El escorpión Simeone

Simeone, después de una rueda de prensa./
Simeone, después de una rueda de prensa.

El entrenador del Atlético de Madrid anticipa que no se sentará en el banquillo en Vallecas porque recibirá una sanción por agredir al cuarto árbitro en la Supercopa.

JAVIER BRAGADOMadrid

En la conocida fábula del escorpión y la rana el primero termina por aguijonear a su ayudante a pesar de que eso supone que ambos morirán ahogados al cruzar el río. «No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme», explica entonces el alacrán sobre su acción suicida. Simeone también es un escorpión. El técnico del Atlético de Madrid es volcánico y agresivo en su interior y trata de suavizar su imagen con traje y maneras atemperadas, pero cuando aumentan las pulsaciones no es capaz de conservar la tranquilidad que trata de mantener.

La naturaleza del porteño se volvió a revelar en la vuelta de la Supercopa de España. Enardecido por una decisión que consideró injusta se acercó al cuarto árbitro y le protestó de manera airada. Al comprobar que no lograba el efecto deseado se aceleró y le despachó un par de collejas que le supusieron la correspondiente expulsión. «Sabemos que cuando uno se equivoca es justo pagarlo y en ese sentido estamos esperando lo que haya que pagar», reconoció dos días después el argentino. Él, que durante su época de jugador dejó la huella de un futbolista violento con la imagen simbólica de su pisotón a Julen Guerrero, aguarda a su primer castigo severo como entrenador en España y argumentó una conspiración de los grandes equipos porque sólo ha visto tarjetas contra Barcelona, Real Madrid y Málaga. «Debe ser que algo raro veo, porque siempre es con ellos», lanzó al final de su aparente acto de contrición con el aguijón también en la lengua.

El líder del Atlético de Madrid ya recibió un aviso cuando le sancionó con un partido por un incidente en la final de la Liga de Campeones. Entonces, Simeone saltó al campo para responder a la presunta provocación de Varane cuando su equipo perdía en Lisboa. Aquella noche el escorpión tampoco pudo reprimirse.

Simeone mantiene su discurso fuera del campo pero no duda en emplear todos los argumentos que empleaba como jugador. Provocador en los puntos débiles del contrario, en Argentina mudó el banquillo visitante a la zona de los barra bravas locales en alguna ocasión, enseñó las artes bilardistas a sus pupilos y en España ha empleado su lengua como un ariete más desestabilizador, como cuando atacó la decisión de Ancelotti de no utilizar a Di María. En el campo, Romário le propinó un puñetazo en mitad de un partido de 1994 sin que ninguno de los dos explicara el origen del enfrentamiento por aquella ley canchera de no remover lo que ocurrió en el campo que todavía mantiene como entrenador.

«Es un tema terminado de parte de lo que pasó el otro día. Y reiterar y volver a hablar de lo mismo no es bueno. La gente que decide tendrá que tomar la resolución que crea más justa y ojalá que sea lo menor posible para el bien del equipo», señaló sobre el incidente de la Supercopa.

Sin embargo, el escorpión Simeone no puede borrar el acta redactada por David Fernández Borbalán, que señaló que el entrenador del Atlético golpeó con su mano abierta en dos oportunidades al cuarto árbitro después de ser expulsado y que presenció la segunda mitad en las gradas cuando está prohibido para cualquier expulsado. La sanción del juez único del Comité de Competición se conocerá este lunes y podría suponer hasta ocho partidos de suspensión. Simeone asume que no estará en el banquillo en la primera jornada de Liga contra el Rayo Vallecano y que será el segundo entrenador, el Mono Burgos, quien dirija al equipo. «Trataremos de buscar la mejor manera para comunicarnos, pero Germán tiene la capacidad, la confianza y me da la tranquilidad de que vemos el fútbol de la misma manera, así que ningún problema», afirmó.

Paradójicamente, su sucesor tampoco es un novato en situaciones similares. «Una vez expulsado persistió en sus protestas encarándose conmigo y teniendo que ser sujetado por varios integrantes del cuerpo técnico y jugadores de su club ante la actitud agresiva que mostraba hacia mi persona», escribió Delgado Ferreiro en el acta arbitral que supuso tres partidos de suspensión a Burgos en la pasada campaña.

Quince años antes había sido castigado cuando era portero del Mallorca con 11 partidos de sanción por dar un puñetazo a Serrano. Así que el escorpión Simeone no estará en el césped de Vallecas, pero quizás empiece una nueva fábula: la del mono.