Análisis

Brahim da ilusión al Madrid más esquelético de la década

Brahim Díaz, en una acción del partido ante el Getafe. /Javier Soriano (Afp)
Brahim Díaz, en una acción del partido ante el Getafe. / Javier Soriano (Afp)

El joven talento malagueño luce con Zidane en un equipo que va camino de firmar su peor Liga de los diez últimos años

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Igual que Santiago Solari encontró en Vinicius un rayo de esperanza para un Madrid anodino, Zinedine Zidane parece haber hallado en Brahim Díaz una luz con la que paliar la oscuridad de este insípido tramo final de campaña en el que los blancos están cada vez más lejos del subcampeonato. Titular por segunda vez a la vera del francés, con el que contabiliza 142 minutos frente a los 24 que le concedió el rosarino, el joven talento malagueño que reclutó la entidad de Chamartín en el último mercado invernal tras pagar 17 millones de euros al Manchester City aprovechó el partido ante el Getafe para dejar un puñado de detalles con los que pedir sitio en el remozado plantel del curso venidero.

Un gran pase a Benzema en el primer tiempo, una notable acción personal en el segundo nublada por su defectuosa definición, una ruleta seguida de caño a Arambarri que se ganó la admiración de la hinchada azulona y un control de espuela con sombrero a Cabrera fueron algunas de las perlas de un diamante que intentó nueve regates en el Coliseum Alfonso Pérez, cifra superada únicamente por los doce de Vinicius ante la Real Sociedad y los diez de la joya brasileña contra el Alavés. Un signo de valentía en un equipo que lleva toda la temporada caracterizándose por la actitud timorata de sus futbolistas a la hora de encarar. Brahim sigue los pasos del ex del Flamengo, que se ganó un hueco aportando el descaro, atrevimiento y desborde que les ha faltado a sus compañeros. A ello añadió el compromiso defensivo necesario para ayudar a su equipo a fajarse con un siempre rocoso Getafe, acostumbrado a asfixiar a sus rivales como le sucedió al ex 'citizen', que tuvo que retirarse acalambrado en el minuto 71.

Virtudes todas ellas que parecen haber conquistado a Zidane, un técnico con ojo para los jóvenes como demostró al sugerirle a Florentino Pérez que reclutase a Eden Hazard cuando el belga comenzaba a despuntar con 19 años en el Lille, que fichó a Raphael Varane con apenas 18 tras verle en el Lens y que hizo crecer al ahora estancado Marco Asensio cuando el balear terminó su año de cesión en el Espanyol. «Le gusta jugar y me gustan los jugadores que juegan. No tiene miedo, maneja las dos piernas, es rápido... Ha hecho un gran partido», aplaudió el galo, que escondió sus planes con el malagueño de cara a la siguiente temporada. «Ya veremos, como con Llorente y los demás», se limitó a indicar.

«Le gusta jugar y me gustan los jugadores que juegan. No tiene miedo, maneja las dos piernas, es rápido...»

«Le gusta jugar y me gustan los jugadores que juegan. No tiene miedo, maneja las dos piernas, es rápido...» Zinedine Zidane

La alusión al madrileño puede no ser baladí. Antes del duelo con el Leganés ya dejó entrever que la mejor opción para el hijo de Paco Llorente sería salir cedido en busca de los minutos que le permitieron deslumbrar hace tres temporadas en el Alavés. Ese podría ser el camino de Brahim, al que no le faltan pretendientes y para el que el Real Madrid podría buscar una fórmula similar a la que empleó con Asensio, una cesión con un mínimo de partidos estipulados para que siga progresando, aunque el malagueño, que aceptó la oferta del Madrid ante el poco espacio que veía en el City y la promesa que le hicieron en Chamartín de que tendría protagonismo, sigue soñando con afianzarse desde ya. «Intento demostrar lo que puedo dar y jugar en el mejor club del mundo muchos años. Hay que trabajar para poder meter goles y aportar al equipo asistencias y buen juego. Estoy muy agradecido con Zidane y estoy aprendiendo mucho con él. Este es un equipo con mucho talento y jugar aquí es un honor», dijo tras el encuentro frente al Getafe.

«Estoy muy agradecido con Zidane y estoy aprendiendo mucho con él. Este es un equipo con mucho talento y jugar aquí es un honor»

«Estoy muy agradecido con Zidane y estoy aprendiendo mucho con él. Este es un equipo con mucho talento y jugar aquí es un honor» Brahim

Caída libre

Brahim fue la nota positiva de un choque que dejó poco más a los blancos que la segunda portería a cero consecutiva, de nuevo con Keylor Navas bajo palos. El tico ha encajado seis goles en nueve partidos de Liga (0,66 por partido), frente a los 30 en 24 encuentros que cuenta Courtois (1,25 por jornada). A ello se agarró Zidane, que aún no sabe lo que es ganar lejos del Bernabéu desde que volvió (dos empates y una derrota) y que, pese a proclamarse «contento por el juego, la intención y la concentración» desplegada en el Coliseum, dio signos de decepción con el panorama actual. «Lo bueno es la portería a cero. El resto...», dijo lacónico el francés, que resaltó que los cambios –Asensio por Bale, Lucas Vázquez por Brahim y Kroos por Valverde- no aportaron «lo esperado».

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Zidane retornó para preparar el futuro, asumiendo mientras tanto un presente depresivo. A cuatro jornadas para el fin de su calvario, el Real Madrid suma 65 puntos, la tercera peor cifra a estas alturas en lo que va de siglo. Con el marsellés promedia 2 de cada 3. De mantener esa media, los blancos cerrarían la Liga con 74 puntos, la cifra más baja de la década. Aun haciendo pleno en los cuatro últimos partidos, sólo superaría el dato del curso pasado, cuando terminó tercero con 76. Y con el peor promedio goleador desde el curso 2006-2007, cuando al dictado de Fabio Capello terminó con 1,73 dianas por jornada, idéntica media a la que lleva ahora.

El galo ha situado el torneo de la regularidad como principal objetivo para la próxima campaña, alterando así las prioridades de un conjunto que ha fiado su suerte a Europa en el último lustro. El Barça se acerca a pasos agigantados en el palmarés, con nueve títulos y el décimo al caer en este siglo frente a los seis del Real Madrid, que ha perdido fuelle especialmente en la segunda etapa de Florentino Pérez como presidente, con dos únicos trofeos y 45 puntos menos que los amarrados por los azulgranas, cuando en las nueve temporadas anteriores los blancos habían levantado una Liga más que su acérrimo rival y sumado 32 puntos más.