La insustituible María Neira mantiene en vilo al Santa Teresa

María Neira, durante el entrenamiento de ayer en El Vivero. :: pakopí/
María Neira, durante el entrenamiento de ayer en El Vivero. :: pakopí

Una sobrecarga muscular ha hecho saltar las alarmas ante la posible ausencia de una jugadora que tras cinco años es un pilar básico en la defensa y en el vestuario

MANUEL Gª GARRIDO

Llegó a Badajoz siendo apenas una niña con 17 años. «¿Qué hago aquí?», recelaba fruto de esa mezcla de temor e incertidumbre aparejada a los cambios. Era la primera vez que María Neira (31/07/1996) salía de su tierra, Salamanca; nació en Alcalá de Henares, «pero me siento salmantina, porque me fui a vivir allí a los dos años».

Era la pretemporada del curso 2014-15 y acudía a su primer entrenamiento en La Granadilla. «¡Madre mía, dónde me he metido!», pensó nada más aterrizar. Allí la esperaban sus compañeras, ansiosas por contribuir a que se integrara rápidamente: «'Acha, María, vente pa acá, que queremos conocerte', me gritaron desde lejos con su acento». Una sonrisa serpentea sus pensamientos y desemboca en una carcajada tras evocar recuerdos entrañables. «La realidad es que me acogieron muy bien y en dos semanas ya me sentía una más».

Se han cumplido cinco años y aquella adolescente «pardilla a la que vacilaban» se ha convertido en una de las líderes del vestuario del Liberbank Santa Teresa. Ha sido parte activa de la época dorada del conjunto pacense y ha crecido siendo un miembro más de «esta familia». Imprescindible dentro y fuera del campo, el pasado domingo todas las alarmas se encendieron cuando su pierna se declaró en rebeldía.

«Espero estar dando guerra el domingo, aunque es pronto para saber si podré jugar»

El Santa trataba de sacudirse la presión del Tacón, más entero, y, en esos instantes, la línea defensiva local sufrió un colapso con la sobrecarga de María Neira. Rígida por el dolor, salió del campo en brazos de miembros del cuerpo técnico. Incapaz de andar, las caras en el banquillo eran un poema: «Temíamos antes del encuentro que no podría acabarlo», reconocía el técnico Juan Carlos Antúnez en su comparecencia posterior al duelo de la ida.

Pero tenía que estar sí o sí. Era innegociable. «No es momento de guardarse nada», ha comentado el preparador pacense hasta al saciedad. Estuvo entre algodones en los entrenamientos previos por unas molestias, pero prescindir de ella obligaba a reconvertir a una compañera para ocupar su posición. Y no solo eso, sin María Neira en el césped perdían disciplina táctica, velocidad, anticipación, potencia y pausa en la zaga. Casi nada. El lateral izquierdo es una de las posiciones que no están dobladas y eso ha impedido que goce de mayor descanso, llegando más mermada físicamente al tramo definitivo.

El nivel de exigencia ha sido superlativo hasta la última jornada y «la tralla que llevamos tenía que pasar factura en algún momento, aunque da rabia que sea justo ahora». El acecho del Granada hasta el último suspiro «nos ha obligado a dar el máximo de nosotras en cada choque y las que tenemos más minutos lo notamos», relata. Pasado el susto, los pronósticos no son tan desalentadores. «El músculo dijo hasta aquí, pero parece que se va a quedar en un susto. Espero estar dando guerra el domingo, aunque es pronto para saber si podré jugar».

Sobre la ventaja de la ida, es rotunda: «En el minuto 80 firmaba el 0-0». Reconoce que tuvieron más opciones en la primera parte, pero tras la reanudación, las pacenses pasaron apuros y nada hacía presagiar el premio del gol de Belén. «La portería a cero en casa es lo mejor que puedes obtener», recalcaba ayer.

En la vuelta, este domingo, en el estadio García de la Mata (Madrid), a las 12.00 horas, será el desenlace. Con una plantilla corta y joven, el Santa Teresa tendrá que gestionar muy bien los esfuerzos y jugar con la renta, aunque la futbolista castellanoleonesa admite que la consigna no es encerrarse atrás. «Lo importante es marcar. Ellas tienen potencial para hacernos un gol en cualquier momento, pero si nos ponemos 0-1 las obligamos a meter tres». Mismo guion que con Osasuna en las semifinales. Las madrileñas comparten intensidad y poderío físico con las navarras, pero cuentan con un punto más en el apartado técnico con jugadoras como Gema Prieto.

Una afición de Primera

No estarán solas. Autobús lleno y gran afluencia pacense en Madrid. «Cuando lo vi el miércoles no me lo creía. ¡Lo pusieron el lunes y en dos días está completo! Tenemos una afición de Primera». Otro síntoma de evolución del fútbol femenino, en el que cada vez es menos excepcional ver hinchadas de los dos equipos compartiendo grada. «Algo estaremos haciendo bien para que la gente vaya a vernos. Ojalá sigamos creciendo». Ese apoyo y la unión en el vestuario son las piedras angulares de un equipo en el que veteranas y canteranas han logrado un equilibrio casi perfecto. «El entrenador ha podido rotar porque están preparadas para tener un papel importante».

Cuando se pregunta por su momento más feliz a una integrante de la plantilla que mantuvo cuatro años al Santa en la élite, se suele intuir la respuesta. Pero en el caso de María Neira no es la victoria ante el Barcelona en la Liga Iberdrola: «Ha sido ganar el título este año. Ser campeonas de Segunda no es algo que consigan muchos equipos después de descender». La derrota (4-0) ante el Fundación Albacete que mandaba a las pacenses a la categoría de plata es, por contra, el trago más amargo sin ninguna duda.

María cursa quinto de Medicina en la Universidad de Extremadura. «'¿Cómo lo haces para compatibilizarlo', me pregunta mucha gente». Admite que no es tarea sencilla y que el tramo final de la pasada campaña fue duro en ese sentido. «Eran los exámenes finales y no tenía la cabeza donde debía estar, pensando en si bajaríamos, si nos salvaríamos. Se me juntó todo, pero al final lo saqué». El playoff ha alargado la temporada y la frontera entre el apartado deportivo y el académico se estrecha: «Me agobiaré a partir del lunes», comenta con resignación.

Se pierde muchas fiestas universitarias y cenas con los amigos, pero es una cuestión de prioridades. «Tienes que valorar qué te gusta más; yo elegí dedicarme al fútbol y no me arrepiento».

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