La afición amortigua una caída que convierte en traspié

Orgullo en la afición. :: j. v. a./
Orgullo en la afición. :: j. v. a.

Cánticos, abrazos, alabanzas... para despedir a unas jugadoras rotas por el dolor y el esfuerzo, pero rendidas a su gente

M. Gª GARRIDO BADAJOZ.

Mireya rota, Marta Parralejo deambulando arrastrando los pies, Mireya desmoronada, Estefa desconsolada, y todas bañadas en un mar de lágrimas difíciles de enjugar. La fotografía era tan amarga como comprensible tras el desenlace. Ahí apareció rauda la figura de Juan Carlos Antúnez que, más que en entrenador, se erigió en un padre. Para muchas de ellas prácticamente lo es porque han crecido deportiva y personalmente con él.

Visiblemente emocionado, pero sosegado por la moderación que aporta la experiencia, le tocó hacer de tripas corazón para formular palabras de aliento a las suyas. «No les suelo hablar tras los partidos, pero hoy era necesario», relataba a pie de campo. Pablo Ritoré, vicepresidente, permanecía absorto y meditabundo asistiendo a la celebración del Tacón, cariacontecido, pero sereno. Podían haber sido ellas quienes festejaran, pensaría en ese momento, y durante 140 minutos de la final así fue.

Ojos vidriosos y compungidos, labios temblorosos, brazos caídos. No había consuelo. Era el desfile con tintes fúnebres que se percibía en la salida del túnel de vestuarios. No era para menos. Allí se fusionaban los abrazos interminables, hombros que refugiaban mentes atribuladas y manos tendidas para amortiguar la caída. «Te vamos a hacer una tarta de todos modos», le espetaba una allegada a Estefa. La hiel de la derrota les impedía ver más allá de la neblina turbia del anhelo frustrado. Pero el orgullo que destilaba la hinchada era desmesurado. Tambor en mano y bufandas al viento, iban coreando los nombres de las futbolistas. A María Neira conseguían arrancarle una inevitable sonrisa que parecía un manantial en pleno desierto de desolación. A la llegada a Badajoz, allí esperaba el alma del Santa Teresa para brindar la última calurosa ovación. Volverán.