Sueño en La Data, realidad en el Multiusos

Roberto Blanco, en la entrevista en la que se sincera tras asumir las riendas del Cáceres. :: ARMANDO MÉNDEZ/
Roberto Blanco, en la entrevista en la que se sincera tras asumir las riendas del Cáceres. :: ARMANDO MÉNDEZ

Roberto Blanco narra ilusionado cómo ha sido su recorrido hasta convertirse en el primer entrenador del Cáceres

MARÍA CORRAL CÁCERES.

En la vida hay historias que se cuentan solas. Relatos que no precisan de cuadernos pautados que guíen la entrevista, sino de esos en los que nada más se requiere poner la grabadora en funcionamiento. Y dejarse llevar. Perderse por un entramado que te teletransporta directamente a la piel del protagonista hasta sentir sus vivencias como propias. Una de las figuras que consigue cautivar de lleno al que escucha es Roberto Blanco, quien fuera nombrado nuevo entrenador del Cáceres Patrimonio de la Humanidad el pasado domingo y cuya historia no necesita otra carta de presentación que no sea la suya.

«Crecí en un mundo de baloncesto. Levantándome cada domingo para acudir al Pabellón de La Data de la mano de mi padre», son las palabras que Roberto Blanco Claro (Plasencia, 27 de febrero de 1976) elige para contar cómo empezó su pasión por el parqué y la canasta. Y es que todos sus recuerdos están ligados a un deporte que, casi sin querer, ha marcado su destino.

El principal responsable de ello fue su progenitor, Teodoro Blanco González, alias 'Teddy'. Pionero del baloncesto placentino como jugador y entrenador, Teddy Blanco inculcó a su vástago el amor por una disciplina de la que ha hecho su estilo de vida. Precisamente al rememorar a su padre (fallecido hace año y medio), es cuando el cariz de su testimonio cobra mayor sensibilidad. Emocionado, Roberto Blanco cuenta cómo encaminó su rumbo hacia la dirección en los banquillos: «Con diecinueve años, mientras jugaba en el CB Ambroz, me surgió la oportunidad de entrenar a un grupo de chicas alevines en el Colegio Miralvalle. Llegó el momento de decidir y lo tuve claro. Lo mío era ser técnico».

«Crecí en un mundo de baloncesto. Me levantaba cada domingo para acudir al Pabellón de La Data de la mano de mi padre»

Mientras se encontraba en Málaga ultimando el curso de entrenador superior y militando de manera no profesional en Primera Nacional, este campechano placentino recibió una llamada proveniente de Cáceres. «Me querían para jugar, pero dije que no. Curiosamente, al día siguiente se volvieron a poner en contacto conmigo para ofrecerme entrenar a los cadetes del San Antonio. La segunda propuesta me sedujo más y ni me lo pensé», narra satisfecho por los pasos recorridos hasta ahora.

Tras varias idas y venidas entre Cáceres y Plasencia, finalmente se asentó en la capital de provincia y se involucró al cien por cien con la cantera del club verdinegro. Debido a su labor, se le brindó la oportunidad de comandar el filial de Liga EBA y, tras el cese del que ha sido su profesor en los últimos años, fue el elegido para hacerse cargo del primer equipo. Posibilidad que llega, quizás, en el momento más amargo: «La situación era difícil, pero no es una noticia esperada ni deseada. Después de tantos años, uno no quiere que echen a un compañero y amigo». Al mismo tiempo, confiesa que pese al mal trago, son gajes del oficio. «Al final somos entrenadores y en esta profesión estamos expuestos a que este tipo de cosas pasen».

«No es una noticia esperada ni deseada. Después de tantos años, uno no quiere que echen a un compañero y amigo»

Pese al 'marrón' que se le viene encima al haberse echado a la espalda un grupo de jugadores al borde del abismo, Roberto Blanco derrocha ilusión. Lo delatan sus palabras, pero también sus ojos vidriosos o su sonrisa de oreja a oreja. Como cualquier debutante que acaba de cumplir el sueño que tenía desde niño, el nuevo 'míster' del Cáceres no se achanta y no le teme al salto de categoría. «Es cierto que hay progresiones ideales, pero conozco muy bien la LEB Oro, a mis jugadores y a los rivales. Creo que tengo conocimientos adecuados para sacar el equipo adelante y salvarlo». Como clave para lograrlo, explica que mantener la personalidad será fundamental. Junto a ella, deberán ir el positivismo y la energía.

Estos son precisamente algunos de los rasgos que describen su filosofía, una forma de entender el baloncesto a través de los cinco sentidos. Apasionado de los deportes colectivos y hombre de familia, como entrenador se define así: «Soy una persona que lo vive. Exigente e intensa en la pista, pero justa. Que ve una oportunidad en cada uno de sus jugadores».

Admirador confeso de figuras de la talla de Zeljko Obradovic, Roberto Blanco ha sido alumno de Gustavo Aranzana, Iván Déniz y Ñete Bohigas. Aunque a todos ellos agradece haberlo convertido en «un Teddy más», cataloga como su principal mentor a Carlos Frade, quien le confió su mano derecha en los banquillos del Cáceres en la temporada 2012/2013.

Todos esos entrenadores en los que en su día se fijó para forjar su camino ya han escrito su leyenda. Ahora le toca a Roberto Blanco, con palabras y gestos, sin grabadora ni cuadernos, seguir narrando la historia de aquel niño que, sin saberlo, inició su trayectoria yendo, cada domingo, de la mano de su padre.

 

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