La jota extremeña se baila en el 'Rossio' merengue

Julián, Pedro y Raúl, aficionados extremeños desplazados desde Siruela./
Julián, Pedro y Raúl, aficionados extremeños desplazados desde Siruela.

Los aficionados del Madrid de la región hacen valer su condición fronteriza y marcan su territorio Champions

JAVI PÉREZBadajoz

Los extremeños rememoraron su pasado más glorioso y se lanzaron a la conquista de Lisboa. Se hicieron notar y bien. Desde Siruela, Plasencia, Hervás, Jaraíz y Cáceres pasando por Badajoz, Barcarrota, Villanueva de la Serena, Novelda, Zafra, Mérida, Guareña, Oliva de la Frontera, Calamonte o Don Benito. Ningún rincón de la región se quedó sin explorar la zona Champions. Por un día Lisboa rompe la dualidad extremeña de Cáceres y Badajoz. Miles de aficionados de la región borraron La Raya. Sin fronteras. La colonia extremeña tomó posesión de la capital lusa y la hizo suya.

Los madridistas inundaron la Praça do Rossio. Desde bien temprano sonaba una música de ambiente que a medida que pasaban las horas se escuchaba menos ante la ensordecedora sinfonía de aficionados merengues. Algunos cánticos con sorna como ese de cómo no te voy a querer si fuiste campeón de Europa por novena vez y que terminaba con un cordial e irónico grito de Atleti. Y es que por primera vez en la historia dos equipos de la misma ciudad disputaban una final de la Copa de Europa, la mejor publicidad posible para vender Madrid en todo el Viejo Continente e incluso del mundo. También para proyectar Extremadura. Por eso, seguidores rojiblancos pasaban sin problemas por el cuartel general blanco camino de Marquês de Pombal.. Qué ambiente tan bonito. Aficionados del Atleti y del Madrid juntos sin ningún problema. Me encanta, resaltaba Paco Macías, de Barcarrota.

La final ibérica tuvo un marcado acento extremeño. No podía ser de otra manera con la región como puerta de entrada a Lisboa. A pesar del masivo peregrinaje de aficionados no hubo excesivos contratiempos en la entrada a la capital lusa. A primera hora el tráfico era fluido y de los peajes se salía con agilidad. El viaje ha sido tranquilo. La verdad es que me esperaba que iba a ser peor. Me ha sorprendido. Igual que pensaba que no se iba a caber, pero no hay tanta gente como se temía, reconocía Paco Macías al frente de la expedición barcarroteña, entre las que se encontraban una animada Isa, que se lo pasó en grande, y Raúl. Sin AVE, pero en Lisboa.

Ya en Lisboa, la mayoría de extremeños optaron por el puente Vasco de Gama y estacionar por el Parque de las Naciones. Los primeros en ir llegando fueron los pacenses. Una comitiva del CD Badajoz 1905 esperaba en el metro. Este grupo liderado por Valdemar, director del fútbol base blanquinegro, se dirigía a la Praça do Rossio. No podía tener mejor guía posible porque como lisboeta jugaba en casa. Los directivos Fran Leal y Julio Báez también formaban parte de los viajeros. Como la pacense Maria Ángeles que animó a los suyos a corear Badajoz, Badajoz y Ale, Extremadura, ale. Ale, ale, ale, ale Extremadura, ale. Fran Leal comentaba que la idea era ir a la Fan Zone y después desplazarse otra vez en metro a recibir a los jugadores a la llegada al estadio Da Luz. Después de la fiesta del Rossio iremos al estadio para esperar al autobús del equipo, señalaba.

La Praça do Rossio se convirtió en una auténtica romería. Neveras, carritos cargados de provisiones y bebidas, sobre todo bebidas. Jamón y queso extremeños no faltaron en la Peña de Calamonte una vez instalados. Tampoco se lo montaron mal los de Barcarrota ni los cacereños. Los bocadillos, de jamón ibérico, por supuesto. Pero nada de traje corto, fajín y botín campero. El atuendo principal de este particular camino al Rossio requería de vestuario repleto de bufandas, banderas y camisetas blancas. Otro requisito imprescindible eran las bufandas y gorros de bufón típicos de Champions. Allí estaban Pedro, Raúl y Julián, que se pegaron una paliza de viaje desde Siruela, con bandera extremeña para rematar el traje de faena. La primera preocupación nada más asomar por la - eran las pantallas. Hay pantalla, se decían unos a otros. Nosotros queremos ver el fútbol por las pantallas gigantes, pero no sabemos si retransmitirán el partido, apuntaba Julián. Dicen que no va a haber pantallas, pero algo tendrán que hacer porque de lo contrario será peor. Así, al menos tienen a las aficiones separadas y controladas en un mismo sitio. De lo contrario sería peor al tenerles descontrolados por toda la ciudad, sostenía Valdemar. El responsable del fútbol base del CD Badajoz explicaba que como plan B tenían previsto volverse a media tarde a la zona de la Expo para seguir la final más tranquilos en un bar. No hizo falta porque sobre las seis de la tarde, por megafonía en la carpa del Rossio anunciaron que la final se podría seguir en las Fan Zone a través de las pantallas gigantes. Menuda algarabía.

En la Praça Restauradores se vivió el momento culmen con la salida al escenario de Gento -seis Copas de Europa, casi nada-, Amancio, Mijatovic -el héroe de la ansiada séptima- y Raúl, especialmente con Raúl. El eterno capitán blanco cogió el micrófono y la plaza se vino abajo. Explosión de júbilo. Éxtasis de madridismo. Piel de gallina. Primer aliento hacia la décima. Nadie tan mediático para movilizar a las masas, símbolo del Real Madrid. ¿Sabéis por qué la Copa de Europa es especial para el Madrid?, preguntaba el legendario 7 merengue justo delante de un grupo de seguidores de Valdivia con los colores verde, blanco y negro al viento. Porque nadie tiene 9, respondía en medio de un estruendo coro gritando su nombre.

Jorge y Cristian, de Valverde de Leganés, lamentaban haberse perdido ese momento tan emotivo y se tuvieron que conformar con haber visto a los internacionales portugueses Jardel y Dani en la puerta del hotel del Madrid.

En Restauradores estaba la murga Los Chungos de Badajoz. Se animaron con una coplilla y Dani era la envidia de sus amigos. Soy el del medio de Los Chungos de toda la vida, se presentaba. Pero este día era especial porque Dani se encontraba entre uno de los pocos privilegiados con el tesoro más preciado en Lisboa, una entrada. También una peña de Zafra que no paró de bailar y cantar.

A medida que se acercaba la gran cita, el ambiente subía de decibelios. Cada vez más gente en el Rossio. La fiesta se desbordaba. De momento todo era alegría y en gran sintonía. De la romería se pasó a la verbena. Baile, música y rienda suelta a la felicidad. Se notaba el cosquilleo de la proximidad de la final ibérica. Extremadura es de Champions.