De Madrid... ¿al cielo de Lisboa?

De Madrid... ¿al cielo de Lisboa?

Real y Atlético aspiran a una final madrileña tras quedar emparejados contra Bayern y Chelsea, respectivamente

MIGUEL SESÉ

El Real Madrid se enfrentará a sus fantasmas con claro ánimo de revancha, mientras que el Atlético de Madrid jugará contra el equipo de Fernando Torres y que es propietario de su alabado portero. Bayern de Múnich y Chelsea son los últimos obstáculos en un camino que puede conducir hacia Lisboa de una forma única en la historia, y es que jamás dos equipos de la misma ciudad han jugado entre sí una final de la Copa de Europa, ahora Liga de Campeones.

La primera bola en salir fue la del Real Madrid, mal presagio inicial que obligaba a jugar a los blancos la vuelta a domicilio. Butragueño tragaba saliva mientras Figo abría el segundo recipiente. El nombre del Bayern de Múnich retumbó en la sala seguido del habitual murmullo que dejan las balas al pasar. Un disparo directo a la moral blanca. El verdugo de 2012 comandado por Pep Guardiola, el hombre que sólo ha perdido en dos de las quince ocasiones que se ha enfrentado a los buscadores de la décima.

Para colmo, otra vez Alemania, lugar del que se despejaron las tinieblas con ayuda del Schalke y en el que contragolpearon después disfrazados del amarillo chillón de Dortmund. No hay Lewandowskis, pero los Robben, Ribéry, Kroos, Schweinsteiger, Mandzukic, Neuer y compañía se relamen con la posibilidad de ser el primer equipo en la era Champions capaz de revalidar el título, amén de tener la liga conquistada desde hace ya tres semanas. Ancelotti, en rueda de prensa, fue el primero en tratar de tranquilizar a la afición, que ve en el rival y en las dudas sobre si Cristiano llegará a tiempo un enemigo difícilmente sorteable. Mientras el luso busca en su país segundas opiniones al diagnóstico pesimista, el italiano expresaba que «jugar la vuelta fuera no será determinante». «El Bayern es favorito, pero no es fácil jugar contra el Madrid», dijo. La experiencia vivida en el Westfallen pone en alerta de nuevo al cuadro merengue, que buscará conseguir algo de ventaja en Chamartín y disfrazarse de lobo con piel de cordero en el Allianz, algo que le permitiría algún retoque defensivo en la alineación.

Recuerdos de 1974

La posible reválida del Bayern no es el único episodio histórico visible en los respectivos horizontes. El Real Madrid busca una final inédita, contra los vecinos o contra el exinquilino de su banquillo, pero no lo hace solo. El Atlético recibe a José Mourinho con la mente puesta en eliminar al Chelsea y disputar una final que tendría para los rojiblancos un significado enorme sea quien sea su rival. Si son los blancos, por lo obvio y por buscar el cetro continental. Pero es que si el rival es el Bayern emergen inmediatamente en la memoria 1974 y Luis Aragonés. Porque si algo tiene el fútbol es el estado de eterna revancha en el que vive. Un sentimiento ha ido creciendo en la parroquia del Manzanares, que vive feliz desde que Simeone se hiciera cargo del equipo.

Lejos de ser una quimera, avanzar a los cuartos se vio como un primer paso para algo grande, y eliminar al Barcelona ha reforzado las previsiones de los más optimistas. Schwarzenbeck y el minuto 120 de Heysel pueden tener su réplica 40 años después. No es un sueño; es una posibilidad muy real. Claro, que para ello los rojiblancos tendrán que deshacerse de los ingleses. Y si se habla de leyes de Talión, ellos también quieren el ojo del Atlético después de que Falcao los destrozase en la Supercopa de Europa, con Courtois en la portería. El guardameta será el caballo de batalla hasta el partido. Los constantes rumores sobre un posible acuerdo privado fueron despejados por Ron Gourlay, director ejecutivo blue, que matizó que el arquero «podrá jugar los dos partidos». Lo que no explican es cuánto afectará eso a su futuro. Con o sin el belga, Real y Atlético buscan el cielo de Lisboa, y lo hacen juntos... pero por separado.