Colorín colorado en el Príncipe Felipe

Gaspar yace en el suelo después de recibir una falta del contrario/
Gaspar yace en el suelo después de recibir una falta del contrario

La plantilla del Cacereño constató ante el Sevilla Atlético, sobre todo en la segunda parte, que sabe que no se está jugando absolutamente nada

FERNANDO GALLEGO CÁCERES

Echando números, por supuesto que el Cacereño no está descartado para alcanzar plazas de Copa del Rey. Por favor. Pero si uno se para, se sienta y lo escudriña detenidamente, sabrá que es imposible. Utópico. Porque el equipo está roto y se ha caído, ya no existe, ha tirado la toalla. Y ojo porque faltan aún cinco jornadas, en las que si el grupo no cambia de comportamiento puede incluso llegar repetir la historia del curso pasado: no ganar ni uno de los últimos siete partidos. Y eso el vestuario lo sabe.

0 CACEREÑO

1 SEVILLA ATL.

CP Cacereño:
Vargas; Palero, Dani Pérez (Iván Pérez, 72), Juan Carlos Mejías, Toni Sánchez; Checa, Aarón (Raúl Medina, 54'); Gaspar, Jairo (Elías, 64'), Valverde; y Martins.
Sevilla Atlético:
David Soria; Nahuel (Juan Muñoz, 78'), Garrido, Israel, Moi; Luismi, Cotán (Juanje, 64); Juanan, Carlos Fernández, Jony (Gil, 72'); Gonzalo.
Gol:
0-1: Juan Muñoz, min. 84.
Árbitro:
Cid Camacho, del colegio castellano-leonés. Amonestó a los locales Palero, Toni Sánchez, Raúl Medina, Gaspar y Valverde; y a los visitantes Moi, Luismi, Cotán, Gonzalo y Juanje.
Incidencias:
Alrededor de 1.000 espectadores en el estadio Príncipe Felipe de Cáceres. Césped en magníficas condiciones.

El equipo de Marcos constató ayer, sobre todo en la segunda mitad, que sabe que no se está jugando absolutamente nada (al menos grupalmente). Y así se lo hizo saber una semana más a su acólitos del Príncipe Felipe (que cada vez, por cierto, son menos). Una victoria y cinco derrotas en las últimas seis jornadas le hacen silbar a cualquiera, incluida a la grada verdiblanca.

Y eso que, una jornada más, el equipo salió bien. Pero siempre va de más a menos. Será por el físico, por las molestias que arrastran piezas importantes, porque no aciertan con el gol, por una conjunción astral rara de esas... El caso es que se va de los partidos. Se diluye. Desaparece. Y si fuera ganando cómodamente, pues a lo mejor se le aplaudiría. Pero le cuesta tanto fabricar goles que, irse de los partidos, es un lujo que no puede ni soñar. Y si a esto se le añade que enfrente estaba un rival que llevaba desde el 10 de diciembre sin marcar a domicilio... pues eso: bostezo tras bostezo.

Pero al menos en los primeros 45 minutos el equipo de Marcos exhibía cositas: un tiro lejano por allí, un acercamiento peligroso por acá, una triangulación en condiciones, una contra bien pensada, Jairo y Gaspar que se juntan y uno piensa lo que pudo ser y finalmente no ha sido... Sí, también es verdad que con el paso de los minutos el Sevilla empezó a pisar el área de Vargas, pero con el mismo peligro y la misma claridad que el Cacereño la suya. Las mejores ocasiones llegaron en un minuto, poco antes del descanso: primero David Soria le sacó una manopla a una falta espléndidamente dirigida por Toni Sánchez a la escuadra y después Cotán le pegó mal casi desde el punto de penalti con todo a su favor.

Pero luego llegó la segunda parte, es decir, la nada. Al menos en lo que respecta al Cacereño. Aún se está investigando en Cuarto Milenio si el equipo de Marcos llegó a salir del vestuario. Es un caso paranormal, porque camisetas verdes se vieron pulular por el césped. Aparte de no llegar ni una sola vez con peligro al área rival (no digamos ya tirar a puerta con intenciones), le faltó juego en el centro del campo y contundencia atrás.

Y el Sevilla Atlético, el más infantil arriba que se recuerda por el Príncipe Felipe en años, se lo fue creyendo y empezó a molestar cada vez más. Y granito a granito, llegada sin peligro tras llegada sin peligro, pues empezó a preguntarse por qué no. Preguntarse, decimos, porque este equipo tan sólo había hecho cuatro goles a domicilio en todo lo que se llevaba de campeonato: uno en Arroyo en septiembre y tres en Algeciras el 10 de diciembre. Desde entonces, siete partidos a domicilio seguidos y cero goles celebrados.

Y entonces la cogió Juanje a la altura del banquillo de Marcos y empezó a avanzar y a sortear rivales. Rivales por decir algo, porque parecían esos amigos pelotas que siempre te están dando palmaditas en la espalda. El extremo sevillista se fue de uno, de otro, de otro más y del cuarto, y se plantó en el balcón del área. Ni se lo creía que hubiera sido tan fácil. Así es que no lo estropeó y metió en profundidad a Juan Muñoz, que cruzo en un mano a mano escorado ante la salida de Vargas. Quinto gol a domicilio de la temporada del Sevilla Atlético. Eso lo dice todo.

Eso y que el Cacereño apenas tuvo capacidad de reacción, ni con Raúl Medina sobre el césped. Salía de una lesión y fue más al choque y al suelo que algunos de sus compañeros juntos. Es cierto que falta gol y últimamente también juego y solidez, ¿pero hambre? Pues desde fuera lo parece. Y sin hambre alguna, colorín colorado...