tres puntos.

-La segunda vuelta ha sido espectacular. ¿Cómo se mantiene ese ritmo y esa tensión para primero luchar por salir de abajo, luego ir metiéndose en Copa del Rey y terminar dando caza al cuarto?

-Creo que por la autoexigencia, el trabajo diario. Hacer ver a los chicos que se dieran cuenta de la importancia del trabajo diario, no tener esos altibajos. Y sobre todo que los resultados contra los mejores equipos les han hecho ver que estaban cerca de la realidad.

-¿Y cómo es ese vestuario ahora?

-Bien. Pero hay que tener cuidado de no confundir la confianza que tenemos con la relajación. Hay que tener mucho cuidado porque el hilo es muy estrecho. Que el equipo tenga muchísima confianza a la hora de competir me parece muy bien, se vio el otro día ante el Sevilla B en el primer tiempo, pero en el segundo confundimos un poquito la confianza con la relajación. Eso no puede pasar durante los partidos de playoff.

-¿Y cómo es Nafti en ese vestuario?

-Distante. No suelo entrar en el vestuario. Viendo cómo está el patio con capitanes como José Ángel, Guzmán y gente más madura como Julio Cidoncha, que tiene un papel importante dentro del vestuario, Cristian también... Van solos y se autocorrigen entre ellos. A mí siempre me ha gustado de jugador que el cuerpo técnico dejara vivir a una plantilla y es lo que estoy haciendo.

-¿Qué puede pasar en el playoff?

-La mentalidad tiene que ser la misma que ahora, exactamente la misma. Si tenemos que caer que sea con lo que nosotros proponemos y porque el rival sea mejor. Sería una lástima caer con la sensación de que se podía haber hecho algo más. Yo quiero caer mirando al rival a los ojos y diciendo habéis estado mejores que nosotros, muchas gracias, suerte y adiós. Es la forma de caer.

-¿Le da importancia a que el primer partido siempre sea en casa?

-Da igual a estas alturas. Es un partido de 180 minutos. Tienes que controlar muchos parámetros, trabajar con las emociones, el estrés, saber leer los partidos. Y sabiendo también la ventaja que tendremos en nuestra casa con nuestro público.

-¿Puede ser el Badajoz el nuevo Extremadura?

-Por trayectoria puede ser, pero estamos hablando de dos plantillas totalmente distintas. Cuando inicia el proyecto el Extremadura tiene la obligación de subir, presupuestos como el del Badajoz hay más de la mitad de nuestro grupo.

-¿Se imagina jugándose el ascenso en la ronda final con su Racing?

-Eso sería una pesadilla. Espero que no sea la última eliminatoria, que ellos suban ahora y el Badajoz luego también. Ya que estamos aquí que suban los equipos a los que tienes cariño.

-¿Ya le han ofrecido la renovación?

-Todavía no. Hemos dejado la puerta abierta.

-¿Se ve aquí la próxima temporada?

-Yo me veo aquí la temporada que viene, pero quiero saber dónde. El club sabe que mi prioridad número uno es Badajoz, la número dos y la número tres. El club lo sabe, pero me gustaría saber dónde.

-Ha sido una temporada extraña y justo cuando el Badajoz se lo jugaba todo explota la situación con la salida de Premium y los retrasos en los pagos. ¿Cómo se aísla el vestuario de todo eso?

-No se puede aislar. Tienes que dar de comer a tu familia. Cuando te llega toda la mierda te la comes en la cara. Por eso digo muchas veces que el problema de la Segunda B es que queremos una exigencia de profesional en un mundo muy amateur. Lo que ha pasado en Badajoz pasa en muchos equipos. La afición no sabe lo que hay detrás y se podría escribir un libro. La gente no sabe lo que hay en el día a día, lo que el futbolista puede llegar a sufrir durante la semana. Solamente se ve la parte bonita del fútbol.

-En un año ha vivido las dos caras de la moneda.

-El descenso en el campo del Coruxo fue muy duro. Es un descenso que jamás llegaré a asimilar, esa herida con el Mérida jamás la tendré totalmente cerrada, pero es una experiencia. Al final es lo que uno deja. No te puedes imaginar la cantidad de mensajes de aficionados del Mérida felicitándome por el playoff con el Badajoz a pesar de la rivalidad. Al final es lo que queda.

-¿Le ha dado muchas vueltas a aquel gol de Ruano que salvaba al Badajoz y condenaba al Mérida?

-Si empiezas a darle vueltas y pensar como un aficionado estás muerto. Un profesional tiene que comprender la rivalidad entre dos clubes. Yo la entiendo perfectamente, pero no puedo vivir de emociones, es mi trabajo, al final es mi pan. Soy una persona muy sensible y vuelvo a repetir que el descenso con el Mérida fue un palo tremendamente duro y tendré otros.

-Este equipo ha hecho soñar a la afición, pero ¿con qué sueña Nafti?

-(Larga pausa). Con el ascenso a Segunda A, sería un sueño tremendo, pero está tan lejos que uno se impide a sí mismo soñar. Está muy lejos.

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